Encuentro Nacional de Artistas y Creadores

Martha Chapa
29 de agosto


Tal como ocurre en otras entidades del país, en Chihuahua la vida está siendo afectada por las cruentas acciones de los cárteles del narcotráfico en sus disputas y revanchas con bandas rivales o en el ajuste de cuentas con las autoridades estatales y federales.

Al respecto, debe reconocerse que en el ámbito del gobierno federal se está dando una decidida y vigorosa lucha contra la delincuencia.

Por fortuna, estos embates de grupos criminales no han paralizado la actividad productiva de todos los días, de modo que el desarrollo industrial, comercial, agropecuario y de servicios continúan su marcha.

Dentro de esta gran actividad que se despliega cada día, la cultura también ha recibido un especial impulso. Un hecho que celebramos no sólo quienes pertenecemos a la comunidad artística e intelectual, sino la ciudadanía chihuahuense en general, es la posibilidad de disponer de múltiples espacios para el disfrute de los bienes y servicios culturales.

A propósito de este ámbito, en días próximos se estará realizando en la capital y varios municipios del estado el ya importante y prestigioso Festival Internacional.

A la vez, recientemente se efectuó –del 27 al 29 de agosto– el Encuentro Nacional de Artistas y Creadores auspiciado por la Dirección de Cultura del Municipio de Chihuahua. Ahí se abordaron temas de suma relevancia y actualidad, en torno a los cuales se registró la participación de casi 50 creadores y promotores de la cultura.

En las mesas de discusión ahí celebradas se trataron infinidad de temas, todos de interés para los asistentes. Lo mismo los derechos de autor en el ámbito nacional e internacional, que danza, ópera, crítica de arte, dimensión de los espacios, al igual que cine, fotografía, literatura y crítica literaria, música, teatro, pintura y escultura, entre otros aspectos que afectan a los espacios de la cultura.

Me correspondió intervenir en la reflexión sobre la creación de empresas culturales dentro del campo de las artes plásticas; un tema tan actual como interesante.

A lo largo de la reunión se fueron intercalando diversos números artísticos como “Historias y leyendas de Chihuahua”, que abarcaron etapas fundamentales (Independencia, Reforma y Revolución); un recital del magnífico Coro del Conservatorio de Música, conformado por más de 100 integrantes; el Grupo Latinoamérica, que se abocó a los ritmos tradicionales, así como un memorable concierto de la Orquesta de Cámara del Conservatorio de Música, que ya cumplió 20 años de vida.

Desde luego, en estas conferencias se abrió un espacio importante para propiciar la participación del público, que fue numeroso y predominantemente joven, lo cual resulto tranquilizante y alentador, pues, sin duda, lo que más nos hace falta es ampliar las audiencias culturales, bien sea para la lectura, los conciertos o las exposiciones.

La reunió terminó por constituir un intercambio fructífero y trascendente, pues las conclusiones de este encuentro derivarán con toda seguridad en nuevas políticas públicas, programas y apoyos que con seguridad se pondrán en marcha en el corto y mediano plazo.

No cabe duda que, pese a todo, Chihuahua está de pie y trabajando duro en todos los frentes, incluida –en un lugar relevante– la cultura, que aquí ocupa un lugar sustancial. Con ello se constata que conforma un rubro indispensable gracias a los elevados beneficios que aporta, tanto en el desarrollo individual como en lo relativo a la cohesión y armonía social.



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Ahora, Aura

Martha Chapa
22 de agosto de 2008

La ventisca de lo que los humanos llamamos muerte se llevó también a fines de julio al gran poeta Alejandro Aura:

Sabemos que además fue un buen promotor cultural, dramaturgo, actor, conductor de programas de televisión pero, ante todo, desde mi punto de vista, un meritorio exponente de la poesía contemporánea de México.

Hasta el último día de su vida escribió poesía y prueba de ello fue la práctica cotidiana de enviar sus textos a miles de usuarios de la Internet. Por cierto, al final, en esa tribuna compartió de manera abierta y conmovedora la experiencia de su ingreso al hospital, del que ya no saldría con vida.

Siempre alegre, vital y con un singular sentido del humor pidió que sus cenizas se mezclaran con cemento y se aplicaran a la pavimentación de la ciudad.

Debo decir que mi compañero Alejandro y él tenían cierto parentesco lejano, pues ambos procedían de la rama de los Ordorica, de Teocaltiche, Jalisco aunque eran primos lejanos.

Justamente ahora recordábamos Alejandro y yo cuando Aura montó una parodia que criticaba la omisión social y mercantilización de la radio comercial a través del monólogo que el genial actor-director escenificaba bajo el título de “XE-Bubulú”.

También nos viene a la memoria su animada participación en el Festival Internacional de Cultura del Caribe, a invitación de mi compañero Alejandro, quien la fundara en 1986. Por desgracia, cinco años después este foro cultural desapareció por la grave irresponsabilidad del gobierno de Quintana Roo y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de esa época (Flores Olea y Tovar y de Teresa).

Pero volvamos a Alejandro Aura, en cuya obra literaria destacan sus cuentos
Los baños de Celeste y su libro de poesía Volver a casa, con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1973.

Y qué mejor que tenerlo presente con uno de sus poemas, pues el artista nunca muere, queda su obra, que vuelve a latir y a brillar cada vez que la tenemos presente. Así, hoy lo recordamos con un fragmento de uno de los últimos textos que publicó:

“Hay días en que el ramalazo es tan fuerte que no sabe uno cómo esquivarlo, y eso me pasó ayer: me vino de pronto un malestar profundo por dentro y por fuera, dolores, incomodidades, tensiones, tristeza (mucha desesperanza). Y buscando cómo remediar la cosa –algo tengo que hacer, me dije, no puedo seguir por esta pendiente hasta donde le dé la gana– dormí lo mejor que pude; apagué la luz temprano y recogí cada pizca de sueño que pudiera encontrarme por ahí; total, pensé, si me despierto muy temprano en la mañana me pongo a leer o a ver qué invento.

Y hoy domingo me tengo hecho el propósito de pasarla lo mejor que se pueda. Y también para no estarles dando a mis interlocutores esas señas tan equívocas; que puedo seguir escribiendo pero que no puedo ya con el poema, y no sé qué dije ayer. Pero eso sí es cierto, y lo dije con la mayor seriedad; la verdad es que los cantos rodados me obligan a ponerme en un campo de batalla, el sitio de trabajo y eso, aunque lo haga lo más relajado posible, representa de todos modos un esfuerzo de concentración que requiere energía y ahora sí no tengo. Aprovecho para desearles buen domingo. Que les dé sabroso el sol y que tengan brisa para refrescarse” (domingo 27 de julio de 2008).


Tres días después, el polifacético poeta, narrador, dramaturgo, conductor, director y guionista fallecía en Madrid. En medio de la tristeza por su ausencia física, nos alienta saber, sin lugar a dudas, que su aura aún vive y nos ilumina.


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Tercera llamada

Martha Chapa
8 de agosto de 2008


El teatro en México acaba de sufrir una inmensa pérdida: se fue un dramaturgo talentoso, original e imaginativo. En plenitud de su productividad, Víctor Hugo Rascón Banda, hombre de escenarios múltiples, que combinó las letras, la abogacía y la defensa de los derechos de autor, falleció el pasado 31 de julio.

A modo de homenaje, recordemos algunas de sus obras, en las que despliega textos y escenas deslumbrantes, llenas de tensión dramática con un toque alegórico, o bien de hechos reales, como crónicas de su tiempo, con un manejo tan hábil que permitía mostrar la belleza de la realidad sin evadir su crudeza.

