Encuentro Nacional de Artistas y Creadores

Martha Chapa
29 de agosto


Tal como ocurre en otras entidades del país, en Chihuahua la vida está siendo afectada por las cruentas acciones de los cárteles del narcotráfico en sus disputas y revanchas con bandas rivales o en el ajuste de cuentas con las autoridades estatales y federales.

Al respecto, debe reconocerse que en el ámbito del gobierno federal se está dando una decidida y vigorosa lucha contra la delincuencia.

Por fortuna, estos embates de grupos criminales no han paralizado la actividad productiva de todos los días, de modo que el desarrollo industrial, comercial, agropecuario y de servicios continúan su marcha.

Dentro de esta gran actividad que se despliega cada día, la cultura también ha recibido un especial impulso. Un hecho que celebramos no sólo quienes pertenecemos a la comunidad artística e intelectual, sino la ciudadanía chihuahuense en general, es la posibilidad de disponer de múltiples espacios para el disfrute de los bienes y servicios culturales.

A propósito de este ámbito, en días próximos se estará realizando en la capital y varios municipios del estado el ya importante y prestigioso Festival Internacional.

A la vez, recientemente se efectuó –del 27 al 29 de agosto– el Encuentro Nacional de Artistas y Creadores auspiciado por la Dirección de Cultura del Municipio de Chihuahua. Ahí se abordaron temas de suma relevancia y actualidad, en torno a los cuales se registró la participación de casi 50 creadores y promotores de la cultura.

En las mesas de discusión ahí celebradas se trataron infinidad de temas, todos de interés para los asistentes. Lo mismo los derechos de autor en el ámbito nacional e internacional, que danza, ópera, crítica de arte, dimensión de los espacios, al igual que cine, fotografía, literatura y crítica literaria, música, teatro, pintura y escultura, entre otros aspectos que afectan a los espacios de la cultura.

Me correspondió intervenir en la reflexión sobre la creación de empresas culturales dentro del campo de las artes plásticas; un tema tan actual como interesante.

A lo largo de la reunión se fueron intercalando diversos números artísticos como “Historias y leyendas de Chihuahua”, que abarcaron etapas fundamentales (Independencia, Reforma y Revolución); un recital del magnífico Coro del Conservatorio de Música, conformado por más de 100 integrantes; el Grupo Latinoamérica, que se abocó a los ritmos tradicionales, así como un memorable concierto de la Orquesta de Cámara del Conservatorio de Música, que ya cumplió 20 años de vida.

Desde luego, en estas conferencias se abrió un espacio importante para propiciar la participación del público, que fue numeroso y predominantemente joven, lo cual resulto tranquilizante y alentador, pues, sin duda, lo que más nos hace falta es ampliar las audiencias culturales, bien sea para la lectura, los conciertos o las exposiciones.

La reunió terminó por constituir un intercambio fructífero y trascendente, pues las conclusiones de este encuentro derivarán con toda seguridad en nuevas políticas públicas, programas y apoyos que con seguridad se pondrán en marcha en el corto y mediano plazo.

No cabe duda que, pese a todo, Chihuahua está de pie y trabajando duro en todos los frentes, incluida –en un lugar relevante– la cultura, que aquí ocupa un lugar sustancial. Con ello se constata que conforma un rubro indispensable gracias a los elevados beneficios que aporta, tanto en el desarrollo individual como en lo relativo a la cohesión y armonía social.



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Un hasta aquí

Martha Chapa
22 de agosto de 2008

La indignación social no ha dejado de crecer desde que hace cuatro años se realizó aquella gran marcha de la sociedad civil contra la violencia y la inseguridad publica. En aquel entonces el país era gobernado por Vicente Fox y a la cabeza de la ciudad estaba todavía Andrés Manuel López Obrador, quien por cierto, de manera torpe y miope se burló de las justas inquietudes de los manifestantes y los acusó de estar manipulados por la derecha para atacarlo políticamente.

Pese a lo multitudinario de aquella protesta y aun cuando han pasado ya más de cuatro años, sigue sin haber soluciones. Más aún, el problema se ha agravado, sobre todo en el rubro de los secuestros.

Basta con mencionar el caso reciente tan indignante y estrujante del niño Fernando Martí, que culminó con su asesinato luego de sucesos que evidenciaron una vez más la criminal complicidad de policías con delincuentes, la ineptitud de los cuerpos de seguridad publica (policías preventiva y judicial del DF), así como la aberrante impunidad, que ya son constantes.

Por eso, de nueva cuenta diversas organizaciones de la propia sociedad civil se expresaron para hacer notar que tristemente los acuerdos que llegaron a establecerse como derivación de su protesta masiva realizada a fines de julio del 2004 están incumplidos en lo esencial y los índices delincuenciales suben sin que nadie sepa cómo ponerles un límite.

Desde luego, debemos asistir el próximo 30 de agosto a la nueva gran marcha a la que nos están convocando para exigir, con justa razón, un alto a la violencia. Pero ahora debemos hacerlo con mayor brío y sentido crítico frente a los pobres resultados de la administración actual en su tarea de procurar la seguridad de los mexicanos.

Se trata hoy de ir a más; es decir, comprometiéndonos a participar y dar continuidad al cumplimiento de los nuevos acuerdos y las acciones que se adopten en común con las autoridades, pues se trata de un problema muy grave que amerita la vigilancia generalizada bajo un esquema de corresponsabilidad.

Sin embargo, será fundamental que tengamos muy presentes una serie de datos y hechos del pasado reciente y rechacemos populismos y demagogias que se caen por su propio peso. Es el caso de lo que ocurre con Marcelo Ebrad, quien desde que era secretario de Seguridad Publica de la pasada administración hizo diversos anuncios sobre cambios internos en esa dependencia, con énfasis en el fomento de la inteligencia policiaca, mejorar el armamento y otra serie de grandes promesas que jamás se cumplieron, como lo demuestra la realidad que con tanta facilidad hemos constatado en los años subsiguientes y los días que corren.

Ahora resulta que otra vez se anuncia la reestructuración de la policía en la capital y se reciclan las propuestas y decisiones que tenían que haberse aplicado en su momento y que al incumplirse evidencian terribles rezagos.

Tal negligencia e incapacidad se extienden tanto al plano federal como a diversas entidades federativas, donde los gobernantes no han sido capaces de detener las ofensivas del crimen y la delincuencia De forma similar a lo que ocurre en la ciudad capital, nos vienen ofreciendo desde hace casi una década que ahora sí se va combatir a fondo la delincuencia para frenar y hasta revertir estas estadísticas, en las que muy claro queda que van ganando la corrupción, la impreparación, la insuficiencia de recursos, la anacronía legislativa y la descomposición en el poder judicial. En fin, todo un conjunto de carencias e ineptitudes que tienen a la ciudadanía contra la pared.

No se trata tampoco de deshacernos en lamentaciones ni de evadir compromisos. Por lo contrario, hay que luchar unidos y, si fuera el caso, aceptar sin conceder pero deslindando con justeza la obligación que tienen los gobernantes de dar seguridad a los ciudadanos, como un fundamento básico de cualquier Estado que se precie de serlo.

Y debemos desde ahora considerar también que nuestros representantes populares están obligados a preparar y aprobar en el plazo más inmediato un marco legal que agregue la facultad ciudadana de destituir al funcionario que no cumpla con sus obligaciones, sin importar cuál sea su nivel administrativo. Esto incluiría lo mismo al jefe de Gobierno que a un gobernador de cualquier entidad y, por supuesto, a jueces y magistrados.

