¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!,…
Martha Chapa
Con toda justicia se le rindió
un gran homenaje, uno más de tantos que ha recibido
en su vida. Me refiero al talentoso compositor
Manuel Esperón y sus enormes méritos, pues salvo
excepciones muy notables, las grandes canciones del
cine mexicano en su época de oro se deben a la
inspiración ese un solo hombre, distinguido
capitalino que nació en 1911, en la Colonia
Guerrero de la Ciudad de México.
Su obra, ha acompañado inolvidables momentos de
alegría, drama, amor y desamor, tan propias de la
sensibilidad nacional. Sus canciones han brotado de
las voces entrañables de figuras estelares como
Jorge Negrete o Pedro Infante.
¿Quién no recuerda a Pedrito, en dueto inmejorable
con la bella Blanca Estela Pavón, entonando
“amorcito corazón”?
¿Quién no sigue escuchando el eco poderoso y
entrañable de la voz bravía y bien modulada de
Jorge Negrete clamando: “Ay Jalisco, no te rajes”?
Pero la obra de don Manuel se mueve al ritmo de
todas las cadencias. Es suave cuando evoca la “flor
de azalea”, esperanzada cuando añora “el día que me
quieras”, precisa cuando advierte: “me he de comer
esa tuna… aunque me espina las manos”; y realista,
al declarar sin reservas: “que dicha es tenerte
aquí, mi vida”.
En fin, que su musica anda en busca siempre nada
menos que de la identidad nacional. Recuerda al
mexicano sus raíces arquetípicas, las notas
principales de su patria, las características que
él debe cumplir para poder decir “yo soy mexicano”.
En el
caso del maestro Esperón, se valdría decir a la
inversa de lo que se acostumbra o sea, que “no es
parte importante de la música mexicana, sino que
nuestra música popular es parte importante de él “.
Basta pensar en que ha musicalizado más de 500
películas del cine mexicano y se afirma que son más
de 300 sus composiciones, algunas con letra de otro
gran personaje de la música como lo es el Maestro
Ernesto Cortázar. Todas, emanadas de una inmensa y
profunda inspiración, tesoros ya de la lírica
nacional.
Sus canciones las han cantado voces tan famosas
como la de Jorge Negrete y Pedro Infante, además de
otros personajes, y desde luego la han interpretado
las orquestas más destacadas.
Se
trata de un gran hombre, auténtico, apacible,
lúcido e inspirado que también honra a sus
antepasados a su tatarabuelo, nada más que el gran
Macedonio Alcalá y a su primo Tata Nacho, quien
fuera brillante Director de la Orquesta Típica de
la Ciudad de México.
Más cercana a nuestro tiempo lo han interpretado
Placido Domingo, Luis Miguel, Tania Libertad,
además de un sinnúmero de pianistas y violinistas
todos reconocidos y prestigiosos. No hay estrella
del cine nacional que no tenga un vínculo musical
con él, llámese Cantinflas, Silvia Pinal, María
Félix, Lola Beltrán, Elsa Aguirre, Sara Montiel ó
Tintan, en fin una lista interminable.
Este sentido homenaje que se celebró en el Teatro
de la Ciudad nos recuerda toda su trayectoria,
además de sus más celebres canciones y melodías
que, en esta ocasión cuentan con la notable
actuación del famoso cantante de Opera, Fernando de
la Mora, acompañado por la orquesta Sinfónica de la
Ciudad de México.
Un cierre apoteótico, con aplausos casi
interminables, para esa enorme figura de nuestra
musica vernácula, siempre sencillo y generoso, Don
Manuel acompañado por su leal, capaz y gentil
esposa Beatriz, al igual que sus solidarias hijas,
muchos familiares, así como personalidades de
diversos medios.
Cabe
destacar también que en el marco de esta
celebración se instituyó acertadamente el Premio
Manuel Esperón, a través de la Secretaria de
Cultura del Gobierno del Distrito Federal, para
reconocer a músicos mexicanos que por su
trayectoria, aportación, investigación docencia y
rescate del patrimonio artístico musical, se hagan
merecedores a tal presea.
Felicidades de nueva cuenta y muchos años más de
creatividad e inspiración para el extraordinario
músico y compositor que llega casi a los 100 años
de vida, lleno de talento y vitalidad.