Encuentro Nacional de Artistas y Creadores
Martha Chapa
29 de agosto
Tal
como ocurre en otras entidades del país, en Chihuahua
la vida está siendo afectada por las cruentas
acciones de los cárteles del narcotráfico en sus
disputas y revanchas con bandas rivales o en el
ajuste de cuentas con las autoridades estatales y
federales.
Al respecto, debe reconocerse que en el ámbito del
gobierno federal se está dando una decidida y
vigorosa lucha contra la delincuencia.
Por fortuna, estos embates de grupos criminales no
han paralizado la actividad productiva de todos los
días, de modo que el desarrollo industrial,
comercial, agropecuario y de servicios continúan su
marcha.
Dentro de esta gran actividad que se despliega cada
día, la cultura también ha recibido un especial
impulso. Un hecho que celebramos no sólo quienes
pertenecemos a la comunidad artística e intelectual,
sino la ciudadanía chihuahuense en general, es la
posibilidad de disponer de múltiples espacios para el
disfrute de los bienes y servicios culturales.
A propósito de este ámbito, en días próximos se
estará realizando en la capital y varios municipios
del estado el ya importante y prestigioso Festival
Internacional.
A la vez, recientemente se efectuó –del 27 al 29 de
agosto– el Encuentro Nacional de Artistas y Creadores
auspiciado por la Dirección de Cultura del Municipio
de Chihuahua. Ahí se abordaron temas de suma
relevancia y actualidad, en torno a los cuales se
registró la participación de casi 50 creadores y
promotores de la cultura.
En las mesas de discusión ahí celebradas se trataron
infinidad de temas, todos de interés para los
asistentes. Lo mismo los derechos de autor en el
ámbito nacional e internacional, que danza, ópera,
crítica de arte, dimensión de los espacios, al igual
que cine, fotografía, literatura y crítica literaria,
música, teatro, pintura y escultura, entre otros
aspectos que afectan a los espacios de la cultura.
Me correspondió intervenir en la reflexión sobre la
creación de empresas culturales dentro del campo de
las artes plásticas; un tema tan actual como
interesante.
A lo largo de la reunión se fueron intercalando
diversos números artísticos como “Historias y
leyendas de Chihuahua”, que abarcaron etapas
fundamentales (Independencia, Reforma y Revolución);
un recital del magnífico Coro del Conservatorio de
Música, conformado por más de 100 integrantes; el
Grupo Latinoamérica, que se abocó a los ritmos
tradicionales, así como un memorable concierto de la
Orquesta de Cámara del Conservatorio de Música, que
ya cumplió 20 años de vida.
Desde luego, en estas conferencias se abrió un
espacio importante para propiciar la participación
del público, que fue numeroso y predominantemente
joven, lo cual resulto tranquilizante y alentador,
pues, sin duda, lo que más nos hace falta es ampliar
las audiencias culturales, bien sea para la lectura,
los conciertos o las exposiciones.
La reunió terminó por constituir un intercambio
fructífero y trascendente, pues las conclusiones de
este encuentro derivarán con toda seguridad en nuevas
políticas públicas, programas y apoyos que con
seguridad se pondrán en marcha en el corto y mediano
plazo.
No cabe duda que, pese a todo, Chihuahua está de pie
y trabajando duro en todos los frentes, incluida –en
un lugar relevante– la cultura, que aquí ocupa un
lugar sustancial. Con ello se constata que conforma
un rubro indispensable gracias a los elevados
beneficios que aporta, tanto en el desarrollo
individual como en lo relativo a la cohesión y
armonía social.
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Un hasta aquí
Martha Chapa
22 de agosto de 2008
La
indignación social no ha dejado de crecer desde que
hace cuatro años se realizó aquella gran marcha de la
sociedad civil contra la violencia y la inseguridad
publica. En aquel entonces el país era gobernado por
Vicente Fox y a la cabeza de la ciudad estaba todavía
Andrés Manuel López Obrador, quien por cierto, de
manera torpe y miope se burló de las justas
inquietudes de los manifestantes y los acusó de estar
manipulados por la derecha para atacarlo
políticamente.
Pese a lo multitudinario de aquella protesta y aun
cuando han pasado ya más de cuatro años, sigue sin
haber soluciones. Más aún, el problema se ha
agravado, sobre todo en el rubro de los secuestros.
Basta con mencionar el caso reciente tan indignante y
estrujante del niño Fernando Martí, que culminó con
su asesinato luego de sucesos que evidenciaron una
vez más la criminal complicidad de policías con
delincuentes, la ineptitud de los cuerpos de
seguridad publica (policías preventiva y judicial del
DF), así como la aberrante impunidad, que ya son
constantes.
Por eso, de nueva cuenta diversas organizaciones de
la propia sociedad civil se expresaron para hacer
notar que tristemente los acuerdos que llegaron a
establecerse como derivación de su protesta masiva
realizada a fines de julio del 2004 están incumplidos
en lo esencial y los índices delincuenciales suben
sin que nadie sepa cómo ponerles un límite.
Desde luego, debemos asistir el próximo 30 de agosto
a la nueva gran marcha a la que nos están convocando
para exigir, con justa razón, un alto a la violencia.
Pero ahora debemos hacerlo con mayor brío y sentido
crítico frente a los pobres resultados de la
administración actual en su tarea de procurar la
seguridad de los mexicanos.
Se trata hoy de ir a más; es decir, comprometiéndonos
a participar y dar continuidad al cumplimiento de los
nuevos acuerdos y las acciones que se adopten en
común con las autoridades, pues se trata de un
problema muy grave que amerita la vigilancia
generalizada bajo un esquema de corresponsabilidad.
Sin embargo, será fundamental que tengamos muy
presentes una serie de datos y hechos del pasado
reciente y rechacemos populismos y demagogias que se
caen por su propio peso. Es el caso de lo que ocurre
con Marcelo Ebrad, quien desde que era secretario de
Seguridad Publica de la pasada administración hizo
diversos anuncios sobre cambios internos en esa
dependencia, con énfasis en el fomento de la
inteligencia policiaca, mejorar el armamento y otra
serie de grandes promesas que jamás se cumplieron,
como lo demuestra la realidad que con tanta facilidad
hemos constatado en los años subsiguientes y los días
que corren.
Ahora resulta que otra vez se anuncia la
reestructuración de la policía en la capital y se
reciclan las propuestas y decisiones que tenían que
haberse aplicado en su momento y que al incumplirse
evidencian terribles rezagos.
Tal negligencia e incapacidad se extienden tanto al
plano federal como a diversas entidades federativas,
donde los gobernantes no han sido capaces de detener
las ofensivas del crimen y la delincuencia De forma
similar a lo que ocurre en la ciudad capital, nos
vienen ofreciendo desde hace casi una década que
ahora sí se va combatir a fondo la delincuencia para
frenar y hasta revertir estas estadísticas, en las
que muy claro queda que van ganando la corrupción, la
impreparación, la insuficiencia de recursos, la
anacronía legislativa y la descomposición en el poder
judicial. En fin, todo un conjunto de carencias e
ineptitudes que tienen a la ciudadanía contra la
pared.
No se trata tampoco de deshacernos en lamentaciones
ni de evadir compromisos. Por lo contrario, hay que
luchar unidos y, si fuera el caso, aceptar sin
conceder pero deslindando con justeza la obligación
que tienen los gobernantes de dar seguridad a los
ciudadanos, como un fundamento básico de cualquier
Estado que se precie de serlo.
Y debemos desde ahora considerar también que nuestros
representantes populares están obligados a preparar y
aprobar en el plazo más inmediato un marco legal que
agregue la facultad ciudadana de destituir al
funcionario que no cumpla con sus obligaciones, sin
importar cuál sea su nivel administrativo. Esto
incluiría lo mismo al jefe de Gobierno que a un
gobernador de cualquier entidad y, por supuesto, a
jueces y magistrados.