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Ahora, Aura

Martha Chapa
22 de agosto de 2008

La ventisca de lo que los humanos llamamos muerte se llevó también a fines de julio al gran poeta Alejandro Aura:

Sabemos que además fue un buen promotor cultural, dramaturgo, actor, conductor de programas de televisión pero, ante todo, desde mi punto de vista, un meritorio exponente de la poesía contemporánea de México.

Hasta el último día de su vida escribió poesía y prueba de ello fue la práctica cotidiana de enviar sus textos a miles de usuarios de la Internet. Por cierto, al final, en esa tribuna compartió de manera abierta y conmovedora la experiencia de su ingreso al hospital, del que ya no saldría con vida.

Siempre alegre, vital y con un singular sentido del humor pidió que sus cenizas se mezclaran con cemento y se aplicaran a la pavimentación de la ciudad.

Debo decir que mi compañero Alejandro y él tenían cierto parentesco lejano, pues ambos procedían de la rama de los Ordorica, de Teocaltiche, Jalisco aunque eran primos lejanos.

Justamente ahora recordábamos Alejandro y yo cuando Aura montó una parodia que criticaba la omisión social y mercantilización de la radio comercial a través del monólogo que el genial actor-director escenificaba bajo el título de “XE-Bubulú”.

También nos viene a la memoria su animada participación en el Festival Internacional de Cultura del Caribe, a invitación de mi compañero Alejandro, quien la fundara en 1986. Por desgracia, cinco años después este foro cultural desapareció por la grave irresponsabilidad del gobierno de Quintana Roo y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de esa época (Flores Olea y Tovar y de Teresa).

Pero volvamos a Alejandro Aura, en cuya obra literaria destacan sus cuentos
Los baños de Celeste y su libro de poesía Volver a casa, con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1973.

Y qué mejor que tenerlo presente con uno de sus poemas, pues el artista nunca muere, queda su obra, que vuelve a latir y a brillar cada vez que la tenemos presente. Así, hoy lo recordamos con un fragmento de uno de los últimos textos que publicó:

“Hay días en que el ramalazo es tan fuerte que no sabe uno cómo esquivarlo, y eso me pasó ayer: me vino de pronto un malestar profundo por dentro y por fuera, dolores, incomodidades, tensiones, tristeza (mucha desesperanza). Y buscando cómo remediar la cosa –algo tengo que hacer, me dije, no puedo seguir por esta pendiente hasta donde le dé la gana– dormí lo mejor que pude; apagué la luz temprano y recogí cada pizca de sueño que pudiera encontrarme por ahí; total, pensé, si me despierto muy temprano en la mañana me pongo a leer o a ver qué invento.

Y hoy domingo me tengo hecho el propósito de pasarla lo mejor que se pueda. Y también para no estarles dando a mis interlocutores esas señas tan equívocas; que puedo seguir escribiendo pero que no puedo ya con el poema, y no sé qué dije ayer. Pero eso sí es cierto, y lo dije con la mayor seriedad; la verdad es que los cantos rodados me obligan a ponerme en un campo de batalla, el sitio de trabajo y eso, aunque lo haga lo más relajado posible, representa de todos modos un esfuerzo de concentración que requiere energía y ahora sí no tengo. Aprovecho para desearles buen domingo. Que les dé sabroso el sol y que tengan brisa para refrescarse” (domingo 27 de julio de 2008).


Tres días después, el polifacético poeta, narrador, dramaturgo, conductor, director y guionista fallecía en Madrid. En medio de la tristeza por su ausencia física, nos alienta saber, sin lugar a dudas, que su aura aún vive y nos ilumina.


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Tercera llamada

Martha Chapa
8 de agosto de 2008


El teatro en México acaba de sufrir una inmensa pérdida: se fue un dramaturgo talentoso, original e imaginativo. En plenitud de su productividad, Víctor Hugo Rascón Banda, hombre de escenarios múltiples, que combinó las letras, la abogacía y la defensa de los derechos de autor, falleció el pasado 31 de julio.

A modo de homenaje, recordemos algunas de sus obras, en las que despliega textos y escenas deslumbrantes, llenas de tensión dramática con un toque alegórico, o bien de hechos reales, como crónicas de su tiempo, con un manejo tan hábil que permitía mostrar la belleza de la realidad sin evadir su crudeza.

Conocedor como pocos del quehacer teatral, Rascón Banda escribió varias piezas que ya son centrales en la dramaturgia mexicana:
Voces en el umbral, Playa azul, Armas blancas, Table dance, Manos arriba, La fiera del Ajusco, Cierren las puertas, Contrabando, El caso Santos y La Malinche.

Dejó, asimismo, Sazón de mujer, que es un canto a la vida, que escribió en medio de entradas y salidas de hospital, durante un año que transcurrió en trance entre la vida y la muerte, episodios difíciles de los que había salido –salió– siempre triunfante. La obra que menciono es una especie de banquete imaginario y espiritual que le permitió a su público extasiarse con los aromas, sabores y colores de la cocina. A lo largo del desarrollo de la puesta en escena van apareciendo recetas de su tierra –la norteña Chihuahua– a través de los personajes femeninos. Tres mujeres: una menonita, otra tarahumara y una más, la maestra local, que conversan e intercambian sus penas y alegrías, en medio de recetas de cocina.

¿Qué nos dan ellas?

La menonita: quesos, pepinos y fruta en conserva, pierna de jamón ahumado y salchichas, aunque la debacle en el campo le cause serios percances económicos que la obligan casi a vender todo.

Igual la mujer tarahumara, experta en preparar pinole y tesgüino, quien en realidad es una exguerrillera que huye de la soldadesca.

Y la mestiza, con sus guisados de carne, verdolagas, chile (de bola) y flores.
En fin, historias entreveradas con deudas y quiebras en el campo a causa del agio, el racismo, la discriminación, el narcotráfico, la violencia y la represión. Pese a todo, las tres mujeres se sobreponen y preparan diferentes comidas, que desembocan en un encuentro fraternal y solidario, donde “cocinar es crear”.
La cocina, como ahí se dice, es fundamental en la vida y hasta Dios puso los ingredientes cuando formó al hombre: Una onza de pasión, algunos gramos de dolor, un kilogramo de sabiduría, una taza de egoísmo, si bien gotitas de fe, un litro de esperanza, una cucharada de celos. Todo salpimentado por amor al gusto.

Rascón Banda, recio escritor nacido en 1948 en Uruáchic, Chihuahua, conoció las entrañas de los más vivos problemas nacionales y los volvió tema de sus obras dramáticas, que entreveró en sus argumentos con total franqueza y sin merma de la estética en la escena. Fue discípulo de tres grandes figuras del teatro nacional: Héctor Azar, Vicente Leñero y Hugo Argüelles. Tal aprendizaje lo dotó de una maestría que él se encargó de refinar y plasmar en un repertorio siempre original y moderno.

Ese conocimiento de la realidad del país se robusteció gracias a sus estudios de Derecho, carrera que cursó con enorme brillo y que le abrió el camino para cursar también la maestría y el doctorado en esa disciplina.