Conocedor como pocos del quehacer teatral, Rascón Banda escribió varias piezas que ya son centrales en la dramaturgia mexicana:
Voces en el umbral, Playa azul, Armas blancas, Table dance, Manos arriba, La fiera del Ajusco, Cierren las puertas, Contrabando, El caso Santos y La Malinche.

Dejó, asimismo, Sazón de mujer, que es un canto a la vida, que escribió en medio de entradas y salidas de hospital, durante un año que transcurrió en trance entre la vida y la muerte, episodios difíciles de los que había salido –salió– siempre triunfante. La obra que menciono es una especie de banquete imaginario y espiritual que le permitió a su público extasiarse con los aromas, sabores y colores de la cocina. A lo largo del desarrollo de la puesta en escena van apareciendo recetas de su tierra –la norteña Chihuahua– a través de los personajes femeninos. Tres mujeres: una menonita, otra tarahumara y una más, la maestra local, que conversan e intercambian sus penas y alegrías, en medio de recetas de cocina.

¿Qué nos dan ellas?

La menonita: quesos, pepinos y fruta en conserva, pierna de jamón ahumado y salchichas, aunque la debacle en el campo le cause serios percances económicos que la obligan casi a vender todo.

Igual la mujer tarahumara, experta en preparar pinole y tesgüino, quien en realidad es una exguerrillera que huye de la soldadesca.

Y la mestiza, con sus guisados de carne, verdolagas, chile (de bola) y flores.
En fin, historias entreveradas con deudas y quiebras en el campo a causa del agio, el racismo, la discriminación, el narcotráfico, la violencia y la represión. Pese a todo, las tres mujeres se sobreponen y preparan diferentes comidas, que desembocan en un encuentro fraternal y solidario, donde “cocinar es crear”.
La cocina, como ahí se dice, es fundamental en la vida y hasta Dios puso los ingredientes cuando formó al hombre: Una onza de pasión, algunos gramos de dolor, un kilogramo de sabiduría, una taza de egoísmo, si bien gotitas de fe, un litro de esperanza, una cucharada de celos. Todo salpimentado por amor al gusto.

Rascón Banda, recio escritor nacido en 1948 en Uruáchic, Chihuahua, conoció las entrañas de los más vivos problemas nacionales y los volvió tema de sus obras dramáticas, que entreveró en sus argumentos con total franqueza y sin merma de la estética en la escena. Fue discípulo de tres grandes figuras del teatro nacional: Héctor Azar, Vicente Leñero y Hugo Argüelles. Tal aprendizaje lo dotó de una maestría que él se encargó de refinar y plasmar en un repertorio siempre original y moderno.

Ese conocimiento de la realidad del país se robusteció gracias a sus estudios de Derecho, carrera que cursó con enorme brillo y que le abrió el camino para cursar también la maestría y el doctorado en esa disciplina.

Además de su aportación invaluable a la dramaturgia nacional, que le hizo merecedor de abundantes reconocimientos y premios, Rascón Banda fue novelista y guionista de cine. Asimismo, sabedor de los problemas y agravios que enfrenta el derecho autoral de los escritores en México, representó a su gremio, con grandes méritos y reconocimientos, en la presidencia de la Sociedad General de Escritores de México.

Estoy cierta de que a pesar de su ausencia lo seguiremos recordando por haber sido tan buen amigo, así como por su talento, generosidad y estoica lucha a favor de la vida que, bien sabemos es “sueño”, como diría Calderón de la Barca.

Por eso, su obra e importante herencia literaria es memoria presente, inolvidable y entrañable.

Pese a su ausencia física, sigue, seguirá, el canto de Víctor Hugo Rascón Banda, para fortuna nuestra.


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La gran Antonieta

Martha Chapa
18 de julio de 2008


Si bien fue bautizada como María Antonieta Valeria Rivas Mercado y Castellanos, aquella niña que vio la luz justo al despuntar el siglo XX –nació en 1900–, pronto abrevió su nombre para dejarlo en un escueto Antonieta Rivas Mercado. Quizá lo hizo para más parecerse a su papá: el célebre arquitecto Antonio Rivas Mercado, a quien adoraba y para quien ella era la hija consentida.

En contrapartida, le tenía poco afecto a su madre, quien había abandonado a la familia, por lo que en su casa jamás se le volvió a mencionar. Con sus hermanos Amelia, Elisa y Mario, Antonieta no guardaba semejanza alguna, ni siquiera en el color de la piel, ya que ella era morena. Se cuenta que por esa razón la repudiaban en la familia, ya que la mayoría de sus integrantes se consideraban de estirpe blanca y aristocrática (ya saben, prejuicios inherentes al porfiriato).

Dice José Vasconcelos, en el capitulo que le consagra en sus memorias, que Antonieta no era físicamente deslumbrante, pero su presencia, el hálito que emanaba cuando aparecía, era luminoso. La gente dejaba de ver a la mujer de carne y hueso para observar aquel espectáculo de la inteligencia, de la finura del espíritu, de la elegancia.

Sabemos que existen afinidades, miles de coincidencias, entre mujeres talentosas que han destacado en la vida cultural de México. Tal vez como idea arrebatada –de ninguna manera pretendo establecer una tesis–, se me antoja pensar que al construir el interior de su alma, muchas de ellas, por quién sabe que extrañas razones, se sienten en la necesidad de destruir el exterior –el cuerpo– y por ello ponen fin a sus vidas.

Otro pensamiento de similar naturaleza existía hace algún tiempo y aún se asoma, por desgracia, en ciertos aspectos de la educación de las damas: nuestro papel era siempre estar detrás del varón. Luego intentamos caminar hombro con hombro para apoyarnos, para luchar juntos hombre y mujer. Sin embargo, algunos varones no han estado de acuerdo con esta situación y mucho menos aceptan que sus compañeras den un paso adelante. Y si pese a ello las mujeres deciden marchar a su propio paso, pagan un precio muy caro: soledad, marginación, críticas demoledoras.

Muchas no soportan el peso de toda esta insensibilidad y, en su frustración y desesperación, ponen fin a su existencia de manera trágica. Por supuesto, es importante reconocer que las cosas están cambiando y hay hombres que sienten orgullo por los triunfos de sus mujeres.

Por eso me refiero hoy a una de esas mujeres dolientes, que padecieron las injusticias de una época. Pese a los muchos libros, ensayos, poemas, películas que ha inspirado Antonieta Rivas Mercado, algo nuevo queda bajo su sol. Mujer múltiple, bien dotada, permite, invita, incita a indagar una y otra vez acerca de su vida, pues en realidad se le conoce más a través de su muerte: su suicidio, a edad aún muy joven, en la catedral de Notre Dame, en París.

Pero Antonieta Rivas Mercado fue mucho más que una mujer que decidió quitarse la vida en un imponente recinto religioso europeo. Toda ella representa una señera figura de nuestra cultura, una leyenda, una gran mujer que defendió los derechos de género y siempre se mantuvo a la vanguardia. En sí, un personaje que constituyó un referente de la cultura de aquel México posrevolucionario que empezó a crear instituciones.

Siempre la tenderemos presente, y más ahora, con la exposición que se ha montado en el Museo de Bellas Artes de la ciudad de México y que ya abrió sus puertas al público, luego de que fue inaugurada en ceremonia a la que asistió el presidente de la república, Felipe Calderón. Una muestra que a través de las 180 piezas nos ayuda a reconstruir esa gran figura de las primeras décadas del siglo XX.

