Un gris 2007
Martha Chapa
28 de Diciembre de 2007
Concluyo
mis colaboraciones periodísticas del año con un
recuento de lo que me pareció más relevante –por
encomiable o reprobable– en el campo de la cultura,
sin ánimos de triunfalismo o crítica estéril, sino
con la idea de contribuir a afianzar nuestros
avances y aciertos, y a la vez rectificar errores,
extravíos y omisiones.
Para comenzar, en una visión general podemos
percatarnos de que en estos primeros 12 meses de
gobierno la cultura no recibió el impulso que
demanda y amerita desde hace muchos años.
Lo peor es que en esta gestión tampoco se evidencia
la voluntad política, los recursos y la capacidad
de los servidores públicos responsables que tanto
requiere la cultura para dar un salto cualitativo.
No hubo, pues, un cambio a fondo, sino que se
mantuvieron algunas acciones sin mayor pena ni
gloria y, si me apuran a dar una opinión, tendría
que decir que la tendencia fue a la baja.
De hecho, se hizo un trabajo rutinario y de
funcionalidad elemental, con un par de excepciones,
como la muy interesante exposición en torno a Frida
Khalo que permaneció en la ciudad de México entre
mayo y agosto, y la
Epopeya mural de
Diego Rivera que acaba de terminar, ambas a cargo
del Instituto Nacional de Bellas Artes. La primera,
para conmemorar los 100 años del nacimiento de
Frida; la segunda, con motivo de los 50 años del
fallecimiento de Diego; una y otra, dignas de
visitarse y disfrutarse.
Por otra parte, en materia de fomento a la lectura
continúa el debate sobre el precio único del libro
y con ello un andamiaje jurídico que tiene que ver
lo mismo con una nueva ley de cultura que con los
derechos de autor.
En cuanto a los premios y reconocimientos otorgados
durante el año, celebro el hecho de que Fernando
del Paso, quien nos ha heredado ya una portentosa
obra literaria, haya obtenido el Premio Juan Rulfo
–aunque no se le llame oficialmente así debido a un
absurdo litigio, todos saben que ese galardón lleva
el nombre del escritor jalisciense– de la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara.
También cabe destacar el merecido doctorado honoris
causa de la Universidad Veracruzana para Carlos
Monsiváis, por ser, desde hace cuatro decenios, un
referente obligado de la cultura popular en México.
Y muy especialmente el Premio Nacional de Artes
2007 en el campo de Lingüística y Literatura para
Sergio Fernández, un emérito maestro universitario
y poseedor de una vigorosa obra literaria.
Menciono, entre los acontecimientos importantes al
Fórum Universal de las Culturas que se llevó a cabo
en Monterrey, mi tierra natal, a pesar de vientos y
mareas, tanto por su alto costo como por la
ausencia de los creadores de allá mismo en la
programación cultural, entre muchas otras fallas y
omisiones. Queda, eso sí, entre sus escasos
méritos, el montaje de tres grandiosas
exposiciones:
Isis y la serpiente
emplumada,
América migración y
Buda en el arte.
En síntesis, pocas luces y muchas sombras. Por eso,
si hubiera que elegir un color que defina la acción
cultural en el seno de las instituciones durante
este año, dicho con toda honestidad, el más
indicado sería sin duda el llamado “gris Oxford”
Reprobados en cultura
Martha Chapa
21 de Diciembre de 2007
Por
fin se presentó el Programa Nacional de Cultura
2207-2012, que de entrada muestra una tendencia
hacia la continuidad de ciertos proyectos
establecidos en la pasada administración, así como
líneas generales o políticas públicas que se han
enraizado en las últimas décadas.
Estas características, aun cuando en principio son
positivas, no responden del todo ni con precisión a
la innovación y el enriquecimiento requeridos para
atender los problemas y retos en el ámbito de la
cultura del país en un mundo ya inmerso por
completo en el siglo XXI. Si acaso, se podrían
rescatar unas cuantas generalidades y alguna
novedad.