Además de su aportación invaluable a la dramaturgia nacional, que le hizo merecedor de abundantes reconocimientos y premios, Rascón Banda fue novelista y guionista de cine. Asimismo, sabedor de los problemas y agravios que enfrenta el derecho autoral de los escritores en México, representó a su gremio, con grandes méritos y reconocimientos, en la presidencia de la Sociedad General de Escritores de México.

Estoy cierta de que a pesar de su ausencia lo seguiremos recordando por haber sido tan buen amigo, así como por su talento, generosidad y estoica lucha a favor de la vida que, bien sabemos es “sueño”, como diría Calderón de la Barca.

Por eso, su obra e importante herencia literaria es memoria presente, inolvidable y entrañable.

Pese a su ausencia física, sigue, seguirá, el canto de Víctor Hugo Rascón Banda, para fortuna nuestra.


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México con el Dalai Lama, a pesar de sus gobernantes

Martha Chapa
8 de agosto de 2008

A diferencia de lo que ocurrió hace dos años, el Dalai Lama no será recibido oficialmente por los ejecutivos federal y local de la ciudad de México.

Así de absurdo como suena. Ambas instancias, es decir, el gobierno capitalino encabezado por Marcelo Ebrard, por un lado, y la Presidencia de la República, a cargo de Felipe Calderón, por el otro, cometen un error, no sólo en cuanto al país, sino en el plano internacional. Para empezar, quedan disminuidos ante sus antecesores , quienes le dieron un trato especial a tan distinguido personaje, pues no hay que olvidar que se trata del Premio Nobel de la Paz, así carezca de una representación como jefe de Estado.

En 2006, tanto Vicente Fox como Andrés Manuel López Obrador recibieron con todo respeto y cordialidad a este hombre conocido y reconocido en todo el mundo, lo cual habló muy bien de ambos y generó una respuesta muy favorable de la opinión pública. Además, lo respaldaron con todo el apoyo logístico, de seguridad y asistencia técnica en sus múltiples e importantes compromisos con otras organizaciones e instituciones, como la Cámara de Diputados, la Universidad Nacional y diversos organismos sociales y privados.

Ahora, en cambio, el presidente de México y el jefe de Gobierno del Distrito Federal incumplen la tradición de nuestro país que lo ha caracterizado por recibir con un sentido de pluralidad a grandes personalidades que, como en este caso, son símbolo de la política pacifista y de la no intervención.

Es más que evidente que uno y otro fueron presionados por China, esa potencia que adquiere cada día más influencia en nuestra sociedad contemporánea, gracias a su enorme poderío económico. Pero se equivocan, pues si bien se trata de una potencia emergente en el mundo globalizado de hoy, no supieron negociar con esa nación, y cedieron todo para ganar unas cuantas inversiones, cuando lo adecuado hubiera sido firmar todos los convenios que se quiera, que realmente favorezcan al desarrollo de nuestro país, pero sin supeditar nuestra soberanía en términos de decisiones libres y autónomas frente a transacciones financieras o tecnológicas, por más jugosas que fueran, porque en realidad no lo son.

Además, hay una seria contradicción en esta decisión de dar la espalda al Dalai Lama, pues el modelo chino se basa en la explotación de sus trabajadores, el autoritarismo político, la falta de libertades y democracia, y en ocasiones hasta la propia represión ciudadana.

Por otra parte, también en el rubro ecológico estamos conscientes de que los chinos, en ese afán de sostener su vertiginoso crecimiento, se están convirtiendo en un basurero y tierra de desecho, gracias a lo cual alcanzan preocupantes índices de contaminación ambiental.

Y, por si algo faltara, ni Ebrard ni Calderón han atacado de manera frontal y decidida el contrabando de productos chinos –y asiáticos en general– que ingresan al país sin cortapisas; obviamente, sin pagar impuestos o aranceles. Esos productos, muchas veces de ínfima calidad, que justamente por eso se venden a precios irrisorios, además de que afectan seriamente a los trabajadores mexicanos, provocan grandes perjuicios a la industria y el comercio mexicanos, que en muchos casos se han visto precisados a cerrar sus operaciones, cancelar nuevos empleos, realizar despidos masivos y asumir pérdidas cuantiosas.

¿No sería mucho mejor combatir en serio y de manera definitiva este comercio ilegal, lo que nos significaría mayores beneficios al lado de los muy escasos que se obtienen a mediano o largo plazo con las limitadas inversiones de China en México?

El panorama se vislumbra aún peor cuando nos enteramos de que adicionalmente se dictó una línea política para que se le cerraran todos los espacios públicos al Dalai Lama, incluidos los sistemas de protección para su seguridad en nuestro país, lo cual desde mi punto de vista hace a nuestras autoridades responsables de cualquier posible daño que alguien pudiera intentar contra este líder budista.

Este giro en la política nacional y también en la local es evidencia contundente de que ni Ebrard ni Calderón tienen estatura de estadistas, por lo cual se mantienen inmersos en “grillas baratas” de sus propios partidos, atentos a intereses inmediatistas y políticas de bajo nivel.

La verdad es que uno y otro pierden un espacio de privilegio para su proyección nacional e internacional como demócratas y defensores de los derechos humanos, pues no se trata de una cuestión religiosa o política de carácter formal, sino de la presencia de una voz autorizada que convoca a la armonía, la tolerancia y la paz en todo el mundo; es decir, una postura sólida y legítima contra la violencia y la guerra y a favor del humanismo de nuestros días.

En cambio, el panorama del otro lado del Atlántico es completamente distinto; ahí sí se puede respirar el aire de la democracia y la tolerancia. La Comunidad Europea en su conjunto ha dado muestras de apoyo y reconocimiento a este gran luchador de los derechos y las libertades del hombre. Lo mismo ocurre en Estados Unidos, pues a pesar de los muchos aspectos criticables de George Bush, hay que reconocer que en su momento ha sabido rendirle un trato digno a tan digno visitante, a la altura de su investidura moral y espiritual. Incluso, los dos virtuales candidatos a la presidencia de Estados Unidos externaron su respaldo más abierto al ilustre personaje.

Pero más allá de la tozudez, insensibilidad y subordinación al poder chino por parte de las autoridades mexicanas, nuestro pueblo ha aceptado y recibido con afecto al Dalai Lama desde tiempo atrás y sin duda mostrará de nueva cuenta su adhesión por donde él pase, donde él esté y con lo que él exprese.
Y queda claro, como lo han demostrado los verdaderos estadistas, que bien se puede otorgar un trato digno y un reconocimiento a un representante destacado como éste, e incluso coincidir con las banderas que enarbola, sin que necesariamente eso signifique estar contra China, ni siquiera cuestionar a su gobierno bajo la premisa de la autodeterminación de los pueblos; mucho menos, mancillar sus instituciones.

Con qué facilidad se pusieron en evidencia nuestros gobernantes –en lenguaje popular, qué rápido mostraron el cobre– por la falsa urgencia de consumar unos negocitos que suponen un elevadísimo e innecesario pago de facturas, dentro y fuera del país.

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La gran Antonieta

Martha Chapa
18 de julio de 2008


Si bien fue bautizada como María Antonieta Valeria Rivas Mercado y Castellanos, aquella niña que vio la luz justo al despuntar el siglo XX –nació en 1900–, pronto abrevió su nombre para dejarlo en un escueto Antonieta Rivas Mercado. Quizá lo hizo para más parecerse a su papá: el célebre arquitecto Antonio Rivas Mercado, a quien adoraba y para quien ella era la hija consentida.