La vida de Antonieta fue intensa y vital, pero con una pasión tal que la condujo al triste final en la flor de su vida, en una época marcada por el romanticismo que parecía enarbolar emociones y sentimientos al filo de la existencia. Sus biógrafos nos hablan de momentos tan difíciles y de profunda depresión, lejos de la tierra propia, que seguramente la llevaron a su última y fatal decisión.

Como decía antes, de niña recibió una fuerte influencia de su padre, el distinguido arquitecto Antonio Rivas Mercado, que entre otras de sus obras tuvo a su cargo la construcción del Monumento a la Independencia (El Ángel), inaugurado en 1910 para conmemorar el centenario de la gesta iniciada por Miguel Hidalgo.

Pronto esa niña, afecta a los libros y las artes, iría encontrando su vocación hasta convertirse en una excepcional promotora cultural que puso toda su fe en el poder redentor de la cultura, de los libros, del alfabeto, de la pluma, de la tinta, de la biblioteca, de las salas de exposiciones, de la música. Y tal vez soñara alguna vez, en sus momentos de soledad y desvelos, en que si Vasconcelos llegaba a la Presidencia de la República, la nombraría secretaria de Educación para, de ese modo, poner en práctica todas sus innovadoras ideas. Antonieta estuvo en la campaña presidencial de Vasconcelos; de esta experiencia dejó interesantes testimonios. Trabajó por eso y para eso.

No debo omitir que su espíritu generoso la llevó a gastar su propio dinero en editar libros de autores tales como Celestino Gorostiza, Salvador Novo, Samuel Ramos, Xavier Villaurrutia y también de Andrés Henestrosa, a quien llamaba
El Niño. Fue ella quien le dijo al oaxaqueño que algún día llegaría a ser un gran escritor; él, años después, entre coquetería y seriedad, afirmaba que la hada quiso, pero los hados no. Andrés comentaba que en eso Antonieta fue mala profeta, pero yo creo que no, porque su predicción se cumplió: Andrés Henestrosa fue un escritor de excepción.

Aquel afán de promover la cultura la llevó a crear e patronato de la Orquesta Sinfónica Nacional; a traducir a los escritores más famosos de esa época, como Eugene O’Neal, Jean Cocteau, George Bernard Shaw. También por aquella razón trajo a México a quienes innovaban la escena musical mundial: Copland, Ravel, Stravinsky. Así era como preparaba el ambiente para, llegada la hora, poner en práctica sus conocimientos.

Sueños que, por inasibles, la llevaron a la extrema desesperación; la otra gota de amargura que, al rebasar el vaso, la condujo a la muerte. Su vida, tan fugaz, no está del todo reconstruida, como tampoco se ha dado con la razón última del tremendo paso final. Por ejemplo, quisiera saber: ¿de qué estaba hecha ella?, ¿era mujer de carne y hueso o más de carne que de hueso? ¿Quién era Antonieta Rivas Mercado cuando estaba a solas? Se sabe, por un diario suyo, desgraciadamente ahora extraviado, cuáles fueron sus reacciones como mujer, cómo era cada veintiocho días, cómo cinco días después; cuál el sabor de su boca antes y después del beso. Una mujer dotada, como ella, era necesariamente extremada en sus apetencias carnales. Su inteligencia, su imaginación, se desbordaban en la hora suprema; es decir, en la dicha amorosa.

Hoy la vemos en toda su dimensión y reconocemos sus múltiples y meritorias herencias, pues esas décadas en la vida cultural y política de México no se entenderían sin ella.

La presencia de mujeres con esa enorme dimensión, que aun en la muerte vencieron al destino, se requieren hoy más que nunca, cuando la República parece no encontrar su propio derrotero y toda la nación espera nuevos liderazgos y personajes que aceleren la dinámica del cambio cultural, moral, social y político que anhelamos.

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Árbol de vida

Martha Chapa
11 de julio de 2008


De nuevo la frontera sur me abre sus brazos generosos, ahora para la siembra de un árbol en el inmensamente bello Xel-Há, como símbolo de la defensa y preservación del medio ambiente.

Y justo ahora que estaré dentro de un par de días por ese paradisiaco lugar, no dejo de evocar la poesía que ha emergido de su tierra, de su arena, de su mar, de su calidez, de su gente.

Recuerdo, por ejemplo, un magnífico libro que editó el gobierno de Chiapas en el marco del Programa Cultural de las Fronteras. Se trata de una muestra de poetas y narradores de esa franja del sureste mexicano que conforman Quintana Roo, Campeche, Yucatán, Tabasco y Chiapas.

Para empezar, me encanta el título que le dieron a esa obra:
Tiempo vegetal, pues lo considero a la vez una proclama y una convocatoria para sumarnos lo mismo a la poesía que a la lucha ecológica.

Ya en las portadillas se advierte el banquete poético que este volumen nos depara. Por un lado, José Carlos Becerra con “La selva transcurre vendada de lluvia, todo yace enterrado en las grandes cabezas de piedra […] la selva lo acecha todo, su velocidad tiene forma de pozo […] Todo está igual que el primer día, sin embargo…”; por otra, Jaime Sabines que nos conforta cuando dice: “Amanece sobre la tierra, entre los árboles, una luz silenciosa, profunda”.

Y así, cada uno de los autores, con particular relevancia Carlos Pellicer, Rosario Castellanos, Juan de la Cabada, José Gorostiza, al lado de otros que constituyen, en su conjunto, una cascada bella y refrescante para el espíritu.

Con razón en la contraportada nos advierten que tan inmensos poetas se conjugan como selva, viento y agua.

De hecho, frente a la oportunidad de colaborar en este noble empeño para cuidar al planeta me inspira lo que sus artistas y sus invaluables aportaciones han sembrado desde los tiempos del Popol-Vuh y el Chilam Balam.

Total, que estoy preparando el equipaje para viajar a esos paradisiacos lugares de sur mexicano. Sembraré, me dicen, un árbol de la especie llamada
Burseraceae, que reproduce, a su vez, esta hermosa leyenda: “Hace ya mucho tiempo, dos príncipes se enamoraron de la misma princesa maya. Uno era muy malo, no quería a la gente, era egoísta y celoso, se llamaba Dzic (Furia). El otro era noble y bueno, llamado Kinich (Rostro del sol). La princesa Nicté Há quería mucho al príncipe bueno, pero el malo no quería dejársela. Un día trato de acabar con su contrincante, que además era su hermano. Los dioses muy molestos por su acción lo castigaron transformándolo en un árbol, al que llamaron Chechen pero era tan malo que aun en forma de árbol trataba de lastimar a la gente con su resina. El príncipe bueno pidió a los dioses que a él también lo convirtieran en árbol, que con su resina pudiera curar la quemadura del Chechen y lo llamaron Chacah, pero dispusieron que crecieran uno cerca del otro eternamente, lo que al paso de los siglos continúa sucediendo: siempre cerca de un Chechen crece otro de Chacah”.

Voy, entonces, con el alma abierta, a esos lares donde la poesía y el amor a la tierra se ven, se sienten, se escuchan, se respiran. Regresaré, estoy segura, con la conciencia ecológica revitalizada y dispuesta más que nunca a refrendar día a día mi compromiso con la supervivencia del planeta.