Habría también que decir, en primer término, que
hubo desdén y falta de ánimo democrático y ausencia
absoluta de pluralidad para definir mecanismos
institucionales que garantizaran una consulta
previa y a fondo con la comunidad artística y
cultural del país para el diseño de este Programa.
De hecho, hace unos meses se intentó un remedo de
consulta que terminó en esfuerzo inútil por su
desorganización y escasa representatividad.
Tal actitud de desapego a la comunidad cultural se
registró de nueva cuenta en la ceremonia donde
Sergio Vela, titular del Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes (Conaculta), presentó dicho
Programa ante el presidente Felipe Calderón: no se
invitó a artistas ni a creadores –en realidad, el
auditorio estuvo prácticamente conformado por
funcionarios y trabajadores de Conaculta– y más
pareció un montaje, una escenificación, con lo que
se perdió una gran oportunidad para estimular esa
presencia y participación, que es el único camino
para darle sustento real y eficaz a las
instituciones. Vaya, hasta pareció un engaño al
presidente, que de por sí se mantiene alejado del
medio artístico e intelectual, y si no fue el caso,
sin duda constituyó una manifestación clara de
ineptitud de los funcionarios en turno para acercar
al primer mandatario a estos temas esenciales y
respaldar la acción cultural con compromisos
precisos.
Así, el plan que se ha establecido se mantiene como
un ejercicio unilateral, desprovisto de
imaginación, compromisos claros y desánimo en
cuanto a la participación social.
A decir de Sergio Vela, se pretende convertir a la
cultura “en un poderoso factor de desarrollo” a
través de tres estrategias: fortalecimiento de las
instituciones culturales, puesta al día de la
infraestructura cultural nacional y gestión
corresponsable de la cultura. Sin embargo, ya
diversas voces se han manifestado para criticar el
afán de “hacer rentable” a la cultura, como si se
tratara de una mercancía cualquiera, de un mero
asunto de compra-venta dominado por las leyes del
mercado, lo que desvirtúa de plano la esencia de la
actividad cultural.
Faltan cuestiones importantes y definiciones
esenciales en el orden tanto jurídico como
programático, como la nueva ley de cultura, los
procedimientos de consulta social, los estímulos
fiscales, los alcances y materia de uso y
protección del patrimonio histórico. Incluso, se
echa de menos una visión continental, por lo que
toca a Latinoamérica, entre otros temas.
Mas aún, falta lo que es determinante en cualquier
acción de gobierno: diálogo, participación,
planeación democrática, acuerdos y sistemas de
evaluación.
En fin, que si no se rectifica en los próximos
meses, el 2008 será un año más de autismo, soberbia
burocrática, negligencia e irresponsabilidad en el
campo de la cultura, al igual que ocurrió en gran
medida en el año que ya
concluye.
Con Al Gore, sí
Martha Chapa
21 de diciembre de 2007
Si
bien Estados Unidos ha entrado al siglo XXI como la
gran potencia económica y militar que fue
adquiriendo auge y supremacía desde décadas atrás,
no podemos olvidar que también se trata de una
nación llena de problemas y retos.
Es cierto que su economía sigue creciendo y que
continúa al frente de la tecnología armamentista,
pero también son evidentes las resquebrajaduras en
el proverbial
american way of life.
Tan sólo a manera de ejemplo, recordemos la enorme
crisis inmobiliaria de los últimos meses, que ha
encendido los focos rojos y amenaza la estabilidad
económica que se había conservado durante muchos
años. A esto se suma su enorme deuda internacional
–que alcanza montos impresionantes– y, en el
renglón de la competencia comercial, la cada vez
más agresiva presencia en los mercados mundiales de
China y los países asiáticos en general, además de
la Unión Europea.
De igual forma, en cuanto a la infraestructura e
industria bélicas, algunos países que antes se
mantenían al margen de esta carrera, apenas con
recursos defensivos, empiezan a ser motivo de gran
preocupación. Es el caso de Irán, Irak y Corea,
entre otros, pues ya hasta Venezuela, bajo el
régimen autoritario de Chávez, pretende generar
energía nuclear.