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Ahora, Aura
Martha Chapa
22 de agosto de 2008
La
ventisca de lo que los humanos llamamos muerte se
llevó también a fines de julio al gran poeta
Alejandro Aura:
Sabemos que además fue un buen promotor cultural,
dramaturgo, actor, conductor de programas de
televisión pero, ante todo, desde mi punto de vista,
un meritorio exponente de la poesía contemporánea de
México.
Hasta el último día de su vida escribió poesía y
prueba de ello fue la práctica cotidiana de enviar
sus textos a miles de usuarios de la Internet. Por
cierto, al final, en esa tribuna compartió de manera
abierta y conmovedora la experiencia de su ingreso al
hospital, del que ya no saldría con vida.
Siempre alegre, vital y con un singular sentido del
humor pidió que sus cenizas se mezclaran con cemento
y se aplicaran a la pavimentación de la ciudad.
Debo decir que mi compañero Alejandro y él tenían
cierto parentesco lejano, pues ambos procedían de la
rama de los Ordorica, de Teocaltiche, Jalisco aunque
eran primos lejanos.
Justamente ahora recordábamos Alejandro y yo cuando
Aura montó una parodia que criticaba la omisión
social y mercantilización de la radio comercial a
través del monólogo que el genial actor-director
escenificaba bajo el título de “XE-Bubulú”.
También nos viene a la memoria su animada
participación en el Festival Internacional de Cultura
del Caribe, a invitación de mi compañero Alejandro,
quien la fundara en 1986. Por desgracia, cinco años
después este foro cultural desapareció por la grave
irresponsabilidad del gobierno de Quintana Roo y el
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de esa
época (Flores Olea y Tovar y de Teresa).
Pero volvamos a Alejandro Aura, en cuya obra
literaria destacan sus cuentos
Los baños de Celeste y
su libro de poesía
Volver a casa,
con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía
Aguascalientes en 1973.
Y qué mejor que tenerlo presente con uno de sus
poemas, pues el artista nunca muere, queda su obra,
que vuelve a latir y a brillar cada vez que la
tenemos presente. Así, hoy lo recordamos con un
fragmento de uno de los últimos textos que publicó:
“Hay días en que el ramalazo es tan fuerte que no
sabe uno cómo esquivarlo, y eso me pasó ayer: me vino
de pronto un malestar profundo por dentro y por
fuera, dolores, incomodidades, tensiones, tristeza
(mucha desesperanza). Y buscando cómo remediar la
cosa –algo tengo que hacer, me dije, no puedo seguir
por esta pendiente hasta donde le dé la gana– dormí
lo mejor que pude; apagué la luz temprano y recogí
cada pizca de sueño que pudiera encontrarme por ahí;
total, pensé, si me despierto muy temprano en la
mañana me pongo a leer o a ver qué invento.
Y hoy domingo me tengo hecho el propósito de pasarla
lo mejor que se pueda. Y también para no estarles
dando a mis interlocutores esas señas tan equívocas;
que puedo seguir escribiendo pero que no puedo ya con
el poema, y no sé qué dije ayer. Pero eso sí es
cierto, y lo dije con la mayor seriedad; la verdad es
que los cantos rodados me obligan a ponerme en un
campo de batalla, el sitio de trabajo y eso, aunque
lo haga lo más relajado posible, representa de todos
modos un esfuerzo de concentración que requiere
energía y ahora sí no tengo. Aprovecho para desearles
buen domingo. Que les dé sabroso el sol y que tengan
brisa para refrescarse” (domingo 27 de julio de
2008).
Tres
días después, el polifacético poeta, narrador,
dramaturgo, conductor, director y guionista fallecía
en Madrid. En medio de la tristeza por su ausencia
física, nos alienta saber, sin lugar a dudas, que su
aura aún vive y nos ilumina.
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Tercera llamada
Martha Chapa
8 de agosto de 2008
El teatro en México acaba de sufrir una inmensa
pérdida: se fue un dramaturgo talentoso, original e
imaginativo. En plenitud de su productividad, Víctor
Hugo Rascón Banda, hombre de escenarios múltiples,
que combinó las letras, la abogacía y la defensa de
los derechos de autor, falleció el pasado 31 de
julio.
A modo de homenaje, recordemos algunas de sus obras,
en las que despliega textos y escenas deslumbrantes,
llenas de tensión dramática con un toque alegórico, o
bien de hechos reales, como crónicas de su tiempo,
con un manejo tan hábil que permitía mostrar la
belleza de la realidad sin evadir su crudeza.
Conocedor como pocos del quehacer teatral, Rascón
Banda escribió varias piezas que ya son centrales en
la dramaturgia mexicana:
Voces en el umbral, Playa azul, Armas blancas, Table
dance, Manos arriba, La fiera del Ajusco, Cierren las
puertas, Contrabando, El caso Santos
y
La Malinche.
Dejó,
asimismo,
Sazón de mujer,
que es un canto a la vida, que escribió en medio de
entradas y salidas de hospital, durante un año que
transcurrió en trance entre la vida y la muerte,
episodios difíciles de los que había salido –salió–
siempre triunfante. La obra que menciono es una
especie de banquete imaginario y espiritual que le
permitió a su público extasiarse con los aromas,
sabores y colores de la cocina. A lo largo del
desarrollo de la puesta en escena van apareciendo
recetas de su tierra –la norteña Chihuahua– a través
de los personajes femeninos. Tres mujeres: una
menonita, otra tarahumara y una más, la maestra
local, que conversan e intercambian sus penas y
alegrías, en medio de recetas de cocina.
¿Qué nos dan ellas?
La menonita: quesos, pepinos y fruta en conserva,
pierna de jamón ahumado y salchichas, aunque la
debacle en el campo le cause serios percances
económicos que la obligan casi a vender todo.
Igual la mujer tarahumara, experta en preparar pinole
y tesgüino, quien en realidad es una exguerrillera
que huye de la soldadesca.
Y la mestiza, con sus guisados de carne, verdolagas,
chile (de bola) y flores.
En fin, historias entreveradas con deudas y quiebras
en el campo a causa del agio, el racismo, la
discriminación, el narcotráfico, la violencia y la
represión. Pese a todo, las tres mujeres se
sobreponen y preparan diferentes comidas, que
desembocan en un encuentro fraternal y solidario,
donde “cocinar es crear”.
La cocina, como ahí se dice, es fundamental en la
vida y hasta Dios puso los ingredientes cuando formó
al hombre: Una onza de pasión, algunos gramos de
dolor, un kilogramo de sabiduría, una taza de
egoísmo, si bien gotitas de fe, un litro de
esperanza, una cucharada de celos. Todo salpimentado
por amor al gusto.
Rascón Banda, recio escritor nacido en 1948 en
Uruáchic, Chihuahua, conoció las entrañas de los más
vivos problemas nacionales y los volvió tema de sus
obras dramáticas, que entreveró en sus argumentos con
total franqueza y sin merma de la estética en la
escena. Fue discípulo de tres grandes figuras del
teatro nacional: Héctor Azar, Vicente Leñero y Hugo
Argüelles. Tal aprendizaje lo dotó de una maestría
que él se encargó de refinar y plasmar en un
repertorio siempre original y moderno.
Ese
conocimiento de la realidad del país se robusteció
gracias a sus estudios de Derecho, carrera que cursó
con enorme brillo y que le abrió el camino para
cursar también la maestría y el doctorado en esa
disciplina.
