Surcos de Vida y Color
En nuestra
cultura han existido mujeres de enorme talento y
fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas
no han sido la excepción y entre ellas siempre
brillará la pintura de Frida Kahlo como también
la de María Izquierdo o Cordelia Urueta.
Y en esa tradición, la de mujeres mexicanas que
decidieron pintar, inscribo mi compromiso
existencial y creativo.
A través de estas líneas anhelo compartir con
ustedes mis sueños e inquietudes humanas como
pintora.
En ocasiones pudiera parecer que busco la
aceptación de coleccionistas y también de
críticos de arte y que comenten de manera
positiva la obra y tal vez hasta la elogien. Pero
para mí representa una necesidad, el afán de
comunicar mis más profundos sentimientos;
transmitirles las formas y sensaciones de las
realidades que percibimos. Nunca se me ha
ocurrido pensar, mientras deslizo el pincel y
cristalizo uno más de mis sueños, en el valor
material que pudieran alcanzar esos lienzos en
los que vierto mi alma. Tampoco pienso en el
aplauso, pues mi conciencia está abstraída cuando
mi espíritu se eleva. Les convoco entonces a que
se asomen a mis universos, vean cómo brotan mis
emociones y sentimientos, y compartan conmigo la
alegría de un alma que vibra y se expresa
alentada, alentada si por el amor, el arte y el
humanismo. Acompáñenme en este tránsito, conozcan
mis pinturas, y sigan compartiendo los espacios
que me regala el Universo para acomodar mis
manzanas, ese que llaman, fruto prohibido, pero
que finalmente es bendito.
Por eso la búsqueda de nuevos métodos, texturas y
técnicas es infinita aunque de alguna manera
siempre volvemos a nuestros orígenes, describimos
un círculo existencial y a veces hasta una
elipse: el eterno retorno al que alude Borges.
A la manzana permanente, a la tradicional,
siempre añado el resultado de una indagación
dentro de mí misma. Representa una alusión a las
grandes transformaciones de las escuelas
tradicionales; un afán de interpretarlas e
innovar cuando las sigo y quizá correspondan al
espíritu indómito del creador que desea hundir su
huella en la tierra.
Ahora, la legendaria fruta se fue a implantar a
nuevas texturas: láminas viejas, oxidadas,
carcomidas, restos de estufas y de tinas,
vestigios de lavadoras y anafres, que quieren con
generosidad rescatarlas de su fin y llevarlas al
mundo de lo eterno. Asombrosas texturas con la
pátina del tiempo, que acunan a la manzana
otorgándole fondos insospechados, ya como
fantasmas, ya como bosques ocres y otoñales. A
veces parece perdida, algunas ocasiones ilumina
la oscuridad, otras se ensombrece, pero siempre
refulge, como también se adhiera a texturas
abstractas, donde casi es inadvertida. En fin la
he pintado de mil formas, de mil colores; la
interpreto por dentro y por fuera. También la
metamorfoseo: la convierto en pescado o
serpiente, en mariposa, en caracol... La veo
blanca, como símbolo de inocencia; también
dorada, plateada, cobriza... A veces la coloco en
una barda, en la cama, en el vano de la ventana,
en el filo de una mesa... En ocasiones proyecta
la forma de una espada o la sombra de una mano.
También la aprisiono con cadenas o las obligo a
volar como ave; en fin adquiere rostros
múltiples.
Por esas razones todas las mañanas tomo mis
pinceles y emprendo el esbozo de una manzana: la
que fascinó a Eva, la que perdió a Atlanta, la
que hipnotizó a Cezanne, la que en este momento
se está gestando en un arbol... Una más y saber
que antes de hacerlo esa manzana puede ser todas
las manzanas. Adivinar, de pronto, que ya pintada
el misterio subsiste, lo sé bien.
Por ello cada vez que me siento frente a un
lienzo, lo hago con paciencia, esfuerzo y pasión.
Considero que existir es una inacabada tarea
cotidiana. Así, pienso en mi pueblo lleno de
energía; en la existencia de los niños que me
miran con sus ojos, que canta en la risa de las
mujeres y se construye en las manos de los seres
que siembran frutos y soles porque tenemos la
conciencia que el arte existe como punto de
encuentro, apuntala la vida, refuerza el amor a
la patria, puesto que en él se afirma y se
acrecienta el respeto ala libertad, a la
soberanía, a la verdad. El arte promueve todos
los valores en nuestra sociedad y contribuye al
noble propósito de sensibilizar el alma humana,
la principal forma, sin duda, de construir la
gestación del hombre pleno, sensible que todos
deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el
futuro. También el arte tiene la finalidad de
buscar luz en las sombras de la vida. Buscarla y
dar con ella ha constituido la máxima dicha; en
esos instantes confirmo la existencia de Seres de
Luz. Desde mi experiencia, les confieso que
despierta, dormida, o en duermevela he vivido,
vivo, viviré hasta el último momento de mi
existencia; para así intentar cumplir con el
rumbo que me han marcado mis estrellas.
A través de estas cálidas lineas les ofrezco un
cálido testimonio de agradecimiento
por reconocer y apoyar mi trabajo en esta larga
pero maravillosa travesía existencial.