Y todo ello sin contar con lo que puede ser el
regreso a los tiempos de la llamada
guerra fría,
con la amenaza de un renovado belicismo ruso,
encabezado por el presidente Putin, que para
empezar avala la proliferación de misiles en Europa
del Este.
Pero ahí no terminan los problemas que enfrenta
Estados Unidos, pues habría que sumar otros, de
manera señalada el de orden ecológico. Justamente
acerca de este conflictivo tema, Al Gore, ex
vicepresidente, ex candidato a la Presidencia y
adversario acérrimo de George Bush, ha generado una
fuerte crítica a los usos y costumbres vinculados
al confort propio del estilo estadounidense de
vida, que nos ocasionan ya serios problemas debido
al fenómeno que se conoce como calentamiento
global.
La presencia de este personaje crecerá todavía más
después del merecido otorgamiento del Premio Nobel,
pues ha ido sumando voces críticas para que los
países de mayor desarrollo industrial, como es su
propia nación, frenen tan desbocada carrera en el
deterioro de las condiciones del mundo entero. La
voz de alarma no es exagerada: el riesgo es de tal
magnitud que, se calcula, en menos de medio siglo
–y no es una historia de ciencia ficción– se puede
poner en riesgo la vida misma de la especie humana.
Un solo dato nos puede dar muestra de este
gravísimo asunto: en los últimos 30 años, la tasa
de calentamiento en el planeta ha sido casi tres
veces más grande que la tasa que se registró en las
primeras siete décadas del siglo XX. Es decir, las
temperaturas se incrementan año con año a cifras
récord.
Hace
sólo unos días, Gore acusó a Estados Unidos de ser
el principal responsable de bloquear la adopción de
un consenso para detener el cambio climático en la
reunión celebrada para el efecto por Naciones
Unidas en la isla de Bali. “... voy a decirles una
verdad incómoda: mi país, Estados Unidos, es el
principal responsable de la obstrucción de las
negociaciones aquí en Bali”, denunció.
Sin
duda, estos y otros temas de igual trascendencia
formarán parte de los discursos y posicionamientos
de los candidatos a suceder al actual presidente
estadounidense, principalmente por lo que
corresponde a los demócratas, y de forma especial a
Hillary Clinton.
Problemas, en fin, que aun cuando le pertenecen al
gobierno y pueblo estadounidenses, no escapan a la
responsabilidad de todas las demás naciones, pues
sería suicida desentendernos de un mundo que a
todos nos pertenece, más aún cuando comprobamos que
en la “gran potencia” prevalece una ceguera en
cuanto criterios y políticas internacionales
conforme los asuntos empiezan a traspasar sus
propias fronteras, pues son las grandes empresas y
corporaciones mundiales quienes actúan de modo
parcial y unilateral en función de sus intereses de
mercado.
Apoyemos, entonces, iniciativas tan lúcidas,
oportunas y esenciales para el futuro de la
humanidad como las que conforman la campaña con el
sello de Al Gore que, ni duda cabe, es una
inteligente y humanista propuesta. Tristemente, no
deja de ser una excepción dentro de esa poderosa
sociedad, la cual insiste en no oír ni ver más allá
de su territorio, conducida siempre por el afán
insaciable de la ganancia por encima de todo y de
todos.
Decisión decepcionante
Martha Chapa
14 de diciembre de 2007
Es
una defensora ilustre de los derechos humanos –en
particular de las mujeres y los menores de edad–,
que debido a su labor se ha visto sujeta a las
irregularidades, las amenazas y la impunidad de los
transgresores de la ley.
Desde sus primeras incursiones en el periodismo,
como una acuciosa y valiente reportera en Quintana
Roo, sufrió represiones y se vio envuelta en todo
tipo de diatribas y descalificaciones.
Pero su calvario comenzó con su crítico y revelador
libro
Los demonios del Edén.