En contrapartida, le tenía poco afecto a su madre, quien había abandonado a la familia, por lo que en su casa jamás se le volvió a mencionar. Con sus hermanos Amelia, Elisa y Mario, Antonieta no guardaba semejanza alguna, ni siquiera en el color de la piel, ya que ella era morena. Se cuenta que por esa razón la repudiaban en la familia, ya que la mayoría de sus integrantes se consideraban de estirpe blanca y aristocrática (ya saben, prejuicios inherentes al porfiriato).

Dice José Vasconcelos, en el capitulo que le consagra en sus memorias, que Antonieta no era físicamente deslumbrante, pero su presencia, el hálito que emanaba cuando aparecía, era luminoso. La gente dejaba de ver a la mujer de carne y hueso para observar aquel espectáculo de la inteligencia, de la finura del espíritu, de la elegancia.

Sabemos que existen afinidades, miles de coincidencias, entre mujeres talentosas que han destacado en la vida cultural de México. Tal vez como idea arrebatada –de ninguna manera pretendo establecer una tesis–, se me antoja pensar que al construir el interior de su alma, muchas de ellas, por quién sabe que extrañas razones, se sienten en la necesidad de destruir el exterior –el cuerpo– y por ello ponen fin a sus vidas.

Otro pensamiento de similar naturaleza existía hace algún tiempo y aún se asoma, por desgracia, en ciertos aspectos de la educación de las damas: nuestro papel era siempre estar detrás del varón. Luego intentamos caminar hombro con hombro para apoyarnos, para luchar juntos hombre y mujer. Sin embargo, algunos varones no han estado de acuerdo con esta situación y mucho menos aceptan que sus compañeras den un paso adelante. Y si pese a ello las mujeres deciden marchar a su propio paso, pagan un precio muy caro: soledad, marginación, críticas demoledoras.

Muchas no soportan el peso de toda esta insensibilidad y, en su frustración y desesperación, ponen fin a su existencia de manera trágica. Por supuesto, es importante reconocer que las cosas están cambiando y hay hombres que sienten orgullo por los triunfos de sus mujeres.

Por eso me refiero hoy a una de esas mujeres dolientes, que padecieron las injusticias de una época. Pese a los muchos libros, ensayos, poemas, películas que ha inspirado Antonieta Rivas Mercado, algo nuevo queda bajo su sol. Mujer múltiple, bien dotada, permite, invita, incita a indagar una y otra vez acerca de su vida, pues en realidad se le conoce más a través de su muerte: su suicidio, a edad aún muy joven, en la catedral de Notre Dame, en París.

Pero Antonieta Rivas Mercado fue mucho más que una mujer que decidió quitarse la vida en un imponente recinto religioso europeo. Toda ella representa una señera figura de nuestra cultura, una leyenda, una gran mujer que defendió los derechos de género y siempre se mantuvo a la vanguardia. En sí, un personaje que constituyó un referente de la cultura de aquel México posrevolucionario que empezó a crear instituciones.

Siempre la tenderemos presente, y más ahora, con la exposición que se ha montado en el Museo de Bellas Artes de la ciudad de México y que ya abrió sus puertas al público, luego de que fue inaugurada en ceremonia a la que asistió el presidente de la república, Felipe Calderón. Una muestra que a través de las 180 piezas nos ayuda a reconstruir esa gran figura de las primeras décadas del siglo XX.

La vida de Antonieta fue intensa y vital, pero con una pasión tal que la condujo al triste final en la flor de su vida, en una época marcada por el romanticismo que parecía enarbolar emociones y sentimientos al filo de la existencia. Sus biógrafos nos hablan de momentos tan difíciles y de profunda depresión, lejos de la tierra propia, que seguramente la llevaron a su última y fatal decisión.

Como decía antes, de niña recibió una fuerte influencia de su padre, el distinguido arquitecto Antonio Rivas Mercado, que entre otras de sus obras tuvo a su cargo la construcción del Monumento a la Independencia (El Ángel), inaugurado en 1910 para conmemorar el centenario de la gesta iniciada por Miguel Hidalgo.

Pronto esa niña, afecta a los libros y las artes, iría encontrando su vocación hasta convertirse en una excepcional promotora cultural que puso toda su fe en el poder redentor de la cultura, de los libros, del alfabeto, de la pluma, de la tinta, de la biblioteca, de las salas de exposiciones, de la música. Y tal vez soñara alguna vez, en sus momentos de soledad y desvelos, en que si Vasconcelos llegaba a la Presidencia de la República, la nombraría secretaria de Educación para, de ese modo, poner en práctica todas sus innovadoras ideas. Antonieta estuvo en la campaña presidencial de Vasconcelos; de esta experiencia dejó interesantes testimonios. Trabajó por eso y para eso.

No debo omitir que su espíritu generoso la llevó a gastar su propio dinero en editar libros de autores tales como Celestino Gorostiza, Salvador Novo, Samuel Ramos, Xavier Villaurrutia y también de Andrés Henestrosa, a quien llamaba
El Niño. Fue ella quien le dijo al oaxaqueño que algún día llegaría a ser un gran escritor; él, años después, entre coquetería y seriedad, afirmaba que la hada quiso, pero los hados no. Andrés comentaba que en eso Antonieta fue mala profeta, pero yo creo que no, porque su predicción se cumplió: Andrés Henestrosa fue un escritor de excepción.

Aquel afán de promover la cultura la llevó a crear e patronato de la Orquesta Sinfónica Nacional; a traducir a los escritores más famosos de esa época, como Eugene O’Neal, Jean Cocteau, George Bernard Shaw. También por aquella razón trajo a México a quienes innovaban la escena musical mundial: Copland, Ravel, Stravinsky. Así era como preparaba el ambiente para, llegada la hora, poner en práctica sus conocimientos.

Sueños que, por inasibles, la llevaron a la extrema desesperación; la otra gota de amargura que, al rebasar el vaso, la condujo a la muerte. Su vida, tan fugaz, no está del todo reconstruida, como tampoco se ha dado con la razón última del tremendo paso final. Por ejemplo, quisiera saber: ¿de qué estaba hecha ella?, ¿era mujer de carne y hueso o más de carne que de hueso? ¿Quién era Antonieta Rivas Mercado cuando estaba a solas? Se sabe, por un diario suyo, desgraciadamente ahora extraviado, cuáles fueron sus reacciones como mujer, cómo era cada veintiocho días, cómo cinco días después; cuál el sabor de su boca antes y después del beso. Una mujer dotada, como ella, era necesariamente extremada en sus apetencias carnales. Su inteligencia, su imaginación, se desbordaban en la hora suprema; es decir, en la dicha amorosa.

Hoy la vemos en toda su dimensión y reconocemos sus múltiples y meritorias herencias, pues esas décadas en la vida cultural y política de México no se entenderían sin ella.

La presencia de mujeres con esa enorme dimensión, que aun en la muerte vencieron al destino, se requieren hoy más que nunca, cuando la República parece no encontrar su propio derrotero y toda la nación espera nuevos liderazgos y personajes que aceleren la dinámica del cambio cultural, moral, social y político que anhelamos.

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Ahora o nunca

Martha Chapa
18 de julio de 2008

Hace unos días, cuando tuve el privilegio de asistir a una siembra simbólica de árboles en un parque ecológico situado en el estado de Quintana Roo, reconsideré una serie de hechos que se vinculan al tema del medio ambiente, además de que asocian con acontecimientos recientes de enorme trascendencia.