Si acaso, lo único que lamento es que haya dejado de celebrarse el Festival Internacional de Cultura del Caribe, que nació en Quintana Roo en 1986 y al cual asistían artistas e intelectuales de más de 20 países de la región, como una gran fiesta de paz, fraternal encuentro, rica cultura y defensa solidaria de la Tierra. Confiamos en que pronto haya convocatorias similares para festejar juntos las expresiones culturales, la fraternidad y la vida.

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Mi novia, la tristeza

Martha Chapa
4 de julio de 2008


He tenido entre mis manos, ávidas de hojear una y otra vez, un excelente libro que desde la portada me atrajo de inmediato por el regio porte de Agustín Lara en la imagen que ahí aparece. Se trata de una obra de mi querida amiga Guadalupe Loaeza, que suma así un éxito más a su ya larga cadena de logros editoriales.

A la vez, fue inevitable recordar a otro gran amigo, Carlos Monsiváis, quien también se ha ocupado de ese célebre personaje que para mí representa todo un hito, no sólo en el plano literario, sino también en el sociológico.

Así, cada cual a su manera, ambos nos ofrecen sus retratos de quien llenara toda una época musical y sentimental en México. En
Amor perdido, libro inolvidable de Monsiváis, se menciona a este importante personaje y se hace un análisis de la temática de sus canciones en el contexto histórico de su tiempo.

Ahora, Guadalupe Loaeza en
Mi novia, la tristeza, no se limita a una simple semblanza biográfica o la recopilación de anécdotas que, por supuesto, abundan. Es, como indica el comentario preparado por editorial Océano para la obra, “el encuentro más pleno y emotivo que se haya elaborado hasta hoy con la figura de Agustín Lara. Es una pintura vivaz e informada del gran compositor, del México que le tocó vivir, de su música, de sus intérpretes, de las películas en las que participó, así como de los avatares de una existencia de alguna manera marcada por la búsqueda de un ideal amoroso que se vislumbra en la letra de sus canciones”. A casi 40 años de su muerte, Agustín Lara sigue presente y despertando el interés por su obra y por su apasionante vida. El libro escrito por Guadalupe Loaeza en conjunto con el musicólogo Pável Granados nos ofrece también un detallado retrato de las mujeres que tuvieron más relevancia en la vida del músico veracruzano.

En fin, una obra magnífica, con fotografías, anécdotas, cartas y mucha información proveniente de una investigación larga y exhaustiva que le valió a Guadalupe Loaeza ser merecedora de la medalla Agustín Lara en su emisión 2007, presea concedida por el gobierno de Veracruz.

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Palabras en reposo

Martha Chapa
27 de junio de 2008


Alí Chumacero recibió un merecido homenaje por sus 90 años de vida y todos quienes amamos la literatura –y, en particular, la poesía– debemos celebrarlo, pues se trata de un notable poeta y editor, cuya obra forma parte esencial de la literatura mexicana contemporánea.

El lunes 23 de junio se le brindó en la sala principal del Palacio de Bellas Artes –prácticamente repleta– un amplio reconocimiento, con la participación de destacados escritores que comentaron su obra poética e hicieron referencia a su trayectoria.

Estuvieron junto a él los escritores Dolores Castro, Jaime Labastida, Emmanuel Carballo, Eduardo Lizalde y Carlos Montemayor, quienes expresaron su admiración y afecto hacia este longevo “obrero de los libros”, como él mismo se ha denominado. Finalmente, Alí Chumacero pronunció un profundo mensaje, que llegó a su punto conmovedor cuando, aludiendo a sus nueve décadas de vida, sentenció: “igual, pronto nos vamos con nuestra música a otra parte”.

Poeta, editor, maestro, tipógrafo, corrector y amigo. Todas esas facetas de Chumacero salieron a relucir en este emotivo y más que merecido homenaje. Y él, modesto, afirmaba: “
En realidad, yo sólo he practicado el afán de hermanar el sentimiento y el rigor, a fin de mantener inalterable una vocación originada desde la adolescencia, fortalecida durante la madurez y siempre guiada a convertir en insólito lo cotidiano. La poesía es una forma del entusiasmo que, a veces, a través del tiempo, encuentra un límite vital”.

Unos días antes, el Fondo de Cultura Económica anunció que en breve publicará una edición de la poesía completa Alí Chumacero con prólogo de José Emilio Pacheco. Asimismo, informó que se bautizará con el nombre del poeta a la próxima librería del Fondo, que estará ubicada en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional Benito Juárez.

Ya desde el inicio de la ceremonia se advertía en los programas de mano un texto que sintetizaba bien esta vida fructífera del homenajeado:

“El largo camino de una vida como la de Alí Chumacero puede medirse, en su caso, por la originalidad de la obra que ha sido capaz de concebir y por su honda repercusión en el universo de las letras mexicanas a las que, desde distintos ámbitos, como poeta, como ensayista y como editor, ha contribuido a enriquecer. Heredero y renovador de una rica tradición poética iniciada por a generación de
Contemporáneos, Chumacero ha sido protagonista y observador de los movimientos culturales más relevantes de nuestras letras en el siglo XX. Es autor de una obra lírica breve […] concebida fundamentalmente en su juventud y primera madurez, pero de una luminosa expresividad. Una obra que, como afirmara José Emilio Pacheco, es comparable a “estrellas solitarias que brillan con luz propia en el cielo de nuestro idioma”. Compañero de autores tan notables como José Luis Martínez, Jorge González Durán y Leopoldo Zea en la juvenil empresa editorial que devino en la revista Tierra Nueva, Chumacero colaboró también en la creación de otras revistas de señalada trascendencia, como Letras de México y El Hijo Pródigo, además de suplementos culturales como México en la cultura y La cultura en México, a cuyo prestigio contribuyó con su trabajo disciplinado y su acertada orientación, encaminados siempre a dotar de vitalidad y dinamismo a la literatura mexicana […] Rendimos homenaje al creador y a toda una época dentro de la cultura y las letras mexicanas. Y celebramos este año nueve décadas en la vida de un hombre que nos legó un puñado de poemas reconcentrados y devocionales, escritos como una liturgia para los días comunes, preñados de preguntas y meditaciones sobre el amor, la soledad, la muerte, el dolor”.

A lo largo de esta reunión de amigos de las letras y el arte, desde luego evoque el grato recuerdo de Lourdes Chumacero, esposa de Alí, destacada galerista y promotora cultural que tanto me alentó y apoyo en mi carrera profesional dentro de las artes pláticas.

Y, como final de fiesta, se ofreció un excelente concierto del grupo Capella Cervantina, dirigida por el .

Quedó, pues, constancia de lo importante que es la poesía de este personaje nacido en Acaponeta, Nayarit, el 9 de julio de 1918 y quien no sólo ha participado en revistas cruciales en la vida intelectual del país –como señala el párrafo anterior–, sino que además tiene una larga trayectoria como editor del Fondo de Cultura Económica.
También fue fundador de la muy importante en incluso imprescindible serie SEPSetentas. Sus muchos méritos editoriales y literarios le han hecho merecedor de numerosos reconocimientos, como el Premio Xavier Villaurrutia 1980, el Premio Internacional Alfonso Reyes 1986 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes (Lingüística y Literatura) 1987. Entre sus poemarios, que ya forman parte de lo más rico del acervo literario mexicano, están:
Páramo de sueños (UNAM, 1944); Palabras en reposo (FCE, 1956); la antología Responso del peregrino (UNAM, 1980); Manantial de sombra (Aldús, 1998) y Antología personal (Colibrí, 2003)

Por todo, desde aquí un abrazo cordial a nuestros amigos Alí, así como a su hija Cantalú y a sus hijos.

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¡Santo! ¡Santo!