¿Por qué esta obra producto de su trabajo
periodístico le acarreó tantos conflictos? Porque
la realidad que conoció a través de su labor como
reportera y su conciencia social la condujeron a
fundar en Cancún, hace cosa de dos décadas, el
Centro Integral de Atención a las Mujeres para
otorgar diversos servicios a las víctimas de la
violencia extrema: asesoría legal, terapia
psicológica, asistencia médica, ginecológica y de
salud reproductiva, así como intervención en
situaciones de crisis por violación sexual y abuso
infantil. Justamente esa actividad le permitió
descubrir una poderosa red de prostitución y
pornografía infantil encabezada por tristemente
célebre hotelero Jean Succar Kuri.
En
Los demonios del Edén,
Lydia Cacho denuncia la existencia impune de esas
redes de pederastia y pornografía infantil. Ahí
recoge declaraciones de niñas y jovencitas víctimas
de esos delitos, quienes mencionan a personajes muy
conocidos del medio político, como Emilio Gamboa
Patrón, actual líder de la bancada priista en San
Lázaro, junto a empresarios como Kamel Nacif,
llamado el
Rey de la mezclilla debido
a su cadena de maquiladoras en Tlaxcala, Puebla,
Chiapas y Quintana Roo, y quien también se ha
vuelto famoso debido a la divulgación de sus no
precisamente elegantes conversaciones telefónicas.
No es la primera vez que se acusa al primero de
algún acto ilícito, pues hace algunos años reportes
periodísticos en Estados Unidos lo vincularon con
actividades de narcotráfico. Del segundo se dice
que es sospechoso de lavado de dinero, evasión
fiscal y explotación de mujeres trabajadoras.
Sin embargo, la mayor sospecha que pesa sobre ambos
son sus presuntos nexos con una vasta y criminal
red de pederastia y pornografía infantil.
Y en esa medida, la denuncia de la ameritada
periodista Lydia Cacho en el libro citado no sólo
levantó revuelo sino que puso en evidencia un
tejido de complicidades en el seno del poder
político y económico, de mafias enquistadas en las
instituciones.
Es por todos conocido que el asunto no quedó ahí,
pues tenemos muy presente las vejaciones que
padeció la periodista a manos de los esbirros del
gobernador poblano, Mario Marín, quien empeñado en
la defensa de los intereses de su amigo Kamel Nacif
y sus cómplices, demostró que no es sino uno más de
la misma calaña. Porque, digan lo que digan, no hay
otra explicación al hecho de que el
gober precioso atendiera
sin demora la denuncia por difamación presentada
por Nacif y se prestara a realizar el trabajo sucio
de detener a Lydia Cacho en Cancún y conducirla a
Puebla por carretera, en un tortuoso viaje de casi
un día entero, durante el cual fue vejada y
torturada psicológicamente. ¿Alguien duda de que la
detención y el traslado de la periodista en tan
particulares circunstancias fue producto de un
contubernio que con tanta claridad quedó
evidenciado en la soez conversación telefónica
entre Mario Marín y Kamel Nacif, que todo el país
escuchó indignado el año pasado?
Y cuando parecía que las cosas no podían ser
peores, llegó el lamentable veredicto de la Suprema
Corte de Justicia, que en una decisión
incomprensible resolvió que no hubo violación grave
de garantías individuales en perjuicio de Lydia
Cacho, pues sólo existieron “irregularidades
menores”. La Corte, así, se negó a ver y escuchar
lo que salta a la vista y al oído de todo el mundo:
el tamaño de la gravedad, no sólo de las
violaciones a los derechos de Lydia Cacho, sino de
delitos de la magnitud de la pederastia y la
pornografía infantil.
Por más explicaciones legaloides que hayan emitido
los seis miembros de la Corte que se negaron a
aceptar la evidencia de los hechos, la sociedad se
indignó y continúa ofendida por esa decisión, pues
estaba esperanzada en que ese alto tribunal
reabriera a su vez, en las instancias necesarias,
un enjuiciamiento a fondo de todos estos
personajes, en particular del priista Mario Marín,
que gracias al favor de esos magistrados –¡y
magistradas!–, ahora quedará impune.