Además
de su aportación invaluable a la dramaturgia
nacional, que le hizo merecedor de abundantes
reconocimientos y premios, Rascón Banda fue novelista
y guionista de cine. Asimismo, sabedor de los
problemas y agravios que enfrenta el derecho autoral
de los escritores en México, representó a su gremio,
con grandes méritos y reconocimientos, en la
presidencia de la Sociedad General de Escritores de
México.
Estoy
cierta de que a pesar de su ausencia lo seguiremos
recordando por haber sido tan buen amigo, así como
por su talento, generosidad y estoica lucha a favor
de la vida que, bien sabemos es “sueño”, como diría
Calderón de la Barca.
Por eso, su obra e importante herencia literaria es
memoria presente, inolvidable y entrañable.
Pese a su ausencia física, sigue, seguirá, el canto
de Víctor Hugo Rascón Banda, para fortuna nuestra.
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México con el Dalai Lama, a pesar de sus gobernantes
Martha Chapa
8 de agosto de 2008
A
diferencia de lo que ocurrió hace dos años, el Dalai
Lama no será recibido oficialmente por los ejecutivos
federal y local de la ciudad de México.
Así
de absurdo como suena. Ambas instancias, es decir, el
gobierno capitalino encabezado por Marcelo Ebrard,
por un lado, y la Presidencia de la República, a
cargo de Felipe Calderón, por el otro, cometen un
error, no sólo en cuanto al país, sino en el plano
internacional. Para empezar, quedan disminuidos ante
sus antecesores , quienes le dieron un trato especial
a tan distinguido personaje, pues no hay que olvidar
que se trata del Premio Nobel de la Paz, así carezca
de una representación como jefe de Estado.
En 2006, tanto Vicente Fox como Andrés Manuel López
Obrador recibieron con todo respeto y cordialidad a
este hombre conocido y reconocido en todo el mundo,
lo cual habló muy bien de ambos y generó una
respuesta muy favorable de la opinión pública.
Además, lo respaldaron con todo el apoyo logístico,
de seguridad y asistencia técnica en sus múltiples e
importantes compromisos con otras organizaciones e
instituciones, como la Cámara de Diputados, la
Universidad Nacional y diversos organismos sociales y
privados.
Ahora, en cambio, el presidente de México y el jefe
de Gobierno del Distrito Federal incumplen la
tradición de nuestro país que lo ha caracterizado por
recibir con un sentido de pluralidad a grandes
personalidades que, como en este caso, son símbolo de
la política pacifista y de la no intervención.
Es más que evidente que uno y otro fueron presionados
por China, esa potencia que adquiere cada día más
influencia en nuestra sociedad contemporánea, gracias
a su enorme poderío económico. Pero se equivocan,
pues si bien se trata de una potencia emergente en el
mundo globalizado de hoy, no supieron negociar con
esa nación, y cedieron todo para ganar unas cuantas
inversiones, cuando lo adecuado hubiera sido firmar
todos los convenios que se quiera, que realmente
favorezcan al desarrollo de nuestro país, pero sin
supeditar nuestra soberanía en términos de decisiones
libres y autónomas frente a transacciones financieras
o tecnológicas, por más jugosas que fueran, porque en
realidad no lo son.
Además, hay una seria contradicción en esta decisión
de dar la espalda al Dalai Lama, pues el modelo chino
se basa en la explotación de sus trabajadores, el
autoritarismo político, la falta de libertades y
democracia, y en ocasiones hasta la propia represión
ciudadana.
Por otra parte, también en el rubro ecológico estamos
conscientes de que los chinos, en ese afán de
sostener su vertiginoso crecimiento, se están
convirtiendo en un basurero y tierra de desecho,
gracias a lo cual alcanzan preocupantes índices de
contaminación ambiental.
Y, por si algo faltara, ni Ebrard ni Calderón han
atacado de manera frontal y decidida el contrabando
de productos chinos –y asiáticos en general– que
ingresan al país sin cortapisas; obviamente, sin
pagar impuestos o aranceles. Esos productos, muchas
veces de ínfima calidad, que justamente por eso se
venden a precios irrisorios, además de que afectan
seriamente a los trabajadores mexicanos, provocan
grandes perjuicios a la industria y el comercio
mexicanos, que en muchos casos se han visto
precisados a cerrar sus operaciones, cancelar nuevos
empleos, realizar despidos masivos y asumir pérdidas
cuantiosas.
¿No sería mucho mejor combatir en serio y de manera
definitiva este comercio ilegal, lo que nos
significaría mayores beneficios al lado de los muy
escasos que se obtienen a mediano o largo plazo con
las limitadas inversiones de China en México?
El panorama se vislumbra aún peor cuando nos
enteramos de que adicionalmente se dictó una línea
política para que se le cerraran todos los espacios
públicos al Dalai Lama, incluidos los sistemas de
protección para su seguridad en nuestro país, lo cual
desde mi punto de vista hace a nuestras autoridades
responsables de cualquier posible daño que alguien
pudiera intentar contra este líder budista.
Este giro en la política nacional y también en la
local es evidencia contundente de que ni Ebrard ni
Calderón tienen estatura de estadistas, por lo cual
se mantienen inmersos en “grillas baratas” de sus
propios partidos, atentos a intereses inmediatistas y
políticas de bajo nivel.
La verdad es que uno y otro pierden un espacio de
privilegio para su proyección nacional e
internacional como demócratas y defensores de los
derechos humanos, pues no se trata de una cuestión
religiosa o política de carácter formal, sino de la
presencia de una voz autorizada que convoca a la
armonía, la tolerancia y la paz en todo el mundo; es
decir, una postura sólida y legítima contra la
violencia y la guerra y a favor del humanismo de
nuestros días.
En cambio, el panorama del otro lado del Atlántico es
completamente distinto; ahí sí se puede respirar el
aire de la democracia y la tolerancia. La Comunidad
Europea en su conjunto ha dado muestras de apoyo y
reconocimiento a este gran luchador de los derechos y
las libertades del hombre. Lo mismo ocurre en Estados
Unidos, pues a pesar de los muchos aspectos
criticables de George Bush, hay que reconocer que en
su momento ha sabido rendirle un trato digno a tan
digno visitante, a la altura de su investidura moral
y espiritual. Incluso, los dos virtuales candidatos a
la presidencia de Estados Unidos externaron su
respaldo más abierto al ilustre personaje.
Pero más allá de la tozudez, insensibilidad y
subordinación al poder chino por parte de las
autoridades mexicanas, nuestro pueblo ha aceptado y
recibido con afecto al Dalai Lama desde tiempo atrás
y sin duda mostrará de nueva cuenta su adhesión por
donde él pase, donde él esté y con lo que él exprese.
Y queda claro, como lo han demostrado los verdaderos
estadistas, que bien se puede otorgar un trato digno
y un reconocimiento a un representante destacado como
éste, e incluso coincidir con las banderas que
enarbola, sin que necesariamente eso signifique estar
contra China, ni siquiera cuestionar a su gobierno
bajo la premisa de la autodeterminación de los
pueblos; mucho menos, mancillar sus instituciones.
Con qué facilidad se pusieron en evidencia nuestros
gobernantes –en lenguaje popular, qué rápido
mostraron el cobre– por la falsa urgencia de consumar
unos negocitos que suponen un elevadísimo e
innecesario pago de facturas, dentro y fuera del
país.
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La gran Antonieta
Martha Chapa
18 de julio de 2008
Si
bien fue bautizada como María Antonieta Valeria Rivas
Mercado y Castellanos, aquella niña que vio la luz
justo al despuntar el siglo XX –nació en 1900–,
pronto abrevió su nombre para dejarlo en un escueto
Antonieta Rivas Mercado. Quizá lo hizo para más
parecerse a su papá: el célebre arquitecto Antonio
Rivas Mercado, a quien adoraba y para quien ella era
la hija consentida.