Veamos primero los que tienen una consecuencia mundial, dentro del alarmante problema del calentamiento global.

Sabemos que en Japón se reunieron hace apenas un par de semanas los mandatarios de los poderosos países que conforman el llamado Grupo de los Ocho (G-8) y abrieron un espacio para debatir asuntos del medio ambiente.

El resultado, contra lo que hubiera deseado la gran mayoría de quienes poblamos la Tierra, fue ambivalente, pues si bien puede considerarse positivo que revisaran juntos estos nuevos fenómenos ambientales, no todos se comprometieron a la aplicación de medidas a fondo y con carácter de urgentes.

Así, por ejemplo, China e India, con una deplorable irresponsabilidad, se negaron a adoptar medidas en el corto plazo respecto a su industria, no obstante que ambos países, juntos, representan un segmento importante del problema actual. Y en cuanto al resto de las naciones participantes, también se registraron altibajos, aunque por suerte y como excpción hubo aquellas que insistieron en adoptar políticas diferentes, con las que se comprometieron, en lo que se refiere al tipo de energéticos y procesos diversos que generan el bióxido de carbono, tan contaminante y dañino para el equilibrio climático del planeta.

Al respecto, no tenemos que ir muy lejos, pues ya en América Latina se presentan serios desajustes ambientales, como lo que ocurre en el sur de nuestro continente, un preocupante fenómeno que quedó registrado en los medios de comunicación en días recientes: el inmenso glaciar Perito Moreno en la Patagonia argentina se está derritiendo en pleno invierno, signo más que contundente del calentamiento global.

Al final, en el mencionado foro internacional sólo se pactó una nueva reunión de análisis para el 2009; es decir, pareciera que no hay prisa, mientras la destrucción del entorno avanza y pone en peligro la subsistencia de nuestra propia especie.

México, de más está decirlo, no se salva de esta devastación. Así, comprobamos cómo han variado los climas y aparecen fenómenos meteorológicos naturales que causan graves perjuicios, llámense largas sequías o precipitaciones pluviales excesivas; es decir, mucha agua donde no se necesita y escasez del líquido en zonas donde es indispensable para producir o, por lo menos, para mantener el ecosistema en niveles de protección de flora y fauna.

Sin embargo, hay que reconocer en forma paralela que en nuestro país sí se están emprendiendo campañas de reforestación, como la que en fecha reciente anunciara el presidente Felipe Calderón, que prevé la siembra de varios millones de árboles.

Hay, entonces, pequeños avances, pero no deja de resultar frustrante que nada ocurra en las reuniones de los poderosos, que todo lo ven a través del cristal de sus propios intereses financieros.

Pero el tiempo y el deterioro avanzan, de modo que, sin pretender que suene a predicción apocalíptica, sospecho que la naturaleza ya tocó su “tercera llamada”.

De verdad, es ahora cuando tenemos que detener a lo largo y ancho del orbe esta egoísta e insensata actitud de los países poderosos, que en aras de un supuesto desarrollo atentan contra la vida y la supervivencia de la humanidad actual y futura.

Los años o las décadas están contados y, si no actuamos, todos perderemos, más allá del magnitud de la culpa de cada cual. ¿Qué no lo saben los líderes mundiales?, ¿no lo ven día a día.

Insistamos, entonces, unámonos, exijamos desde lo más sencillo e inmediato en el plano de lo cotidiano, hasta promover y formar grandes cadenas de presión pública. Ojalá así logremos salvarnos a nosotros mismos y a nuestro planeta.

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Árbol de vida

Martha Chapa
11 de julio de 2008


De nuevo la frontera sur me abre sus brazos generosos, ahora para la siembra de un árbol en el inmensamente bello Xel-Há, como símbolo de la defensa y preservación del medio ambiente.

Y justo ahora que estaré dentro de un par de días por ese paradisiaco lugar, no dejo de evocar la poesía que ha emergido de su tierra, de su arena, de su mar, de su calidez, de su gente.

Recuerdo, por ejemplo, un magnífico libro que editó el gobierno de Chiapas en el marco del Programa Cultural de las Fronteras. Se trata de una muestra de poetas y narradores de esa franja del sureste mexicano que conforman Quintana Roo, Campeche, Yucatán, Tabasco y Chiapas.

Para empezar, me encanta el título que le dieron a esa obra:
Tiempo vegetal, pues lo considero a la vez una proclama y una convocatoria para sumarnos lo mismo a la poesía que a la lucha ecológica.

Ya en las portadillas se advierte el banquete poético que este volumen nos depara. Por un lado, José Carlos Becerra con “La selva transcurre vendada de lluvia, todo yace enterrado en las grandes cabezas de piedra […] la selva lo acecha todo, su velocidad tiene forma de pozo […] Todo está igual que el primer día, sin embargo…”; por otra, Jaime Sabines que nos conforta cuando dice: “Amanece sobre la tierra, entre los árboles, una luz silenciosa, profunda”.

Y así, cada uno de los autores, con particular relevancia Carlos Pellicer, Rosario Castellanos, Juan de la Cabada, José Gorostiza, al lado de otros que constituyen, en su conjunto, una cascada bella y refrescante para el espíritu.

Con razón en la contraportada nos advierten que tan inmensos poetas se conjugan como selva, viento y agua.

De hecho, frente a la oportunidad de colaborar en este noble empeño para cuidar al planeta me inspira lo que sus artistas y sus invaluables aportaciones han sembrado desde los tiempos del Popol-Vuh y el Chilam Balam.

Total, que estoy preparando el equipaje para viajar a esos paradisiacos lugares de sur mexicano. Sembraré, me dicen, un árbol de la especie llamada
Burseraceae, que reproduce, a su vez, esta hermosa leyenda: “Hace ya mucho tiempo, dos príncipes se enamoraron de la misma princesa maya. Uno era muy malo, no quería a la gente, era egoísta y celoso, se llamaba Dzic (Furia). El otro era noble y bueno, llamado Kinich (Rostro del sol). La princesa Nicté Há quería mucho al príncipe bueno, pero el malo no quería dejársela. Un día trato de acabar con su contrincante, que además era su hermano. Los dioses muy molestos por su acción lo castigaron transformándolo en un árbol, al que llamaron Chechen pero era tan malo que aun en forma de árbol trataba de lastimar a la gente con su resina. El príncipe bueno pidió a los dioses que a él también lo convirtieran en árbol, que con su resina pudiera curar la quemadura del Chechen y lo llamaron Chacah, pero dispusieron que crecieran uno cerca del otro eternamente, lo que al paso de los siglos continúa sucediendo: siempre cerca de un Chechen crece otro de Chacah”.

Voy, entonces, con el alma abierta, a esos lares donde la poesía y el amor a la tierra se ven, se sienten, se escuchan, se respiran. Regresaré, estoy segura, con la conciencia ecológica revitalizada y dispuesta más que nunca a refrendar día a día mi compromiso con la supervivencia del planeta.

Si acaso, lo único que lamento es que haya dejado de celebrarse el Festival Internacional de Cultura del Caribe, que nació en Quintana Roo en 1986 y al cual asistían artistas e intelectuales de más de 20 países de la región, como una gran fiesta de paz, fraternal encuentro, rica cultura y defensa solidaria de la Tierra. Confiamos en que pronto haya convocatorias similares para festejar juntos las expresiones culturales, la fraternidad y la vida.