Quedan, sin embargo, los testimonios de una mujer
que ha encontrado en el periodismo un loable camino
para luchar contra la maldad y el delito.
Quedan también los votos que recibió a su favor
–cuatro de diez– en dicha instancia judicial.
Queda el notable y bien documentado dictamen
elaborado por el ministro Juan N. Silva Meza, en el
que se demuestra claramente que sí hubo violación
grave a las garantías individuales de Lydia Cacho.
Y queda, desde luego, la asignatura pendiente para
las instituciones, a las que exigimos que actúen y
cumplan con sus obligaciones, incluyendo a los
poderes Ejecutivo y Legislativo, así como lo poco
que queda del Judicial.
México
ya cambió, es otro, y sus instituciones deben
también renovarse, aceptar, por fin, que tienen que
comprometerse en una genuina vocación del servicio
público, la verdad y la justicia.
Grandes pasos de Del Paso
Martha Chapa
14 de diciembre de 2007
El Premio FIL de la Literatura 2007, otorgado por
la Feria Internacional del Libro de Guadalajara,
fue para Fernando del Paso. Es el mismo galardón
que el año pasado recibió Carlos Monsiváis y en
2000 el poeta argentino Juan Gelman, aunque
entonces se le llamaba Premio Juan Rulfo.
Un
reconocimiento más a su trayectoria y su conocida
trilogía novelística:
José Trigo (1966),
Palinuro de México (1977)
y
Noticias del Imperio (1987),
aunque debemos recordar que tiene una cuarta obra,
la última publicada hasta ahora, pero de un corte
distinto, pues se trata de una novela policiaca,
llamada
Linda 67: historia de un crimen
(1995).
José Trigo fue
merecedora del Premio Xavier Villaurrutia;
Palinuro de México,
del Rómulo Gallegos de Venezuela, en 1982, y en
Francia obtuvo el premio a la mejor novela
extranjera en 1985;
Noticias del Imperio fue
reconocida con el Premio Mazatlán en 1988.
Nacido en la ciudad de México en 1935, en su
juventud Fernando del Paso tuvo inclinaciones hacia
la medicina, pero terminó entregándose a la tarea
literaria, aunque dice que escribir lo angustia
terriblemente y le cuesta un trabajo espantoso.
Cuando estuvo frente a la opción de estudiar para
médico, consideró un factor fundamental: la sangre
lo aterroriza. Además, reconoció que sería muy
difícil estudiar esa carrera y estar casado, porque
él quería casarse, pues acababa de conocer a la que
hoy todavía es su esposa.
También con afición a la pintura, comparte esta
mescolanza artística, puesto que puede dibujar,
como lo aclara, al mismo tiempo que conversa con su
familia. No obstante, para escribir necesita estar
aislado porque incluso se pone de mal humor.
Castillos
en el aire,
poemario presentado en Bellas Artes en 2002 es una
clara muestra de su dualidad, pues ahí se incluyen,
alternados entre su obra poética, 20 dibujos
trazados por él.
Ha incursionado en el ensayo, el cuento y la
dramaturgia. Así, se puede mencionar
La muerte se va a Granada, obra
teatral en honor
a García Lorca, o su ensayo sobre la vida de Juan
José Arreola.
Desconozco si por decisión o por azar, pero lo
cierto es que suele concluir sus novelas casi una
década después de haberlas empezado. Para Del paso,
el proceso de elaboración de una novela es
agotador. “Después de escribir un libro –dice–,
quedo vacío, cansado, exhausto”.
Ha logrado algunas becas más que merecidas para su
creación artística, por ejemplo, un par de veces la
célebre Beca Guggenheim. Es director de la
Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la
Universidad de Guadalajara, misma que a su
biblioteca más importante ya le dio el nombre
Fernando del Paso.
En el ámbito diplomático fue cónsul de México en
París de 1988 a 1991, año en el que recibió el
Premio Nacional de Ciencias y Artes.