En contrapartida, le tenía poco afecto a su madre,
quien había abandonado a la familia, por lo que en su
casa jamás se le volvió a mencionar. Con sus hermanos
Amelia, Elisa y Mario, Antonieta no guardaba
semejanza alguna, ni siquiera en el color de la piel,
ya que ella era morena. Se cuenta que por esa razón
la repudiaban en la familia, ya que la mayoría de sus
integrantes se consideraban de estirpe blanca y
aristocrática (ya saben, prejuicios inherentes al
porfiriato).
Dice José Vasconcelos, en el capitulo que le consagra
en sus memorias, que Antonieta no era físicamente
deslumbrante, pero su presencia, el hálito que
emanaba cuando aparecía, era luminoso. La gente
dejaba de ver a la mujer de carne y hueso para
observar aquel espectáculo de la inteligencia, de la
finura del espíritu, de la elegancia.
Sabemos que existen afinidades, miles de
coincidencias, entre mujeres talentosas que han
destacado en la vida cultural de México. Tal vez como
idea arrebatada –de ninguna manera pretendo
establecer una tesis–, se me antoja pensar que al
construir el interior de su alma, muchas de ellas,
por quién sabe que extrañas razones, se sienten en la
necesidad de destruir el exterior –el cuerpo– y por
ello ponen fin a sus vidas.
Otro pensamiento de similar naturaleza existía hace
algún tiempo y aún se asoma, por desgracia, en
ciertos aspectos de la educación de las damas:
nuestro papel era siempre estar detrás del varón.
Luego intentamos caminar hombro con hombro para
apoyarnos, para luchar juntos hombre y mujer. Sin
embargo, algunos varones no han estado de acuerdo con
esta situación y mucho menos aceptan que sus
compañeras den un paso adelante. Y si pese a ello las
mujeres deciden marchar a su propio paso, pagan un
precio muy caro: soledad, marginación, críticas
demoledoras.
Muchas no soportan el peso de toda esta
insensibilidad y, en su frustración y desesperación,
ponen fin a su existencia de manera trágica. Por
supuesto, es importante reconocer que las cosas están
cambiando y hay hombres que sienten orgullo por los
triunfos de sus mujeres.
Por
eso me refiero hoy a una de esas mujeres dolientes,
que padecieron las injusticias de una época. Pese a
los muchos libros, ensayos, poemas, películas que ha
inspirado Antonieta Rivas Mercado, algo nuevo queda
bajo su sol. Mujer múltiple, bien dotada, permite,
invita, incita a indagar una y otra vez acerca de su
vida, pues en realidad se le conoce más a través de
su muerte: su suicidio, a edad aún muy joven, en la
catedral de Notre Dame, en París.
Pero
Antonieta Rivas Mercado fue mucho más que una mujer
que decidió quitarse la vida en un imponente recinto
religioso europeo. Toda ella representa una señera
figura de nuestra cultura, una leyenda, una gran
mujer que defendió los derechos de género y siempre
se mantuvo a la vanguardia. En sí, un personaje que
constituyó un referente de la cultura de aquel México
posrevolucionario que empezó a crear instituciones.
Siempre la tenderemos presente, y más ahora, con la
exposición que se ha montado en el Museo de Bellas
Artes de la ciudad de México y que ya abrió sus
puertas al público, luego de que fue inaugurada en
ceremonia a la que asistió el presidente de la
república, Felipe Calderón. Una muestra que a través
de las 180 piezas nos ayuda a reconstruir esa gran
figura de las primeras décadas del siglo XX.
La vida de Antonieta fue intensa y vital, pero con
una pasión tal que la condujo al triste final en la
flor de su vida, en una época marcada por el
romanticismo que parecía enarbolar emociones y
sentimientos al filo de la existencia. Sus biógrafos
nos hablan de momentos tan difíciles y de profunda
depresión, lejos de la tierra propia, que seguramente
la llevaron a su última y fatal decisión.
Como decía antes, de niña recibió una fuerte
influencia de su padre, el distinguido arquitecto
Antonio Rivas Mercado, que entre otras de sus obras
tuvo a su cargo la construcción del Monumento a la
Independencia (El Ángel), inaugurado en 1910 para
conmemorar el centenario de la gesta iniciada por
Miguel Hidalgo.
Pronto esa niña, afecta a los libros y las artes,
iría encontrando su vocación hasta convertirse en una
excepcional promotora cultural que puso toda su fe en
el poder redentor de la cultura, de los libros, del
alfabeto, de la pluma, de la tinta, de la biblioteca,
de las salas de exposiciones, de la música. Y tal vez
soñara alguna vez, en sus momentos de soledad y
desvelos, en que si Vasconcelos llegaba a la
Presidencia de la República, la nombraría secretaria
de Educación para, de ese modo, poner en práctica
todas sus innovadoras ideas. Antonieta estuvo en la
campaña presidencial de Vasconcelos; de esta
experiencia dejó interesantes testimonios. Trabajó
por eso y para eso.
No debo omitir que su espíritu generoso la llevó a
gastar su propio dinero en editar libros de autores
tales como Celestino Gorostiza, Salvador Novo, Samuel
Ramos, Xavier Villaurrutia y también de Andrés
Henestrosa, a quien llamaba
El Niño.
Fue ella quien le dijo al oaxaqueño que algún día
llegaría a ser un gran escritor; él, años después,
entre coquetería y seriedad, afirmaba que la hada
quiso, pero los hados no. Andrés comentaba que en eso
Antonieta fue mala profeta, pero yo creo que no,
porque su predicción se cumplió: Andrés Henestrosa
fue un escritor de excepción.
Aquel
afán de promover la cultura la llevó a crear e
patronato de la Orquesta Sinfónica Nacional; a
traducir a los escritores más famosos de esa época,
como Eugene O’Neal, Jean Cocteau, George Bernard
Shaw. También por aquella razón trajo a México a
quienes innovaban la escena musical mundial: Copland,
Ravel, Stravinsky. Así era como preparaba el ambiente
para, llegada la hora, poner en práctica sus
conocimientos.
Sueños que, por inasibles, la llevaron a la extrema
desesperación; la otra gota de amargura que, al
rebasar el vaso, la condujo a la muerte. Su vida, tan
fugaz, no está del todo reconstruida, como tampoco se
ha dado con la razón última del tremendo paso final.
Por ejemplo, quisiera saber: ¿de qué estaba hecha
ella?, ¿era mujer de carne y hueso o más de carne que
de hueso? ¿Quién era Antonieta Rivas Mercado cuando
estaba a solas? Se sabe, por un diario suyo,
desgraciadamente ahora extraviado, cuáles fueron sus
reacciones como mujer, cómo era cada veintiocho días,
cómo cinco días después; cuál el sabor de su boca
antes y después del beso. Una mujer dotada, como
ella, era necesariamente extremada en sus apetencias
carnales. Su inteligencia, su imaginación, se
desbordaban en la hora suprema; es decir, en la dicha
amorosa.
Hoy
la vemos en toda su dimensión y reconocemos sus
múltiples y meritorias herencias, pues esas décadas
en la vida cultural y política de México no se
entenderían sin ella.
La presencia de mujeres con esa enorme dimensión, que
aun en la muerte vencieron al destino, se requieren
hoy más que nunca, cuando la República parece no
encontrar su propio derrotero y toda la nación espera
nuevos liderazgos y personajes que aceleren la
dinámica del cambio cultural, moral, social y
político que anhelamos.
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Ahora o nunca
Martha Chapa
18 de julio de 2008
Hace
unos días, cuando tuve el privilegio de asistir a una
siembra simbólica de árboles en un parque ecológico
situado en el estado de Quintana Roo, reconsideré una
serie de hechos que se vinculan al tema del medio
ambiente, además de que asocian con acontecimientos
recientes de enorme trascendencia.