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El gran ejemplo de Colombia

Martha Chapa
11 de julio de 2008


De verdad nos dejó atónitos el rescate de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes secuestrados desde hace años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), incursión exitosa que fue digno de una producción cinematográfica hollywoodense. Bien dicen que con frecuencia la realidad supera a la ficción.

Pero más allá de una logística asombrosamente perfecta, al grado de que no ha faltado quien circule la versión de que fue todo un montaje –lo que a mi parecer resulta muy improbable, prácticamente imposible–, es evidente el desgaste y la desorganización de las FARC y el repudio generalizado hacia ellas dentro y fuera de Colombia. La acción tan bien concertada de las fuerzas armadas de esa nación sudamericana sienta un precedente como estrategia bien organizada, limpia y exitosa contra el imperdonable crimen de la privación de la libertad.

Por ende, celebramos el hecho, al margen de cualquier diferencia ideológica o política que mantengamos frente a la gestión del presidente Uribe, pues no podemos dejar de reconocer su mérito por su firme decisión de combatir al narcotráfico y a quienes con la falsa bandera de la política no son sino delincuentes que se niegan a participar en la vía democrática.

Guardadas las proporciones entre México y Colombia, uno desearía que en nuestra tierra se ejecutaran acciones de una contundencia similar, pues si bien el presidente Calderón ha iniciado una decidida lucha contra los carteles de la droga, es obvio que ha faltado planeación, estrategias, respeto a los derechos humanos y, en especial, tareas de inteligencia.

En efecto, muchos de los operativos contra el narcotráfico han resultado ridículos y, peor aún, ineficaces, pues en lugar de actuar con sigilo, precisión y audacia, prácticamente se anuncia con toda anticipación la llegada de las tropas para que los delincuentes puedan con tranquilidad tomar sus previsiones.

Y siguiendo con el caso colombiano, cuánto nos impactó además la regia figura de Ingrid Betancourt, una mujer inteligente, sensible, bien preparada, valiente –fuerte y lúcida luego de más de seis años de vivir en férreo cautiverio– y con un sentido de profundo humanismo, tan escaso en nuestros tiempos. Por tanto, se convierte ya, de manera natural, en una posible candidata para las siguientes elecciones presidenciales en ese país. Independientemente de sus posibilidades electorales, queda ya como una figura internacional que por su autoridad moral podría contribuir a la concordia y la paz entre los pueblos.

Otras consecuencias de estos hechos apuntan hacia diferentes latitudes. Así, por ejemplo, independientemente de la disolución de la guerrilla colombiana, el mensaje debe llegar hasta nosotros, en nuestro propio país, ya no digamos a Venezuela , Bolivia y, desde luego, a Cuba, donde ojalá Raúl Castro se decida a iniciar en verdad vías democráticas que mucho le beneficiaran a ese país hermano, pues contribuiría a terminar con los bloqueos económicos que, también hay que decirlo, Estados Unidos ha impulsado de manera abusiva a lo largo de décadas.

Y por lo que toca a México, decíamos, anhelamos que se reactiven los espacios del diálogo con el EPR y cualquier otro grupo armado, a fin de pactar compromisos para reducir la pobreza, el atraso, la inequidad, la injusticia y tantas cuestiones que es necesario resolver, al igual que ocurre con la humanidad en su conjunto.

Ésta es también una buena lección del rescate del grupo de rehenes que desde el primer momento trascendió las fronteras colombianas. Ojala pudieran sentarse las bases para que se establezcan nuevos acuerdos y los diferentes sectores colmbianos lograran superar sus diferencias, con lo que a la vez se evitaría cualquier conflicto entre Colombia, Ecuador y Venezuela, pues si bien los mandatarios Hugo Chávez y Rafael Correa reconocieron ese logro de su homólogo Alvaro Uribe, el hecho no fue suficiente para sentar las bases de un mayor entendimiento con beneficios recíprocos en cuanto a intercambios económicos, culturales, tecnológicos y en otros campos.

En fin, que los acontecimientos recientes, además de haber beneficiado, prestigiado y legitimado la presidencia de Uribe, lo ponen a la cabeza de una nueva concepción de la defensa de los derechos humanos que no puede ni debe quedar en el mero trabajo formal de comisiones locales o en la materia.
Desde luego, debo dejar muy claro que con esto no pretendo justificar la represión y la violencia institucionalizada, que sólo se explica en casos extremos, como lo acabamos de ver en Colombia. Y por ningún motivo estaríamos de acuerdo en golpes de Estado o cuartelazos de parte de los militares, como ocurrió en los años setenta del siglo pasado con el el golpe de Estado contra el doctor Salvador Allende en Chile y la irrupción del pinochetismo criminal, o de cualquier otro signo ideológico que destruya las instituciones democráticas y los avances civiles de la sociedad, en el ejercicio de las libertades y los derechos humanos.

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Por Oaxaca

Martha Chapa
4 de julio de 2008
 

Desde años atrás venía siendo recurrente la movilización del magisterio oaxaqueño, pero la mayor confrontación entre este gremio y el gobierno local ocurrió durante el 2006, luego de la formación de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, la famosa APPO.

Aún recordamos la intensidad de los enfrentamientos que se registraron en la capital oaxaqueña hace dos años y las consecuencias que este conflicto tuvo para el propio movimiento y sus líderes, que se fueron radicalizando a la par del endurecimiento de las autoridades estatales.

Y bien sabemos que se requirió la intervención de la Policía Federal Preventiva, que aplicó un operativo a fondo, para que comenzara a diluirse dicho movimiento.

En esos días se comentó insistentemente que en el fondo del conflicto magisterial en el estado anidaban rencillas electorales entre grupos de poder encabezados por ex gobernadores y otros políticos, como Roberto Madrazo a favor de Ulises Ruiz, y Diódoro Carrasco junto con Gabino Cué, en contra. Además, se hablaba con insistencia de que los intereses de Elba Esther Gordillo no eran ajenos al asunto.

Más allá de quién le quería meter el pie a quién, en todo caso el gran perjudicado fue el estado de Oaxaca; su economía, su comercio, su turismo y la sociedad misma en su conjunto.

Los daños derivados de esos graves enfrentamientos fueron cuantiosos: cierre de comercios, quiebra de negocios, pérdida de empleos, caída de inversiones. En buena medida, lo que se “ganó” fue atraso y mayor empobrecimiento, además de una imagen de ingobernabilidad que ahuyentó al turismo, en particular al procedente de otros países, que representa una gran derrama de dinero, lo que resulta relevante en cualquier caso, pero más aún en una entidad que posee elevados índices de pobreza y marginalidad.
El conflicto parece haber amainado, aunque no ha desaparecido, pues de nueva cuenta el magisterio ha echado a andar sus consabidos plantones, mítines y marchas.

Ante esa situación de latente amenaza a la paz pública y a la estabilidad, esperamos, por el bien de Oaxaca y de todo el país, que se aliente más el diálogo, la negociación y la voluntad política de los protagonistas, prendas que hasta ahora han brillado por su ausencia.

Viene a propósito todo esto porque recientemente visité ese hermoso estado con motivo de un reconocimiento que se otorgó a nuestro programa de televisión “El sabor del saber” por parte de la Asociación Nacional de Locutores.