Su novela
Noticias del Imperio rebosa
contenido histórico mientras detalla literariamente
el drama que protagonizaron los emperadores
Maximilano y Carlota, en el marco del conflicto
ocurrido entre México y Francia, y que tuvo a
figuras como Napoleón III o Benito Juárez como
contrastes ideológicos. Esta obra fue parte
del
boom de
novelas históricas, aunque ocupa un sitio especial,
pues se le ha catalogado como la mejor novela
mexicana del siglo XX.
El talento de Del Paso no se agota en la literatura
y las artes plásticas. También se extiende a la
gastronomía, donde existen espacios para el acto de
crear, como ya lo decía Alfonso Reyes que la
calificaba de arte, así sea arte efímero.
Hoy se levanta de nueva cuenta victorioso, pues a
lo largo de su vida ha padecido ciertas afecciones
que incluso llegaron a tenerlo cerca de la muerte.
Pero nada de eso le impidió asistir a recibir su
premio el mes pasado en el marco de la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara.
Una gran felicitación a un gran autor que, con toda razón, recibe un gran premio.
Un golpe al Gorilato
Martha Chapa
7 de Diciembre de 2007
Hubiera
sido una catástrofe para Venezuela y, en general,
para la democracia latinoamericana.
De haber ganado el
sí en
el referéndum que promovió el presidente Hugo
Chávez, la mancha de la dictadura habría avanzado
en nuestro continente.
Es más, de entrada parece un contrasentido someter
al voto público si se desea ir hacia el modelo
democrático o se opta por el autoritarismo.
Por fortuna se impuso la razón y Venezuela seguirá
inscrita en los procesos democráticos.
Sin embargo, la diferencia fue mínima: el
no ganó
por menos de 51%, y no deja de ser preocupante que
millones de votantes apoyaran la reelección
indefinida de Hugo Chávez.
Además, este resultado que rechaza a la dictadura
no debería derivar en triunfalismos –si bien se
vale festejar la victoria–, pues la amenaza de
mantener un régimen militarista que conculque las
libertades, está latente. Por lo mismo, las
organizaciones opositoras tendrán no sólo que
continuar sus luchas, sino redoblarlas por la vía
pacífica.
Pero, sin duda, lo que aconteció en la votación en
torno a la reforma a la Constitución venezolana,
celebrada el pasado domingo 2, ha representado un
duro y serio revés al claro propósito del
mandatario de mantenerse en el poder sin límite de
tiempo (“¡Si el pueblo venezolano decide que
gobernaré hasta el año 2050, hasta el año 2050
gobernaré!”, había dicho hace apenas unos días).
Luego de la derrota, Chávez declaró: “No pudimos...
por ahora”, lo cual significa que seguirá en el
empeño de imponer su concepción de un socialismo
trasnochado y anacrónico.
De hecho, su mandato –para el cual fue elegido– se
extenderá hasta el 2012 y por tanto dispone de
mucho tiempo para continuar con su operativo
político.
Se cuidará, claro, de no contravenir la decisión
mayoritaria porque sobrevendría el rechazo y el
aislamiento por parte de la comunidad internacional
y quizá una lucha civil entre los venezolanos, que
podría provocar una derrota total, lo que le haría
perder mucho de lo que ha constituido su propio
proyecto político y económico.
Por ahora, también, celebramos los resultados de la
votación de hace unos días y que el pueblo
venezolano dé muestras de querer liberarse de estos
caudillos, que no representan a la verdadera
izquierda social.
Un populismo estéril, la debacle económica y un
autoritarismo que realmente desplaza a la voluntad
popular, es lo contrario a esos nuevos afanes de
pueblo venezolano.
Al belicoso mandatario no le ha quedado otra que
aceptar, y hábilmente afirmó que se fortalece la
democracia, esa misma que combate y desprecia día a
día.
Estamos de plácemes de que él y su proyecto
resultaran derrotados y haya triunfado la vía
democrática.