Veamos primero los que tienen una consecuencia
mundial, dentro del alarmante problema del
calentamiento global.
Sabemos que en Japón se reunieron hace apenas un par
de semanas los mandatarios de los poderosos países
que conforman el llamado Grupo de los Ocho (G-8) y
abrieron un espacio para debatir asuntos del medio
ambiente.
El resultado, contra lo que hubiera deseado la gran
mayoría de quienes poblamos la Tierra, fue
ambivalente, pues si bien puede considerarse positivo
que revisaran juntos estos nuevos fenómenos
ambientales, no todos se comprometieron a la
aplicación de medidas a fondo y con carácter de
urgentes.
Así, por ejemplo, China e India, con una deplorable
irresponsabilidad, se negaron a adoptar medidas en el
corto plazo respecto a su industria, no obstante que
ambos países, juntos, representan un segmento
importante del problema actual. Y en cuanto al resto
de las naciones participantes, también se registraron
altibajos, aunque por suerte y como excpción hubo
aquellas que insistieron en adoptar políticas
diferentes, con las que se comprometieron, en lo que
se refiere al tipo de energéticos y procesos diversos
que generan el bióxido de carbono, tan contaminante y
dañino para el equilibrio climático del planeta.
Al respecto, no tenemos que ir muy lejos, pues ya en
América Latina se presentan serios desajustes
ambientales, como lo que ocurre en el sur de nuestro
continente, un preocupante fenómeno que quedó
registrado en los medios de comunicación en días
recientes: el inmenso glaciar Perito Moreno en la
Patagonia argentina se está derritiendo en pleno
invierno, signo más que contundente del calentamiento
global.
Al final, en el mencionado foro internacional sólo se
pactó una nueva reunión de análisis para el 2009; es
decir, pareciera que no hay prisa, mientras la
destrucción del entorno avanza y pone en peligro la
subsistencia de nuestra propia especie.
México, de más está decirlo, no se salva de esta
devastación. Así, comprobamos cómo han variado los
climas y aparecen fenómenos meteorológicos naturales
que causan graves perjuicios, llámense largas sequías
o precipitaciones pluviales excesivas; es decir,
mucha agua donde no se necesita y escasez del líquido
en zonas donde es indispensable para producir o, por
lo menos, para mantener el ecosistema en niveles de
protección de flora y fauna.
Sin embargo, hay que reconocer en forma paralela que
en nuestro país sí se están emprendiendo campañas de
reforestación, como la que en fecha reciente
anunciara el presidente Felipe Calderón, que prevé la
siembra de varios millones de árboles.
Hay, entonces, pequeños avances, pero no deja de
resultar frustrante que nada ocurra en las reuniones
de los poderosos, que todo lo ven a través del
cristal de sus propios intereses financieros.
Pero el tiempo y el deterioro avanzan, de modo que,
sin pretender que suene a predicción apocalíptica,
sospecho que la naturaleza ya tocó su “tercera
llamada”.
De verdad, es ahora cuando tenemos que detener a lo
largo y ancho del orbe esta egoísta e insensata
actitud de los países poderosos, que en aras de un
supuesto desarrollo atentan contra la vida y la
supervivencia de la humanidad actual y futura.
Los años o las décadas están contados y, si no
actuamos, todos perderemos, más allá del magnitud de
la culpa de cada cual. ¿Qué no lo saben los líderes
mundiales?, ¿no lo ven día a día.
Insistamos, entonces, unámonos, exijamos desde lo más
sencillo e inmediato en el plano de lo cotidiano,
hasta promover y formar grandes cadenas de presión
pública. Ojalá así logremos salvarnos a nosotros
mismos y a nuestro planeta.
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Árbol de vida
Martha Chapa
11 de julio de 2008
De nuevo la frontera sur me abre
sus brazos generosos, ahora para la siembra de un
árbol en el inmensamente bello Xel-Há, como símbolo
de la defensa y preservación del medio ambiente.
Y justo ahora que estaré dentro de un par de días por
ese paradisiaco lugar, no dejo de evocar la poesía
que ha emergido de su tierra, de su arena, de su mar,
de su calidez, de su gente.
Recuerdo, por ejemplo, un magnífico libro que editó
el gobierno de Chiapas en el marco del Programa
Cultural de las Fronteras. Se trata de una muestra de
poetas y narradores de esa franja del sureste
mexicano que conforman Quintana Roo, Campeche,
Yucatán, Tabasco y Chiapas.
Para empezar, me encanta el título que le dieron a
esa obra: Tiempo
vegetal,
pues lo considero a la vez una proclama y una
convocatoria para sumarnos lo mismo a la poesía que a
la lucha ecológica.
Ya en las portadillas se advierte el banquete poético
que este volumen nos depara. Por un lado, José Carlos
Becerra con “La selva transcurre vendada de lluvia,
todo yace enterrado en las grandes cabezas de piedra
[…] la selva lo acecha todo, su velocidad tiene forma
de pozo […] Todo está igual que el primer día, sin
embargo…”; por otra, Jaime Sabines que nos conforta
cuando dice: “Amanece sobre la tierra, entre los
árboles, una luz silenciosa, profunda”.
Y así, cada uno de los autores, con particular
relevancia Carlos Pellicer, Rosario Castellanos, Juan
de la Cabada, José Gorostiza, al lado de otros que
constituyen, en su conjunto, una cascada bella y
refrescante para el espíritu.
Con razón en la contraportada nos advierten que tan
inmensos poetas se conjugan como selva, viento y
agua.
De hecho, frente a la oportunidad de colaborar en
este noble empeño para cuidar al planeta me inspira
lo que sus artistas y sus invaluables aportaciones
han sembrado desde los tiempos del Popol-Vuh y el
Chilam Balam.
Total, que estoy preparando el equipaje para viajar a
esos paradisiacos lugares de sur mexicano. Sembraré,
me dicen, un árbol de la especie llamada
Burseraceae,
que reproduce, a su vez, esta hermosa leyenda: “Hace
ya mucho tiempo, dos príncipes se enamoraron de la
misma princesa maya. Uno era muy malo, no quería a la
gente, era egoísta y celoso, se llamaba Dzic (Furia).
El otro era noble y bueno, llamado Kinich (Rostro del
sol). La princesa Nicté Há quería mucho al príncipe
bueno, pero el malo no quería dejársela. Un día trato
de acabar con su contrincante, que además era su
hermano. Los dioses muy molestos por su acción lo
castigaron transformándolo en un árbol, al que
llamaron Chechen pero era tan malo que aun en forma
de árbol trataba de lastimar a la gente con su
resina. El príncipe bueno pidió a los dioses que a él
también lo convirtieran en árbol, que con su resina
pudiera curar la quemadura del Chechen y lo llamaron
Chacah, pero dispusieron que crecieran uno cerca del
otro eternamente, lo que al paso de los siglos
continúa sucediendo: siempre cerca de un Chechen
crece otro de Chacah”.
Voy, entonces, con el alma abierta, a esos lares
donde la poesía y el amor a la tierra se ven, se
sienten, se escuchan, se respiran. Regresaré, estoy
segura, con la conciencia ecológica revitalizada y
dispuesta más que nunca a refrendar día a día mi
compromiso con la supervivencia del planeta.
Si acaso, lo único que lamento es que haya dejado de
celebrarse el Festival Internacional de Cultura del
Caribe, que nació en Quintana Roo en 1986 y al cual
asistían artistas e intelectuales de más de 20 países
de la región, como una gran fiesta de paz, fraternal
encuentro, rica cultura y defensa solidaria de la
Tierra. Confiamos en que pronto haya convocatorias
similares para festejar juntos las expresiones
culturales, la fraternidad y la vida.