Martha Chapa
20 de junio de 2008


Desde la antigüedad, el deporte forma parte de las culturas, como ocurrió, por ejemplo, con la aparición de la lucha grecorromana, que en su nombre define sus orígenes y que con el tiempo se convirtiera en una disciplina olímpica.

Así, al paso de los siglos esa actividad se diversificó para dar lugar a otras justas deportivas e incluso se transformó en espectáculo, digamos que en la raíz de lo que hoy conocemos como la lucha libre.

En nuestro caso, el de México, esta disciplina empezó hacia finales del siglo XIX, pero fue en la época contemporánea, especialmente en los años cincuenta y sesenta, cuando vivió un clímax gracias a un luchador que habría de constituirse en el eje del espectáculo para llegar a ser con el tiempo todo un ícono: el Santo.

Sí, me refiero al Enmascarado de Plata, que simbolizaba el bien dentro y fuera del ring, personificación que lo condujo con frecuencia al cine, donde fue protagonista de alrededor de 50 de películas, en las que se enfrentaba por igual a gánsters o científicos desquiciados, e incluso hasta a zombies y mujeres vampiro.

Ahora, el mítico hombre de la lucha libre, que conservó su rostro oculto hasta su muerte, recibe un homenaje para quedar inmortalizado en una estampilla postal.

La idea, además de justa, es valiosa e imaginativa y fue iniciativa de la actual directora del Servicio Postal Mexicano, Purificación Carpinteyro, interesada por el rescate y la preservación de las expresiones más genuinas de nuestra cultura popular. Gracias a su propuesta, el jueves pasado se dio a conocer una serie de seis estampillas –tres de El Santo y tres de su heredero– con un tiraje de un millón 200 mil timbres postales.

En la ceremonia, Purificación Carpinteyro subrayó la importancia de recordar nuestros valores y tenerlos siempre presentes. “La lucha es más que un deporte o pasatiempo, es una pasión que ha trascendido”, señaló, para agregar: “qué mejor que empezar y hacerle un homenaje al Santo y a su hijo, quien no sólo ha trascendido en el ring".

Por su parte, El hijo de Santo evocó a su padre, un hombre ejemplar que le inculcó el deporte y la ética en la vida, así como los primeros secretos de la profesión.

En una ceremonia que tuvo como escenario el hermoso Palacio Postal, ubicado en la calle de Tacuba, en el centro de la ciudad capital, se dio a conocer esta serie de timbres postales. La cancelación de las estampillas estuvo a cargo del propio hijo del homenajeado principal, también un gran luchador con una destacada trayectoria.

Ahí se anunció que estos timbres forman parte de la serie llamada Íconos de la Lucha, que incluirá a otras grandes figuras del ring de ayer y hoy. Aún no nos enteraremos de quiénes vendrán a engrosar la fila de estos íconos, pero desde luego pensamos en Blue Demon, Black Shadow, la Tonina Jackson, y en una de esas se cuelan personajes igualmente inolvidables, aunque de “los rudos”, bien sea el Cavernario Galindo o el Médico Asesino. Y de nuestros días, tenemos dudas, pues hay muchos y muy buenos, pero en todo caso creemos que debe hacerse una cuidadosa auscultación sobre su trayectoria profesional y personal, pues no pueden correrse riesgos.

Total, que fue una reunión muy conmovedora, donde se dejó escuchar aquel célebre grito colectivo lleno de emoción y a veces delirante de parte de los aficionados: “¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!”.

Otro acierto fue la exposición que se montó en este recinto con algunas prendas y objetos de los homenajeados. Pero lo que más me sorprendió fueron ¡las pinturas! del hijo del enmascarado de plata, pues no deja de ser un caso excepcional que quien se dedica a una actividad tan brusca tenga a la vez inclinación artística, además de que las obras pictóricas de este heredero de la leyenda enmascarada me parecieron interesantes e intuitivas, en su propio estilo
naif.

En todo caso, me deja muy buen sabor de boca y me da gusto que siga cerca de nosotros ese excepcional hombre que marcó toda una época, al grado que se le extraña, pues con seguridad mucho bien haría si se dedicara a combatir a “los malos de hoy”, sean narcos, pederastas o terroristas.

Por todo, reconocemos la acertada decisión de Correos de México y nos unimos a la evocación salvadora de este Santo laico, heroico y mítico.


e mial: enlachapa@prodigy.net.mx
www.marthachapa.net

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NOSOTROS LOS TACOS

Martha Chapa
13 de junio de 2008


En esta ocasión abordo un tema que en México a todos atañe, pues forma parte de nuestra esencia nacional: el taco. Viene a propósito porque tengo el enorme gusto de que en estos días salga a la luz un libro de mi autoría llamado, justamente, Los tacos de México.

La aparición de esta obra, editada por Aguilar, me da oportunidad para hacer, junto con ustedes, algunas reflexiones en torno a esta fascinante especialidad de la gastronomía mexicana.

Pero primero quisiera comentar que nuestra cultura, hoy más que nunca, se ha convertido en la expresión de los valores y tradiciones que nos caracterizan y que encuentran en la comida uno de los soportes más consistentes de la nacionalidad. Valores que debemos reforzar, aún más en estos tiempos en los cuales la confusión y la globalización prevalecen tanto en el terreno económico como en el político y, también, en el ámbito cultural.

En vista de esas circunstancias, es muy importante persistir en la creación, difusión y defensa de lo que entendemos por cultura nacional. Sin pecar de chauvinistas, debemos recordar que esos valores nos han permitido forjar un patrimonio y un legado invaluable a la humanidad, desde nuestros ancestros indígenas hasta nuestros tiempos, pues sin lugar a dudas nuestra capacidad creativa está a la altura de la de cualquier nación del mundo.

En fin, que a través de las páginas de mi nuevo libro intento hacer un recorrido por todo México y ofrecer al público lo que yo llamaría en realidad “Los mil y un tacos”, pues estoy convencida de que todo cabe en una tortilla sabiéndolo acomodar. De hecho, día a día inventamos y recreamos tacos en la vasta imaginación de cada una y uno de nosotros.

Si tuviéramos que remitirnos al origen de los tacos, veríamos que la historia apunta su raíz prehispánica, pues ya desde los cronistas españoles se hacía referencia al señor Moctezuma, quien tomaba un pedazo de tortilla y lo embadurnaba de
molli. Con el tiempo, la Nueva Tenochtitlan extendió su esplendor a diferentes zonas, desde luego en los alrededores de ese centro de poder azteca, en lo que hoy es Puebla, Tlaxcala e Hidalgo, pero también en el Bajío y hacia el sur del país. También diseminó sus hábitos alimenticios, que se unieron a los de otras culturas y permitieron que ninguna región de lo que ahora es México se haya perdido de saborear los tacos y, en una u otra medida, cada una haya hecho sus propias aportaciones culinarias.

Por ejemplo, el origen de los tacos de carnitas y de chicharrón de puerco se ubica en Michoacán y Jalisco. También del rumbo son los tacos de cabeza de res, de la que se come todo: desde los sesos hasta el ojo, incluyendo trompa, cachete, oreja y lengua, aunque los hay, además, de cuajar, ubre, tripa, machitos y otras vísceras, todos al vapor. Los tacos de barbacoa, tanto de horno como hoyo, son oriundos de la región centro de México. En cambio, las flautas, que por lo general se rellenan de pollo o barbacoa deshebrados, parecen haberse concebido en Veracruz, Guerrero y Morelos.