Ahí pude constatar que si bien la situación ha mejorado y las actividades parecen haber retomado su ritmo normal, prevalecen amagos de violencia que podrían concretarse con lamentables resultados, sobre todo en un año de perfil electoral, como el 2009, en el que habrá comicios federales.

Será necesario, entonces, ampliar los espacios de diálogo y tolerancia política para alcanzar una serie de acuerdos más sólidos, definitivos y perdurables.

De lo contrario, como suele ocurrir, el pueblo es el que pagará los daños. Además terminaría por empañarse la imagen de Oaxaca y del país todo en el entorno internacional, con las dañinas consecuencias que eso tendría.

De verdad, sería un gravísimo error caer en un nuevo choque, que podría conducir a la reaparición del caos y la violencia, pues se sumiría a Oaxaca todavía más en la marginación. ¿O será que de eso se trata?

Ya veremos pronto quién está del lado de la razón, de las mayorías y de la prosperidad común.

Ojalá todos respondan de manera positiva y, de no ocurrir así, que el pueblo se los demande, de una vez por todas, en las próximas elecciones.

 
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Mi novia, la tristeza

Martha Chapa
4 de julio de 2008


He tenido entre mis manos, ávidas de hojear una y otra vez, un excelente libro que desde la portada me atrajo de inmediato por el regio porte de Agustín Lara en la imagen que ahí aparece. Se trata de una obra de mi querida amiga Guadalupe Loaeza, que suma así un éxito más a su ya larga cadena de logros editoriales.

A la vez, fue inevitable recordar a otro gran amigo, Carlos Monsiváis, quien también se ha ocupado de ese célebre personaje que para mí representa todo un hito, no sólo en el plano literario, sino también en el sociológico.

Así, cada cual a su manera, ambos nos ofrecen sus retratos de quien llenara toda una época musical y sentimental en México. En
Amor perdido, libro inolvidable de Monsiváis, se menciona a este importante personaje y se hace un análisis de la temática de sus canciones en el contexto histórico de su tiempo.

Ahora, Guadalupe Loaeza en
Mi novia, la tristeza, no se limita a una simple semblanza biográfica o la recopilación de anécdotas que, por supuesto, abundan. Es, como indica el comentario preparado por editorial Océano para la obra, “el encuentro más pleno y emotivo que se haya elaborado hasta hoy con la figura de Agustín Lara. Es una pintura vivaz e informada del gran compositor, del México que le tocó vivir, de su música, de sus intérpretes, de las películas en las que participó, así como de los avatares de una existencia de alguna manera marcada por la búsqueda de un ideal amoroso que se vislumbra en la letra de sus canciones”. A casi 40 años de su muerte, Agustín Lara sigue presente y despertando el interés por su obra y por su apasionante vida. El libro escrito por Guadalupe Loaeza en conjunto con el musicólogo Pável Granados nos ofrece también un detallado retrato de las mujeres que tuvieron más relevancia en la vida del músico veracruzano.

En fin, una obra magnífica, con fotografías, anécdotas, cartas y mucha información proveniente de una investigación larga y exhaustiva que le valió a Guadalupe Loaeza ser merecedora de la medalla Agustín Lara en su emisión 2007, presea concedida por el gobierno de Veracruz.

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Responsabilidad, desde arriba hasta abajo

Martha Chapa
27 de junio de 2008

Otra vez la tragedia se originó en un antro al que nunca debió permitírsele funcionar. Es ahí donde empieza la responsabilidad del gobierno del Distrito Federal.

Desde el viernes pasado, es notorio que el propio jefe de gobierno Marcelo Ebrard, tan proclive a las cámaras y micrófonos, apenas da la cara; evade el compromiso y evita hacer declaraciones y tomar decisiones para aclarar los hechos. En cambio, se engrosa la lista de culpables, donde seguramente junto a los responsables reales se han colocado
chivos expiatorios.

Pero más allá de deslindar responsabilidades no debemos perder de vista la raíz del problema. Porque el asunto empieza desde el momento en que se autoriza el funcionamiento de estos lugares disfrazados de salones de fiestas, donde las anomalías e irregularidades se desbordan desde el día de su apertura.

¿Cómo es posible
, por ejemplo, que se le haya otorgado el permiso a este sitio que poseía una salida de emergencia de dimensiones tan reducidas que apenas pasaba una persona, inconcebible para el aforo de que dispone? Y, peor todavía, que no se hayan hecho revisiones periódicas, con inspectores que habrían detectado a primera vista las violaciones a la normatividad, en particular el bloqueo de estas áreas de emergencia. Más aún cuando todo mundo está al tanto de la existencia de estas dizque tardeadas, que deberían llevarse a cabo dentro de estrictas normas de seguridad, sobre todo porque quienes acuden son jovencitos y adolescentes a quienes tendríamos que cuidar y proteger.

Queda así al descubierto no sólo la negligencia e incapacidad de las autoridades, desde la más alta jerarquía hasta los actores del operativo, sino muy probablemente –como lo ha denunciado de manera creciente la ciudadanía– actos incalificables de violencia e irresponsabilidad, sumados a la impunidad y la corrupción.

Y si a eso se añade la deficiencia y torpeza criminal de los responsables de estos operativos, pues –ya lo vimos, por desgracia– el resultado es verdaderamente fatal.

Entonces, es natural preguntarnos: ¿de cuántas acciones de este tipo ni nos enteramos, pese a que se realizan cotidianamente en antros que funcionan en tales condiciones, como el News Divine?

A pesar de que pretendía deslindarse de su responsabilidad, el delegado en la Gustavo A. Madero se vio obligado a solicitar licencia a su cargo para dar paso a las investigaciones. A su vez, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Joel Ortega, sigue afirmando que él no tiene culpa alguna y continúa más preocupado por su futuro político que por el servicio a la ciudadanía.

Por suerte, también hay funcionarios responsables que asumen con seriedad su trabajo. Es el caso del presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza, quien una vez más ha mostrado en su cargo valentía y capacidad, y se ha convertido en el defensor de los padres de familia que sufrieron tan lamentable y absurda pérdida de hijos e hijas.

En cualquier caso, al margen de las grandezas y miserias de cada quien, deberá seguirse un proceso judicial en todas las instancias del gobierno capitalino vinculadas a esta cadena de fatales decisiones y criminales omisiones.

Y no debe ser lo único que se haga, pues también se precisa la intervención de asambleístas y diputados, o hasta de los propios partidos políticos que dicen representar a la ciudadanía.

De no ser así, podrían repetirse estos hechos de terribles consecuencias, pues la muerte de esa decena de jóvenes, casi niños, no puede compensarse con nada.

Y así fuera la pérdida de una sola vida
, tendría que actuarse a fondo, se trate de quien se trate. Porque los descuidos y negligencias del gobierno capitalino se suman a la inseguridad reinante en nuestra ciudad, ya de por sí insostenible e inaceptable.

Es vox populi señala que en otros países ya se hubiera presentado la renuncia o destitución de altos funcionarios responsables de esta imperdonable tragedia.

Porque no es la primera vez que algo así ocurre. Debieron saberlo y evitarlo, pero la cadena de la corrupción es larga y jugosa. ¿A dónde va el dinero y cómo se reparte? Deben ser sustanciosos los rendimientos derivados de la corrupción; simplemente consideremos la cantidad de estos sitios que pululan en las delegaciones políticas.