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El gran ejemplo de Colombia
Martha Chapa
11 de julio de 2008
De
verdad nos dejó atónitos el rescate de Ingrid
Betancourt y otros 14 rehenes secuestrados desde hace
años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC), incursión exitosa que fue digno de
una producción cinematográfica hollywoodense. Bien
dicen que con frecuencia la realidad supera a la
ficción.
Pero más allá de una logística asombrosamente
perfecta, al grado de que no ha faltado quien circule
la versión de que fue todo un montaje –lo que a mi
parecer resulta muy improbable, prácticamente
imposible–, es evidente el desgaste y la
desorganización de las FARC y el repudio generalizado
hacia ellas dentro y fuera de Colombia. La acción tan
bien concertada de las fuerzas armadas de esa nación
sudamericana sienta un precedente como estrategia
bien organizada, limpia y exitosa contra el
imperdonable crimen de la privación de la libertad.
Por ende, celebramos el hecho, al margen de cualquier
diferencia ideológica o política que mantengamos
frente a la gestión del presidente Uribe, pues no
podemos dejar de reconocer su mérito por su firme
decisión de combatir al narcotráfico y a quienes con
la falsa bandera de la política no son sino
delincuentes que se niegan a participar en la vía
democrática.
Guardadas las proporciones entre México y Colombia,
uno desearía que en nuestra tierra se ejecutaran
acciones de una contundencia similar, pues si bien el
presidente Calderón ha iniciado una decidida lucha
contra los carteles de la droga, es obvio que ha
faltado planeación, estrategias, respeto a los
derechos humanos y, en especial, tareas de
inteligencia.
En efecto, muchos de los operativos contra el
narcotráfico han resultado ridículos y, peor aún,
ineficaces, pues en lugar de actuar con sigilo,
precisión y audacia, prácticamente se anuncia con
toda anticipación la llegada de las tropas para que
los delincuentes puedan con tranquilidad tomar sus
previsiones.
Y siguiendo con el caso colombiano, cuánto nos
impactó además la regia figura de Ingrid Betancourt,
una mujer inteligente, sensible, bien preparada,
valiente –fuerte y lúcida luego de más de seis años
de vivir en férreo cautiverio– y con un sentido de
profundo humanismo, tan escaso en nuestros tiempos.
Por tanto, se convierte ya, de manera natural, en una
posible candidata para las siguientes elecciones
presidenciales en ese país. Independientemente de sus
posibilidades electorales, queda ya como una figura
internacional que por su autoridad moral podría
contribuir a la concordia y la paz entre los pueblos.
Otras consecuencias de estos hechos apuntan hacia
diferentes latitudes. Así, por ejemplo,
independientemente de la disolución de la guerrilla
colombiana, el mensaje debe llegar hasta nosotros, en
nuestro propio país, ya no digamos a Venezuela ,
Bolivia y, desde luego, a Cuba, donde ojalá Raúl
Castro se decida a iniciar en verdad vías
democráticas que mucho le beneficiaran a ese país
hermano, pues contribuiría a terminar con los
bloqueos económicos que, también hay que decirlo,
Estados Unidos ha impulsado de manera abusiva a lo
largo de décadas.
Y por lo que toca a México, decíamos, anhelamos que
se reactiven los espacios del diálogo con el EPR y
cualquier otro grupo armado, a fin de pactar
compromisos para reducir la pobreza, el atraso, la
inequidad, la injusticia y tantas cuestiones que es
necesario resolver, al igual que ocurre con la
humanidad en su conjunto.
Ésta es también una buena lección del rescate del
grupo de rehenes que desde el primer momento
trascendió las fronteras colombianas. Ojala pudieran
sentarse las bases para que se establezcan nuevos
acuerdos y los diferentes sectores colmbianos
lograran superar sus diferencias, con lo que a la vez
se evitaría cualquier conflicto entre Colombia,
Ecuador y Venezuela, pues si bien los mandatarios
Hugo Chávez y Rafael Correa reconocieron ese logro de
su homólogo Alvaro Uribe, el hecho no fue suficiente
para sentar las bases de un mayor entendimiento con
beneficios recíprocos en cuanto a intercambios
económicos, culturales, tecnológicos y en otros
campos.
En fin, que los acontecimientos recientes, además de
haber beneficiado, prestigiado y legitimado la
presidencia de Uribe, lo ponen a la cabeza de una
nueva concepción de la defensa de los derechos
humanos que no puede ni debe quedar en el mero
trabajo formal de comisiones locales o en la materia.
Desde luego, debo dejar muy claro que con esto no
pretendo justificar la represión y la violencia
institucionalizada, que sólo se explica en casos
extremos, como lo acabamos de ver en Colombia. Y por
ningún motivo estaríamos de acuerdo en golpes de
Estado o cuartelazos de parte de los militares, como
ocurrió en los años setenta del siglo pasado con el
el golpe de Estado contra el doctor Salvador Allende
en Chile y la irrupción del pinochetismo criminal, o
de cualquier otro signo ideológico que destruya las
instituciones democráticas y los avances civiles de
la sociedad, en el ejercicio de las libertades y los
derechos humanos.
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Por Oaxaca
Martha Chapa
4
de julio de 2008
Desde
años atrás venía siendo recurrente la movilización
del magisterio oaxaqueño, pero la mayor confrontación
entre este gremio y el gobierno local ocurrió durante
el 2006, luego de la formación de la Asamblea Popular
de los Pueblos de Oaxaca, la famosa APPO.
Aún
recordamos la intensidad de los enfrentamientos que
se registraron en la capital oaxaqueña hace dos años
y las consecuencias que este conflicto tuvo para el
propio movimiento y sus líderes, que se fueron
radicalizando a la par del endurecimiento de las
autoridades estatales.
Y
bien sabemos que se requirió la intervención de la
Policía Federal Preventiva, que aplicó un operativo a
fondo, para que comenzara a diluirse dicho
movimiento.
En
esos días se comentó insistentemente que en el fondo
del conflicto magisterial en el estado anidaban
rencillas electorales entre grupos de poder
encabezados por ex gobernadores y otros políticos,
como Roberto Madrazo a favor de Ulises Ruiz, y
Diódoro Carrasco junto con Gabino Cué, en contra.
Además, se hablaba con insistencia de que los
intereses de Elba Esther Gordillo no eran ajenos al
asunto.
Más
allá de quién le quería meter el pie a quién, en todo
caso el gran perjudicado fue el estado de Oaxaca; su
economía, su comercio, su turismo y la sociedad misma
en su conjunto.
Los
daños derivados de esos graves enfrentamientos fueron
cuantiosos: cierre de comercios, quiebra de negocios,
pérdida de empleos, caída de inversiones. En buena
medida, lo que se “ganó” fue atraso y mayor
empobrecimiento, además de una imagen de
ingobernabilidad que ahuyentó al turismo, en
particular al procedente de otros países, que
representa una gran derrama de dinero, lo que resulta
relevante en cualquier caso, pero más aún en una
entidad que posee elevados índices de pobreza y
marginalidad.
El
conflicto parece haber amainado, aunque no ha
desaparecido, pues de nueva cuenta el magisterio ha
echado a andar sus consabidos plantones, mítines y
marchas.
Ante
esa situación de latente amenaza a la paz pública y a
la estabilidad, esperamos, por el bien de Oaxaca y de
todo el país, que se aliente más el diálogo, la
negociación y la voluntad política de los
protagonistas, prendas que hasta ahora han brillado
por su ausencia.
Viene
a propósito todo esto porque recientemente visité ese
hermoso estado con motivo de un reconocimiento que se
otorgó a nuestro programa de televisión “El sabor del
saber” por parte de la Asociación Nacional de
Locutores.