La variedad de los tacos mexicanos es enorme: desde los indígenas, más tradicionales, hasta los de las épocas más recientes –los de la última mitad del siglo XX, digamos–, como son los tacos al carbón, de filete, bistec, costilla y chuleta de cerdo, acompañados de sus indispensables cebollitas asadas y frijoles charros. O los tacos al pastor, con un influjo oriental, a base de carne de puerco adobada. Y qué decir de los tacos sudados, rellenos de guisado, con la tortilla doblada (no enrollada), envueltos en un pedazo de tela para conservar el calor. Como ven, el tema es delicioso y casi infinito.

Los tacos de México es una obra elaborada con enorme gusto y con un profundo reconocimiento a ese platillo esencial del mexicano. Un libro que pongo a su disposición y que, confío, les resultará de interés, pues además de un amplio texto sobre la historia de este alimento imprescindible, sus variantes y decenas de recetas, contiene un bien documentado prólogo preparado por prestigiado historiador José N. Iturriaga de la Fuente. Asimismo, en la contraportada se incluye, a manera de presentación, un texto del escritor Alejandro Ordorica, que por su brevedad, riqueza y toque poético me enorgullece reproducir aquí:

“Cada vez que llevamos el taco a la boca, celebramos un ritual de siglos. Desde los tiempos de las culturas indígenas, nuestros ancestros obtuvieron el maíz de sus dioses y la bendición de poder transformarlo en tortilla.

“Ya Moctezuma acariciaba entre sus manos un pedazo de esa maravilla circular para embadurnarla de molli, el mole, la salsa de salsas, con sabor al paraíso de Tlalocan.

“Supo evolucionar y se mezcló con alimentos de otras latitudes. Así, con la llegada de los españoles y el inicio de la crianza de puercos, derivaría en la exquisitez del típico taco de carnitas, lleno de cilantro, cebolla y salsa de color patrio.

“Pero pasaron cientos de años para que reapareciera con una nueva cauda que multiplicó formas y contenidos.

“Seguramente fue silenciosa, asentándose gradualmente, de una y otra manera, en la interminable imaginería popular que vendría a engrandecer la oferta, lo mismo en los mesones de la Colonia que en los mercados populares del siglo XX.

“Llegaría el momento de las primeras taquerías con sus nuevas ofrendas culinarias, donde ya luce el escenario natural de un pedazo de tronco cercenado transversalmente y el foco que irradia el apetito, para repetir machaconamente la liturgia infinita del taquero, defendiéndose de una modernidad que se inclina por la prisa insabora a la hora de comer.

“Atrás, los refrescos alineados y en algunos lugares hasta el tepache en su barril de color altisonante, vísceras relucientes, galería de salsas, tortillas que parecen volar y cumplir un destino superior en el universo del sabor y la comida de millones de mexicanos.

“Ahora
, Martha Chapa, maestra de la buena mesa y alquimista mayor, se extiende al antojito, pues sabe y ejerce con fascinación el apostolado de los manjares de la tierra nuestra. Aquí, ella degusta la historia del taco, que de boca en boca va cruzando todo un mapa de penínsulas, desiertos, valles o litorales. Y una vez más, se adentra prodigiosamente en la dimensión gastronómica, que tanto nos ha distinguido, quizá hoy más aún en tiempos de la globalidad.

“Así, cada día se rememora, sin saberlo, esa creación de la divinidad que nace con nosotros desde los primeros tiempos de la cultura del maíz, y que surca como hasta ahora, fervorosamente con sabor a milenio”.

Y, bueno, para que agregar más; simplemente les digo: ¡buen provecho!

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Televisión mexiquense, ¡sí cumple!

Martha Chapa
6 de junio de 2008


La red de radio y televisión pública constituye una estructura fundamental abocada a establecer una eficaz comunicación con la ciudadanía.

Sin embargo, hay ciertas diferencias entre las emisoras existentes, bien sean de carácter federal o estatal, en lo que se refiere al presupuesto de que disponen, la calidad de sus producciones, la capacidad de sus comunicadores y técnicos, así como su potencia de transmisión y su infraestructura tecnológica.

Viene esto a propósito de que apenas hace una semana el Sistema de Radio y Televisión Mexiquense conmemoró el XXV Aniversario de haber emitido su primera transmisión radiofónica. Y a modo de celebración inauguró cuatro nuevas frecuencias en la banda FM, que tendrán una gran cobertura y penetración dentro y fuera de los límites del Estado de México.

Con esto, la emisora refrenda importantes avances de la actual gestión de Carolina Monroy del Mazo, su directora, quien ha mostrado capacidad, talento, visión y audacia en su actividad al frente de tan importante institución. En efecto, no sólo se trata de adquirir una mayor potencia en el cuadrante, que de suyo es relevante, sino de que los cambios y avances sean aún más trascendentes y lleguen a los contenidos.

De hecho, desde el inicio de la gestión de gobierno de Enrique Peña Nieto se han registrado importantes transformaciones que corresponden con los ofrecimientos realizados en campaña.

Ahora, Televisión Mexiquense dispone de espacios preferenciales donde no sólo campea la creatividad, sino que también se benefician con la pluralidad y el ejercicio de la libre expresión. Toda una programación con barras novedosas para las audiencias diversas: cultura, análisis político, información, apoyo educativo, orientación social y sano e inteligente entretenimiento.

Con el orgullo que da saber que el camino andado ha sido fructífero, en la ceremonia de apertura de las nuevas emisoras, la directora de este Sistema confirmó que:

“En 25 años, Radio Mexiquense ha cumplido con su responsabilidad de promover la integración de una sociedad compleja, a partir de los principios de libertad, pluralidad, tolerancia y respeto, en que se funda la democracia. También ha fomentado la cultura en toda su diversidad, como base y sustento de la identidad de los mexiquenses y de nuestra proyección como ciudadanos del mundo.

El 18 de mayo de 1983, con la frase
Radio Mexiquense, expresión de nuestro estado, se escuchó por primera vez en el valle de Toluca la señal de XEGEM Radio Mexiquense, frecuencia radiofónica de amplitud modulada, concedida al pueblo y gobierno del Estado de México con el fin de impulsar el desarrollo de la radio regional y vigorizar las cualidades identitarias de los mexiquenses.
El inicio de transmisiones, que ocurrió durante el gobierno del licenciado Alfredo del Mazo González, representó un parteaguas en las telecomunicaciones del Estado de México, pues salió al aire una radiodifusora educativa y cultural con la responsabilidad de brindar un servicio público de comunicación que atendiera las materias sobresalientes de la vida social. Radio Mexiquense registra en su historia la producción y transmisión de programas memorables que han contado con el trabajo literario, las voces, el talento y la creatividad de destacadas figuras de la vida estatal y nacional”.

Además, este sistema de difusión mexiquense han obtenido diversos reconocimientos, como la Presea Estado de México 1996 y el Premio Principios 2007 a los mejores contenidos de radio y televisión, otorgado por el Consejo Nacional de la Comunicación al programa infantil
Grillos madrugadores, el más longevo de la estación, que ha contribuido a la formación de varias generaciones de habitantes del Estado de México.

En esta ocasión, el propio gobernador de la entidad dio el banderazo de salida para las transmisiones de XHGEM 91.7 FM en Metepec. Además, en breve estarán en el aire las estaciones de Valle de Bravo, Zumpango y Amecameca, así como la señal independiente de Tultitlán, en amplitud modulada, con un público potencial de más de nueve millones de personas, sustentadas, como se aseguró, en la libertad de expresión y el derecho a la información, dos valores sustanciales que se fortalecen, al mismo tiempo que se fomentan los la solidaridad, el diálogo y la convivencia pacífica.