Por eso, muchos y muchas creemos que suben hasta el máximo nivel las mordidas de todos estos antros para que operen semana a semana en las peores condiciones. Y, si no resulta convincente este razonamiento, me permito una pregunta más: ¿está al menos enterado el jefe de gobierno de lo que hacen y dejan de hacer sus equipos de trabajo? Pues en un caso u otro –por omisión o por colusión–, el señor Ebrard no queda exento de culpas ni de responsabilidades.

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Palabras en reposo

Martha Chapa
27 de junio de 2008


Alí Chumacero recibió un merecido homenaje por sus 90 años de vida y todos quienes amamos la literatura –y, en particular, la poesía– debemos celebrarlo, pues se trata de un notable poeta y editor, cuya obra forma parte esencial de la literatura mexicana contemporánea.

El lunes 23 de junio se le brindó en la sala principal del Palacio de Bellas Artes –prácticamente repleta– un amplio reconocimiento, con la participación de destacados escritores que comentaron su obra poética e hicieron referencia a su trayectoria.

Estuvieron junto a él los escritores Dolores Castro, Jaime Labastida, Emmanuel Carballo, Eduardo Lizalde y Carlos Montemayor, quienes expresaron su admiración y afecto hacia este longevo “obrero de los libros”, como él mismo se ha denominado. Finalmente, Alí Chumacero pronunció un profundo mensaje, que llegó a su punto conmovedor cuando, aludiendo a sus nueve décadas de vida, sentenció: “igual, pronto nos vamos con nuestra música a otra parte”.

Poeta, editor, maestro, tipógrafo, corrector y amigo. Todas esas facetas de Chumacero salieron a relucir en este emotivo y más que merecido homenaje. Y él, modesto, afirmaba: “
En realidad, yo sólo he practicado el afán de hermanar el sentimiento y el rigor, a fin de mantener inalterable una vocación originada desde la adolescencia, fortalecida durante la madurez y siempre guiada a convertir en insólito lo cotidiano. La poesía es una forma del entusiasmo que, a veces, a través del tiempo, encuentra un límite vital”.

Unos días antes, el Fondo de Cultura Económica anunció que en breve publicará una edición de la poesía completa Alí Chumacero con prólogo de José Emilio Pacheco. Asimismo, informó que se bautizará con el nombre del poeta a la próxima librería del Fondo, que estará ubicada en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional Benito Juárez.

Ya desde el inicio de la ceremonia se advertía en los programas de mano un texto que sintetizaba bien esta vida fructífera del homenajeado:

“El largo camino de una vida como la de Alí Chumacero puede medirse, en su caso, por la originalidad de la obra que ha sido capaz de concebir y por su honda repercusión en el universo de las letras mexicanas a las que, desde distintos ámbitos, como poeta, como ensayista y como editor, ha contribuido a enriquecer. Heredero y renovador de una rica tradición poética iniciada por a generación de
Contemporáneos, Chumacero ha sido protagonista y observador de los movimientos culturales más relevantes de nuestras letras en el siglo XX. Es autor de una obra lírica breve […] concebida fundamentalmente en su juventud y primera madurez, pero de una luminosa expresividad. Una obra que, como afirmara José Emilio Pacheco, es comparable a “estrellas solitarias que brillan con luz propia en el cielo de nuestro idioma”. Compañero de autores tan notables como José Luis Martínez, Jorge González Durán y Leopoldo Zea en la juvenil empresa editorial que devino en la revista Tierra Nueva, Chumacero colaboró también en la creación de otras revistas de señalada trascendencia, como Letras de México y El Hijo Pródigo, además de suplementos culturales como México en la cultura y La cultura en México, a cuyo prestigio contribuyó con su trabajo disciplinado y su acertada orientación, encaminados siempre a dotar de vitalidad y dinamismo a la literatura mexicana […] Rendimos homenaje al creador y a toda una época dentro de la cultura y las letras mexicanas. Y celebramos este año nueve décadas en la vida de un hombre que nos legó un puñado de poemas reconcentrados y devocionales, escritos como una liturgia para los días comunes, preñados de preguntas y meditaciones sobre el amor, la soledad, la muerte, el dolor”.

A lo largo de esta reunión de amigos de las letras y el arte, desde luego evoque el grato recuerdo de Lourdes Chumacero, esposa de Alí, destacada galerista y promotora cultural que tanto me alentó y apoyo en mi carrera profesional dentro de las artes pláticas.

Y, como final de fiesta, se ofreció un excelente concierto del grupo Capella Cervantina, dirigida por el .

Quedó, pues, constancia de lo importante que es la poesía de este personaje nacido en Acaponeta, Nayarit, el 9 de julio de 1918 y quien no sólo ha participado en revistas cruciales en la vida intelectual del país –como señala el párrafo anterior–, sino que además tiene una larga trayectoria como editor del Fondo de Cultura Económica.
También fue fundador de la muy importante en incluso imprescindible serie SEPSetentas. Sus muchos méritos editoriales y literarios le han hecho merecedor de numerosos reconocimientos, como el Premio Xavier Villaurrutia 1980, el Premio Internacional Alfonso Reyes 1986 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes (Lingüística y Literatura) 1987. Entre sus poemarios, que ya forman parte de lo más rico del acervo literario mexicano, están:
Páramo de sueños (UNAM, 1944); Palabras en reposo (FCE, 1956); la antología Responso del peregrino (UNAM, 1980); Manantial de sombra (Aldús, 1998) y Antología personal (Colibrí, 2003)

Por todo, desde aquí un abrazo cordial a nuestros amigos Alí, así como a su hija Cantalú y a sus hijos.

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¡Santo! ¡Santo!

Martha Chapa
20 de junio de 2008


Desde la antigüedad, el deporte forma parte de las culturas, como ocurrió, por ejemplo, con la aparición de la lucha grecorromana, que en su nombre define sus orígenes y que con el tiempo se convirtiera en una disciplina olímpica.

Así, al paso de los siglos esa actividad se diversificó para dar lugar a otras justas deportivas e incluso se transformó en espectáculo, digamos que en la raíz de lo que hoy conocemos como la lucha libre.

En nuestro caso, el de México, esta disciplina empezó hacia finales del siglo XIX, pero fue en la época contemporánea, especialmente en los años cincuenta y sesenta, cuando vivió un clímax gracias a un luchador que habría de constituirse en el eje del espectáculo para llegar a ser con el tiempo todo un ícono: el Santo.

Sí, me refiero al Enmascarado de Plata, que simbolizaba el bien dentro y fuera del ring, personificación que lo condujo con frecuencia al cine, donde fue protagonista de alrededor de 50 de películas, en las que se enfrentaba por igual a gánsters o científicos desquiciados, e incluso hasta a zombies y mujeres vampiro.

Ahora, el mítico hombre de la lucha libre, que conservó su rostro oculto hasta su muerte, recibe un homenaje para quedar inmortalizado en una estampilla postal.

La idea, además de justa, es valiosa e imaginativa y fue iniciativa de la actual directora del Servicio Postal Mexicano, Purificación Carpinteyro, interesada por el rescate y la preservación de las expresiones más genuinas de nuestra cultura popular. Gracias a su propuesta, el jueves pasado se dio a conocer una serie de seis estampillas –tres de El Santo y tres de su heredero– con un tiraje de