Ahí
pude constatar que si bien la situación ha mejorado y
las actividades parecen haber retomado su ritmo
normal, prevalecen amagos de violencia que podrían
concretarse con lamentables resultados, sobre todo en
un año de perfil electoral, como el 2009, en el que
habrá comicios federales.
Será
necesario, entonces, ampliar los espacios de diálogo
y tolerancia política para alcanzar una serie de
acuerdos más sólidos, definitivos y perdurables.
De
lo contrario, como suele ocurrir, el pueblo es el que
pagará los daños. Además terminaría por empañarse la
imagen de Oaxaca y del país todo en el entorno
internacional, con las dañinas consecuencias que eso
tendría.
De
verdad, sería un gravísimo error caer en un nuevo
choque, que podría conducir a la reaparición del caos
y la violencia, pues se sumiría a Oaxaca todavía más
en la marginación. ¿O será que de eso se trata?
Ya
veremos pronto quién está del lado de la razón, de
las mayorías y de la prosperidad común.
Ojalá
todos respondan de manera positiva y, de no ocurrir
así, que el pueblo se los demande, de una vez por
todas, en las próximas elecciones.
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Mi novia, la tristeza
Martha Chapa
4 de julio de 2008
He
tenido entre mis manos, ávidas de hojear una y otra
vez, un excelente libro que desde la portada me
atrajo de inmediato por el regio porte de Agustín
Lara en la imagen que ahí aparece. Se trata de una
obra de mi querida amiga Guadalupe Loaeza, que suma
así un éxito más a su ya larga cadena de logros
editoriales.
A la vez, fue inevitable recordar a otro gran amigo,
Carlos Monsiváis, quien también se ha ocupado de ese
célebre personaje que para mí representa todo un
hito, no sólo en el plano literario, sino también en
el sociológico.
Así, cada cual a su manera, ambos nos ofrecen sus
retratos de quien llenara toda una época musical y
sentimental en México. En
Amor perdido,
libro inolvidable de Monsiváis, se menciona a este
importante personaje y se hace un análisis de la
temática de sus canciones en el contexto histórico de
su tiempo.
Ahora, Guadalupe Loaeza en
Mi novia, la tristeza,
no se limita a una simple semblanza biográfica o la
recopilación de anécdotas que, por supuesto, abundan.
Es, como indica el comentario preparado por editorial
Océano para la obra, “el encuentro más pleno y
emotivo que se haya elaborado hasta hoy con la figura
de Agustín Lara. Es una pintura vivaz e informada del
gran compositor, del México que le tocó vivir, de su
música, de sus intérpretes, de las películas en las
que participó, así como de los avatares de una
existencia de alguna manera marcada por la búsqueda
de un ideal amoroso que se vislumbra en la letra de
sus canciones”. A casi 40 años de su muerte, Agustín
Lara sigue presente y despertando el interés por su
obra y por su apasionante vida. El libro escrito por
Guadalupe Loaeza en conjunto con el
musicólogo
Pável Granados nos ofrece también un detallado
retrato
de las mujeres que tuvieron más relevancia en la vida
del músico veracruzano.
En fin, una obra magnífica, con fotografías,
anécdotas, cartas y mucha información proveniente de
una investigación larga y exhaustiva que le valió a
Guadalupe Loaeza ser merecedora de la medalla Agustín
Lara en su emisión 2007, presea concedida por el
gobierno de Veracruz.
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Responsabilidad, desde arriba hasta abajo
Martha Chapa
27 de junio de 2008
Otra vez la tragedia se originó
en un antro al que nunca debió permitírsele
funcionar.
Es ahí donde empieza
la responsabilidad del gobierno del Distrito Federal.
Desde el viernes pasado, es notorio que el propio
jefe de gobierno Marcelo Ebrard, tan proclive a las
cámaras y micrófonos, apenas da la cara; evade el
compromiso y evita hacer declaraciones y tomar
decisiones para aclarar los hechos. En cambio, se
engrosa la lista de culpables, donde seguramente
junto a los responsables reales se han
colocado chivos
expiatorios.
Pero
más allá de deslindar responsabilidades no debemos
perder de vista la raíz del problema. Porque el
asunto empieza desde el momento en que se autoriza el
funcionamiento de estos lugares disfrazados de
salones de fiestas, donde las anomalías e
irregularidades se desbordan desde el día de su
apertura.
¿Cómo es posible,
por ejemplo, que se
le haya otorgado el permiso a este sitio que poseía
una salida de emergencia de dimensiones tan reducidas
que apenas pasaba una persona, inconcebible para el
aforo de que dispone? Y,
peor todavía, que no
se hayan hecho revisiones periódicas, con inspectores
que habrían detectado a primera vista las violaciones
a la normatividad, en particular el bloqueo de estas
áreas de emergencia. Más aún cuando todo mundo está
al tanto de la existencia de estas dizque
tardeadas,
que deberían
llevarse a cabo dentro de estrictas normas de
seguridad, sobre todo porque quienes acuden son
jovencitos y adolescentes a quienes tendríamos que
cuidar y proteger.
Queda
así al descubierto no sólo la negligencia e
incapacidad de las autoridades, desde la más alta
jerarquía hasta los actores del
operativo,
sino muy
probablemente –como lo ha denunciado de manera
creciente la ciudadanía– actos incalificables de
violencia e irresponsabilidad, sumados a la impunidad
y la corrupción.
Y si a eso se añade la deficiencia y torpeza criminal
de los responsables de estos operativos, pues –ya lo
vimos, por desgracia– el resultado es verdaderamente
fatal.
Entonces, es natural preguntarnos: ¿de cuántas
acciones de este tipo ni nos enteramos, pese a que se
realizan cotidianamente en antros que funcionan en
tales condiciones, como el News Divine?
A
pesar de que pretendía deslindarse de su
responsabilidad, el delegado en la Gustavo A. Madero
se vio obligado a solicitar licencia a su cargo para
dar paso a las investigaciones. A su vez, el titular
de la Secretaría de Seguridad Pública, Joel Ortega,
sigue afirmando que él no tiene culpa alguna y
continúa más preocupado por su futuro político que
por el servicio a la ciudadanía.
Por suerte, también hay funcionarios responsables que
asumen con seriedad su trabajo. Es el caso del
presidente de la Comisión de Derechos Humanos del
Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza, quien una vez
más ha mostrado en su cargo valentía y capacidad, y
se ha convertido en el defensor de los padres de
familia que sufrieron tan lamentable y absurda
pérdida de hijos e hijas.
En cualquier caso, al margen de las grandezas y
miserias de cada quien, deberá seguirse un proceso
judicial en todas las instancias del gobierno
capitalino vinculadas a esta cadena de fatales
decisiones y criminales omisiones.
Y no debe ser lo único que se haga, pues también se
precisa la intervención de asambleístas y diputados,
o hasta de los propios partidos políticos que dicen
representar a la ciudadanía.
De no ser así, podrían repetirse estos hechos de
terribles consecuencias, pues la muerte de esa decena
de jóvenes, casi niños, no puede compensarse con
nada.
Y así fuera la pérdida de una sola
vida,
tendría que actuarse
a fondo, se trate de quien se
trate.
Porque los descuidos
y negligencias del gobierno capitalino se suman a la
inseguridad reinante en nuestra
ciudad,
ya de por sí
insostenible e inaceptable.
Es vox populi señala que en otros países ya se
hubiera presentado la renuncia o destitución de altos
funcionarios responsables de esta imperdonable
tragedia.
Porque
no es la primera vez que algo así ocurre. Debieron
saberlo y evitarlo, pero la cadena de la corrupción
es larga y jugosa. ¿A dónde va el dinero y cómo se
reparte? Deben ser sustanciosos los rendimientos
derivados de la corrupción; simplemente consideremos
la cantidad de estos sitios que pululan en las
delegaciones políticas.