Sería
deseable que a partir de este ejemplo todos los
países donde se perfilan estas tendencias
dictatoriales –o donde ya están enraizadas–
aprovechen el impulso y reaccionen para expresarse
plenamente a favor de las libertades.
Letras y Magisterio
Martha Chapa
7 de Diciembre de 2007
Hace
algunas semanas se dio a conocer que el Premio
Nacional de Artes 2007 en el campo de Lingüística y
Literatura fue otorgado al escritor, profesor e
investigador Sergio Fernández.
Este
hecho generó en mí una doble satisfacción, pues por
una parte lo considero más que justo, dada la
vasta, versátil y profunda obra de este escritor
nacido en la ciudad de México en 1926. Por otro
lado, me provoca una alegría personal, pues que nos
une la amistad, que se extiende a nuestras
respectivas familias desde hace muchos años, en
especial a través de su hija.
Maestro emérito de nuestra Universidad Nacional
Autónoma de México, Sergio Fernández es también un
hombre de letras en el más estricto y puro sentido
de la expresión. Su entrega a la literatura explica
su existencia, pero no de una manera acartonada.
Se trata de un reconocido académico, de larga y
fecunda trayectoria, respetado por generaciones
enteras de estudiantes y colegas.
Un hombre de estudio que ha preferido la reclusión,
apartarse de la vida social, del llamado mundillo
literario –y desde luego de sus mafias y capillas–
para refugiarse en la lectura y la escritura, en la
reflexión y el ejercicio fértil de la imaginación.
En
la literatura, dos figuras parecen llamar su
atención y convocar su talento: Sor Juana Inés de
la Cruz y Miguel de Cervantes Saavedra.
Sergio
Fernández se ha internado con suerte y luces
especiales en la obra y la persona de la monja
jerónima para desentrañar un sinfín de misterios y
acompañarla en los vuelos de su imaginación. Rico
fruto de estas expediciones es la novela
Segundo sueño (1976),
así llamada en clara referencia al poema célebre de
Sor Juana, titulado
Primero sueño.
Asimismo, es un cervantista que se ha afanado con
singular claridad y hondura en revelarnos la
grandeza, no siempre manifiesta ante una primera
mirada, de
El ingenioso hidalgo don Quijote de la
Mancha,
esa obra inmortal.
A decir del jurado que le otorgó el premio en
octubre pasado, Fernández fue merecedor de él por
haber combinado con excelencia la creación
literaria, el desempeño académico y la
investigación sobre hitos fundamentales de la
literatura hispánica. Cabe recordar que este doctor
en letras españolas tiene una presencia de más de
50 años en el mundo de las letras y es investigador
emérito del Sistema Nacional de Investigadores
desde 1994.
A la vez, nuestro autor es un narrador imaginativo
y profundo, como lo prueban
Los signos perdidos (1958),
En tela de juicio (1964),
Los peces (1968)
–quizá su obra más conocida y, a decir de él mismo,
su preferida– y
Los desfiguros de mi corazón
(1983),
entre otros títulos. Antes de éste, también ha
recibido el Premio Xavier Villaurrutia 1980 y el
Premio UNAM en 1988.
En
una entrevista reciente, reveló que a sus 81 años
mantiene intacto su anhelo de conocer y aprender:
“Si tuviera oportunidad de volver a ser joven
–afirmó–, todo mi tiempo lo dedicaría a estudiar y
viajar”.
Nos felicitamos, pues, de un premio tan merecido al siempre joven maestro Sergio Fernández.
La maravillosa Isis
Martha Chapa
30 de Noviembre de 2007
Es
una de las culturas más antiguas del mundo, que nos
sigue deslumbrando no sólo por su excepcional
patrimonio artístico y arquitectónico, sino también
por su historia, leyendas y mitos.
Me refiero, claro, a la cultura egipcia, nacida a
orillas del legendario Nilo, río que bañó y
fertilizó las tierras de esta civilización
original.