En lo personal, quiero destacar, además, que ha sido un privilegio y una gran oportunidad poder apoyar la difusión de la cultura a través del programa semanal que transmito a través de la Televisión Mexiquense conjuntamente con mi compañero Alejandro Ordorica.
El Sabor del Saber, que sale al aire cada viernes a las 19:00 horas, con repetición los domingos a medio día, alcanzó ya notables niveles de audiencia y retroalimentación.

Por cierto, no dejen de verlo, pues ahí podrán conocer a personajes muy interesantes de muy diversos ámbitos de la cultura, junto a temas de música, cine, literatura y pintura, aderezados muy bien con su debido y muy sabroso toque gastronómico. Los esperamos.

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De pinturas y dineros

Martha Chapa
30 de mayo de 2008


Se oye la queja cada vez más creciente de que han descendido las ventas de arte en el mundo, a excepción de unos cuantos países, como ocurre de manera destacada en China.

Por lo que toca a México, es evidente que las crisis recurrentes de las últimas dos o tres décadas han mermado la compra-venta de arte pictórico, pero más que por falta de dinero, creo yo, debido a una especie de “psicología del repliegue”, que pone a los coleccionistas a la expectativa de que la situación económica se torne más estable para luego expandirse prósperamente.
Digamos que hay precaución y la gente tiende a ser más conservadora en sus gastos e inversiones.

Eso no contradice en absoluto una realidad incontrovertible: las obras de arte han sido, son y seguirán siendo una magnífica inversión, segura y altamente rentable, que se acrecienta con el paso de los años, además de la obvia satisfacción estética que otorga a los poseedores de las piezas.

Así lo demuestran las subastas internacionales, donde el arte rebasa topes y se adquiere por millones de dólares.

Tal situación se refleja en el arte de nuestro subcontinente, donde se han alcanzado cotizaciones elevadísimas con autores del rango de Frida Kahlo, Diego Rivera, Fernando Botero y Rufino Tamayo. Justamente este artista oaxaqueño ha sido noticia en los últimos días debido a que su obra
El trovador, de 1945, se vendió esta semana en un precio récord –cerca de siete millones de dólares– en la tradicional subasta de la casa Christie’s de Nueva York, con lo que Tamayo se convirtió en el pintor latinoamericano mejor cotizado en el mercado de arte internacional.

Todo esto debe llevarnos a una seria reflexión, en el sentido de que ahora más que nunca debe revalorarse lo que hacemos los artistas plásticos latinoamericanos e impulsarse toda una estrategia de promoción y difusión.
Decía antes que al parecer se ha deprimido el mercado interno, y muestra de ello es el cierre de varias galerías que tenían ya muchos años de operar exitosamente en el país.

Quizá se deba también a que por un parte quienes tradicionalmente adquirían pinturas se fueron saturando de obras, pero tiendo más a pensar que un factor con mayor peso es que se ha descuidado la generación de nuevos mercados y la ampliación de los existentes con estrategias renovadas y mecanismos comerciales más audaces.

Pero, eso sí, el hecho es que el arte sigue siendo una opción para invertir, lo que se suma a la razón más relevante para adquirir y poseer una obra plástica: el disfrute estético y la felicidad misma que produce la pintura frente a sus espectadores.

Así que yo los invito a fomentar la difusión, el conocimiento y el aprecio por las obras de pintoras y pintores mexicanos, quienes tienen, aquí y ahora, prestigio y múltiples reconocimientos. Hay que hacer a un lado las reticencias y los miedos injustificados, pues con el tiempo siempre se ha demostrado –y seguirá constatándose– que son múltiples los beneficios que se derivan de la adquisición de una obra de arte.

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Con sabor a México

Martha Chapa
23 de mayo de 2008


Todo un acontecimiento resultó la presentación del libro “Con Sabor a Sanborns”; que rescata la tradicional gastronomía que a lo largo de más de cien años ha ofrecido en sus menús, esa importante organización.

Para empezar, el lugar seleccionado donde se dio a conocer tan relevante edición, fue justamente la Casa de los Azulejos que en sí está cargada de historia, Un bello edificio que data del siglo XVII y por el que han cruzado muchas celebridades, entre otras los zapatistas de aquellos años de la revolución mexicana.

En lo personal, como autora de la investigación, tuve el enorme gusto de adentrarme en esa cocina que empieza a gestarse desde 1903, pues como es sabido los Hermanos Sanborns abrieron una farmacia que al poco tiempo se acondicionó en un espacio a manera de Fuente de Sodas, sin duda la primera que se creara en México.

De ahí en adelante, con gran visión, se expandieron y montaron ya un restaurant, que luego fue evolucionando e incorporando otros servicios y productos con un carácter integral: pastelería, chocolatería, librería, tienda, etc…, tal cual los conocemos hoy día.

Así, se incorporan también en este libro varias de las recetas más famosas de su cocina, así como las que se han ofrecido en sus Festivales de Gastronomía con la participación de distinguidos chefs, además de muestras culinarias de varias entidades de la República.

De igual manera, se publican una serie de entrevistas y comentarios de diversos personajes que como millones de personas han pasado por ahí, digamos, a tomar una taza de café y conversar con los amigos.

Por cierto el café se sirve a ¡la misma temperatura e ingredientes en sus 190 restaurantes! y controlan desde la propia composición química del agua.

Entre tanta información que recibí y entrevistas que sostuve con personas clave de la organización, me enteré gratamente de algunos datos significativos, por ejemplo, que el porcentaje de mujeres que ahí laboran es mayor que le de hombres.

Así también de las abrumadoras cantidades, números y estadísticas de materias primas que se adquieren y procesan día a día, junto a las exigentes normas de calidad e higiene. Se cuenta por ejemplo, que tuvieron que desarrollar un modelo idóneo de tortilla que sirviera lo mismo para elaborar tostadas que enchiladas.

Pero regresando a la presentación del libro, que se llevó a cabo este miércoles, participaron Juan Manuel Campo, Director de Operaciones; el fotógrafo Ignacio Urquiza, que produjo imágenes impecables de los platillos; y el mero chef de la cadena, Juan Bueno, que imagínense tiene que supervisar recetas, menús, cocineras y múltiples detalles.

De hecho, a mi me correspondió la conducción del evento, además de dirigir un mensaje central en torno a la que significó este gran esfuerzo editorial, al que asistieron igualmente algunos de los grandes trabajadores y trabajadoras como el maestro pastelero Don Teófilo, que coordina toda esta área a sus casi 80 años de edad, donde se producen miles al mes; o bien la mesera María en Gracia, con más de 30 años, sirviendo y atendiendo siempre con una sonrisa.

En fin, historias y recetas que se entretejen en “Con Sabor a Sanborns”, que salió ya a la venta y pueden adquirirlo, si quieren conocerlas, disfrutarlas y saborearlas plenamente en su propio hogar.

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Un gran teatro

Martha Chapa
16 de Mayo de 2008


De acuerdo con lo prometido, me referiré de nueva cuenta la Semana Cultural de Torreón y a la historia aleccionadora del Teatro Isauro Martínez.

Por lo que se refiere al programa de actividades culturales, se entremezclan con notable equilibrio lo mismo conferencias, cafés literarios, talleres diversos, espectáculos de danza y obras teatrales, además de conciertos, rubro en el que destaca el Cuarto Festival Internacional de Piano.