Por
eso, muchos y muchas creemos que suben hasta el
máximo nivel las mordidas
de todos estos
antros para que operen semana a semana en las peores
condiciones. Y, si no resulta convincente este
razonamiento, me permito una pregunta más: ¿está al
menos enterado el jefe de gobierno de lo que hacen y
dejan de hacer sus equipos de trabajo? Pues en un
caso u otro –por omisión o por colusión–, el señor
Ebrard no queda exento de culpas ni de
responsabilidades.
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Palabras en reposo
Martha Chapa
27 de junio de 2008
Alí
Chumacero recibió un merecido homenaje por sus 90
años de vida y todos quienes amamos la literatura –y,
en particular, la poesía– debemos celebrarlo, pues se
trata de un notable poeta y editor, cuya obra forma
parte esencial de la literatura mexicana
contemporánea.
El lunes 23 de junio se le brindó en la sala
principal del Palacio de Bellas Artes –prácticamente
repleta– un amplio reconocimiento, con la
participación de destacados escritores que comentaron
su obra poética e hicieron referencia a su
trayectoria.
Estuvieron junto a él los escritores Dolores Castro,
Jaime Labastida, Emmanuel Carballo, Eduardo Lizalde y
Carlos Montemayor, quienes expresaron su admiración y
afecto hacia este longevo “obrero de los libros”,
como él mismo se ha denominado. Finalmente, Alí
Chumacero pronunció un profundo mensaje, que llegó a
su punto conmovedor cuando, aludiendo a sus nueve
décadas de vida, sentenció: “igual, pronto nos vamos
con nuestra música a otra parte”.
Poeta, editor, maestro, tipógrafo, corrector y amigo.
Todas esas facetas de Chumacero salieron a relucir en
este emotivo y más que merecido homenaje. Y él,
modesto, afirmaba: “En
realidad, yo sólo he practicado el afán de hermanar
el sentimiento y el rigor, a fin de mantener
inalterable una vocación originada desde la
adolescencia, fortalecida durante la madurez y
siempre guiada a convertir en insólito lo cotidiano.
La poesía es una forma del entusiasmo que, a veces, a
través del tiempo, encuentra un límite vital”.
Unos
días antes, el Fondo de Cultura Económica anunció que
en breve publicará una edición de la poesía completa
Alí Chumacero con prólogo de José Emilio Pacheco.
Asimismo, informó que se bautizará con el nombre del
poeta a la próxima librería del Fondo, que estará
ubicada en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional
Benito Juárez.
Ya desde el inicio de la ceremonia se advertía en los
programas de mano un texto que sintetizaba bien esta
vida fructífera del homenajeado:
“El largo camino de una vida como la de Alí Chumacero
puede medirse, en su caso, por la originalidad de la
obra que ha sido capaz de concebir y por su honda
repercusión en el universo de las letras mexicanas a
las que, desde distintos ámbitos, como poeta, como
ensayista y como editor, ha contribuido a enriquecer.
Heredero y renovador de una rica tradición poética
iniciada por a generación de
Contemporáneos,
Chumacero ha sido protagonista y observador de los
movimientos culturales más relevantes de nuestras
letras en el siglo XX. Es autor de una obra lírica
breve […] concebida fundamentalmente en su juventud y
primera madurez, pero de una luminosa expresividad.
Una obra que, como afirmara José Emilio Pacheco, es
comparable a “estrellas solitarias que brillan con
luz propia en el cielo de nuestro idioma”. Compañero
de autores tan notables como José Luis Martínez,
Jorge González Durán y Leopoldo Zea en la juvenil
empresa editorial que devino en la revista
Tierra Nueva,
Chumacero colaboró también en la creación de otras
revistas de señalada trascendencia, como
Letras de México y
El Hijo Pródigo, además
de suplementos culturales como
México en la cultura y
La cultura en México, a
cuyo prestigio contribuyó con su trabajo disciplinado
y su acertada orientación, encaminados siempre a
dotar de vitalidad y dinamismo a la literatura
mexicana […] Rendimos homenaje al creador y a toda
una época dentro de la cultura y las letras
mexicanas. Y celebramos este año nueve décadas en la
vida de un hombre que nos legó un puñado de poemas
reconcentrados y devocionales, escritos como una
liturgia para los días comunes, preñados de preguntas
y meditaciones sobre el amor, la soledad, la muerte,
el dolor”.
A lo largo de esta reunión de amigos de las letras y
el arte, desde luego evoque el grato recuerdo de
Lourdes Chumacero, esposa de Alí, destacada galerista
y promotora cultural que tanto me alentó y apoyo en
mi carrera profesional dentro de las artes pláticas.
Y, como final de fiesta, se ofreció un excelente
concierto del grupo Capella Cervantina, dirigida por
el .
Quedó, pues, constancia de lo importante que es la
poesía de este personaje nacido en Acaponeta,
Nayarit, el 9 de julio de 1918 y quien no sólo ha
participado en revistas cruciales en la vida
intelectual del país –como señala el párrafo
anterior–, sino que además tiene una larga
trayectoria como editor del Fondo de Cultura
Económica.
También fue fundador de la muy importante en incluso
imprescindible serie SEPSetentas. Sus muchos méritos
editoriales y literarios le han hecho merecedor de
numerosos reconocimientos, como el Premio Xavier
Villaurrutia 1980, el Premio Internacional Alfonso
Reyes 1986 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes
(Lingüística y Literatura) 1987. Entre sus poemarios,
que ya forman parte de lo más rico del acervo
literario mexicano, están:
Páramo de sueños (UNAM,
1944);
Palabras en reposo (FCE,
1956); la antología
Responso del peregrino (UNAM,
1980);
Manantial
de sombra (Aldús, 1998) y
Antología personal (Colibrí,
2003)
Por todo, desde aquí un abrazo cordial a nuestros
amigos Alí, así como a su hija Cantalú y a sus hijos.
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¡Santo! ¡Santo!
Martha Chapa
20 de junio de 2008
Desde
la antigüedad, el deporte forma parte de las
culturas, como ocurrió, por ejemplo, con la aparición
de la lucha grecorromana, que en su nombre define sus
orígenes y que con el tiempo se convirtiera en una
disciplina olímpica.
Así, al paso de los siglos esa actividad se
diversificó para dar lugar a otras justas deportivas
e incluso se transformó en espectáculo, digamos que
en la raíz de lo que hoy conocemos como la lucha
libre.
En nuestro caso, el de México, esta disciplina empezó
hacia finales del siglo XIX, pero fue en la época
contemporánea, especialmente en los años cincuenta y
sesenta, cuando vivió un clímax gracias a un luchador
que habría de constituirse en el eje del espectáculo
para llegar a ser con el tiempo todo un ícono: el
Santo.
Sí, me refiero al Enmascarado de Plata, que
simbolizaba el bien dentro y fuera del ring,
personificación que lo condujo con frecuencia al
cine, donde fue protagonista de alrededor de 50 de
películas, en las que se enfrentaba por igual a
gánsters o científicos desquiciados, e incluso hasta
a zombies y mujeres vampiro.
Ahora, el mítico hombre de la lucha libre, que
conservó su rostro oculto hasta su muerte, recibe un
homenaje para quedar inmortalizado en una estampilla
postal.
La idea, además de justa, es valiosa e imaginativa y
fue iniciativa de la actual directora del Servicio
Postal Mexicano, Purificación Carpinteyro, interesada
por el rescate y la preservación de las expresiones
más genuinas de nuestra cultura popular. Gracias a su
propuesta, el jueves pasado se dio a conocer una
serie de seis estampillas –tres de El Santo y tres de
su heredero– con un tiraje de