En cuanto a la presentación de mi obra, puedo comentar que la exposición “Manzanas de ayer y hoy” tuvo un marco inigualable, pues se montó en la Galería de Arte Contemporáneo, ubicada el Teatro Isauro Martínez, con magníficas instalaciones que reúnen belleza, amplitud y funcionalidad. A eso se suma el excelente montaje museográfico de las 50 obras de la muestra que presenté y que se inauguró apenas este lunes 12 de mayo para mantenerse abierta al público hasta junio.

Y no puedo evitar referirme al hermoso teatro que don Isauro Martínez erigiera allá por los años treinta del siglo pasado, lo que en aquella época constituyó todo un acontecimiento, pues Torreón apenas nacía como ciudad y eran unos cuantos miles sus habitantes, lo que hace aún más clara y encomiable la visión, audacia y férreo carácter de su promotor.

Años después el teatro pasaría a manos de la Fundación Jenkins, que lo utilizó como cine, pero el recinto sufrió un lamentable deterioro, al grado que se pensó en demolerlo y hacer ahí un nuevo edificio.

Por fortuna, surgió un movimiento estudiantil y ciudadano para impedirlo y exigir la intervención gubernamental, pues era evidente que se trataba de un monumento histórico tan valioso que formaba –y forma– parte del patrimonio cultural, no sólo de Coahuila, sino de todo el país.

Este teatro constituye una maravillosa edificación que se levanta propiamente en tierras desérticas y está considerado uno de los más bellos de México. En su interior se aprecian murales deslumbrantes que pintó el maestro Salvador Tarazona y que se conservan gracias a la gestión correspondiente de los años ochenta de dos destacados servidores públicos, Miguel González Avelar y Martín Reyes Vayssade, en ese entonces secretario de Educación Pública y subsecretario de Cultura, respectivamente. Ambos funcionarios decidieron, en el marco del Programa Cultural de las Fronteras, la restauración de las pinturas del español Tarazona ubicadas en el frontis del escenario del teatro, delicada labor que estuvo a cargo del artista lagunero José Méndez, quien tuvo el tino de conservar el estilo original y recuperar algunos detalles que se habían mermado con el descuido y el paso del tiempo. El recinto luce también un precioso marco en estuco y otros decorados que fueron pintados a lo largo de las enormes paredes, que gracias al acucioso trabajo de restauración ahora los visitantes pueden apreciar y disfrutar. Un dato curioso es que sus butacas originales habían pertenecido antes al Palacio de Bellas Artes, aunque con el tiempo tuvieron que reemplazarse.

Claro que no podemos dejar de aludir a esos héroes cívicos que, encabezados por Alejandro Máynez, estuvieron en 1978 al frente del movimiento para rescatar el teatro de una demolición inminente. Se trata de José de los Santos, Sigfrido Macías y Marco Antonio San Juan, todos ellos en aquel entonces estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Coahuila, que tuvieron éxito en sus demandas para salvaguardar esta obra arquitectónica inigualable y pocos años después lograron que abriera sus puertas como centro cultural.

Ahora el manejo de este recinto está en manos de un patronato integrado por distinguidos y distinguidas coahuilenses, lo que ha permitido que su espléndido aspecto mejore cada vez más y que ahora hasta disponga de una buena librería, entre otras nuevas áreas.

En fin, es todo un orgullo que tengamos un monumento artístico de esa magnitud y belleza y que su historia constituya una gran lección de lo que es capaz de lograr la sociedad civil cuando se decide a luchar por lo que le pertenece en el ámbito de la cultura.

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En el mero Torreón

Martha Chapa
9 de Mayo de 2008


Ahora es Torreón, una importante ciudad que brilla por su actividad comercial y su palpable prosperidad, la que desarrolla su semana cultural.

En esta ocasión he sido invitada a presentar mi obra plástica en una exposición titulada “Manzanas de ayer y hoy”.

Y qué mejor lugar para mis frutos del paraíso que esta región que además de haber sido escenario de relevantes episodios históricos se sitúa de modo destacado en la actividad económica del norte de la república y del país entero.

Si pretendo dar un somero repaso por su historia, debo detenerme, por ejemplo, en la famosa batalla que ahí sostuvo Francisco Villa con su División del Norte contra las fuerzas federales de Huerta.

También ha sido tierra de pactos, como el que celebraran Venustiano Carranza y el propio Villa para limar sus asperezas en el proceso revolucionario.

Y si vuelvo a nuestros días, tengo muy presente que junto con varios municipios duranguenses conforma un territorio fértil y próspero, la llamada comarca Lagunera, bañada por las aguas del río Nazas.

Por cierto, en esa región se llevó a cabo una de las pocas huelgas de agricultores que registra nuestra historia, que explotó justo durante la gestión de Lázaro Cárdenas y se resolvió por medio de un histórico reparto de tierras.
En el pasado fue parte de lo que se llamaba la Nueva Vizcaya y la Nueva Galicia, y años después, a fines del Porfiriato, adquirió el rango de ciudad, por lo que como tal cumplió ya un siglo.

Pero regreso a la cultura, que la hay en abundancia, y del más alto nivel, como ese edificio espléndido que forma parte no sólo del patrimonio histórico de Torreón sino del país mismo: el Teatro Isauro Martínez, erigido en 1930 y considerado entre los diez mejores y más bellos de México. En ese maravilloso recinto se montó mi exposición.

¿Qué se puede decir de esta obra arquitectónica, calificada de gótica, bizantina y morisca, con decoración estilo oriental? En síntesis, uno de los más hermosos edificios del país, que descuella invariablemente en la capital coahuilense, no importa si los días son claros o se nublan por los ventarrones.
Don Isauro Martínez comenzó la construcción del teatro que lleva su nombre el primero de febrero de 1928 y lo inauguró el 7 de marzo de 1930. Aquel día inolvidable, de hace casi 80 años, en el programa oficial de la apertura se afirmaba con certeza: "Torreón puede enorgullecerse de contar con uno de los mejores teatros de la república, digno de admirarse antes de ir a buscar en él emociones sensorias que eleven el espíritu, ayuden a cultivar la mente o alegran el corazón".

Con el tiempo y la muerte de su propietario, el hermoso teatro fue vendido a una fundación y a partir de ahí sufrió un acelerado deterioro. Por suerte, un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Coahuila se preocuparon por el destino de esta joya arquitectónica y promovieron, hace ya 30 años, que fuera cedido a la ciudad de Torreón, con lo cual el Teatro Isauro Martínez pasó a ser patrimonio del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Un par de años después, al inicio de la década de los ochenta, se comenzó a restaurar este edificio, proceso que sufrió incontables altibajos debido a la recurrente crisis económica. No obstante, la voluntad de los coahuilenses, en especial de los habitantes de La Laguna –sabedores, como se dice por aquellas latitudes, de que en esa región “hay aridez pero no esterilidad”–, permitió que con el tiempo se cristalizaran los anhelos de ver nuevamente esta joya arquitectónica en toda su magnificencia.

De esta manera, con esfuerzo, voluntad y capacidad, se restauraron las pinturas murales y la decoración originales, obra del artista español Salvador Tarazona. Así, el Teatro Isauro Martínez fue recuperando su esplendor y pudo abrir sus puertas nuevamente al público en septiembre de 1982. Desde entonces es sede cotidiana de las más diversas expresiones de la cultura: teatro, conciertos, presentaciones de libros y exposiciones pictóricas y fotográficas. En ese escenario tengo el honor y el privilegio de presentar mi obra en “Manzanas de ayer y hoy”.

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