Casi todos la hemos tenido presente y la admiramos
desde nuestras primeras enseñanzas en la escuela, o
luego de conocerla a través de los libros, e
incluso cuando nos hemos fascinado con ella o por
medio de las imágenes del cine, que tanto nos ha
mostrado ese universo de faraones y pirámides a
través de producciones de lujo, aunque no siempre
apegadas a los hechos reales.
En todo caso, lo importante es el impresionante
acervo de conocimientos, ciencia y arte que generó
hace milenios.
Pues bien, una espléndida muestra de esas
maravillas está ahora a nuestro alcance y no
tenemos que acudir necesariamente a estas fuentes
primigenias o hacia esas lejanas y hermosas tierras
para entrar en contacto con la maravillosa cultura
egipcia.
Forum, encuentro de culturas que se celebra en
Monterrey, mucho más cerca de nosotros, nos lo
permite.
Gracias a la colaboración del Centro Nacional para
la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de
Antropología e Historia y el Consejo Supremo de
Antigüedades de Egipto, podemos disfrutar la
exposición
Isis y La Serpiente
Emplumada,
que nos muestra dos deidades igualmente relevantes
de sendas culturas muy lejanas en la geografía,
pero en realidad más cercanas de lo que
supondríamos.
Se trata de una aproximación a dos divinidades
fundamentales que sirvieron de vehículo a los
grandes logros alcanzados en las inmediaciones del
Nilo, por un lado, y Mesoamérica, por otro. Es
decir, Isis y Quetzalcóatl.Más de 100 piezas
egipcias y 200 mexicanas sirven para hacer un
recuento de la historia de estas dos deidades en
una propuesta museográfica distribuida en 21 salas
temáticas dentro de las instalaciones del Centro de
Exposiciones de lo que fuera la Fundidora de
Monterrey, ahora convertida en un magnífico centro
cultural.Isis fue la deidad madre de los antiguos
egipcios, que se identifica con el río Nilo y
representa la fertilidad, abundancia y protección.
El origen de su culto se remonta a seis mil años y
permaneció hasta el imperio romano. A su vez,
Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, es la deidad
creadora para los pueblos mesoamericanos que la
asociaron con el concepto de la dualidad. Su culto
dio inicio con la serpiente acuática entre los
olmecas en el año 1200 a. C. Los paralelismos se
encuentran en el hecho de ser divinidades
relacionadas con la creación y su permanencia a
través de los milenios.Todas las piezas egipcias
son de una gran valía artística, histórica,
material y antropológica. Y qué decir de las que
están ahí mismo procedentes de diversas culturas de
México, que igualmente se reunieron a partir de
diferentes museos regionales para constituir una
majestuosa exhibición que muy difícilmente se
podría repetir con tal cantidad y calidad de obras
reunidas.
Una exposición de antología y en verdad
inolvidable.
Escuelas con futuro
Martha Chapa
30 de noviembre de 2007
Frente
a la creciente demanda de técnicos en el país, la
Secretaría de Educación Pública ha creado diversos
sistemas de enseñanza con esa orientación.
Uno de los más exitosos es el Colegio Nacional de
Educación Profesional Técnica, mejor conocido por
sus siglas Conalep, que cubre simultáneamente el
bachillerato y una preparación técnica con diversas
especialidades vinculadas a la industria, la
vertiente del autoempleo y la prestación de
servicios en general.
Su misión es clara: la formación del profesional
técnico bachiller a través de un modelo educativo
pertinente, flexible, equitativo, de calidad y
sustentado en valores. Asimismo, ofrece
capacitación laboral y social, efectúa la
evaluación de competencias laborales y proporciona
servicios tecnológicos para contribuir así al
desarrollo nacional, estatal y regional.
En esta ocasión me quiero referir en particular al
sistema Conalep de Nuevo León, pues en mi entidad
natal hace unos días tuve oportunidad de hacer un
recorrido por varios de sus planteles y enterarme
de su rigor técnico-académico, su magnífico
profesorado y sus excelentes instalaciones y
talleres. Algunos de éstos, por cierto, muy
avanzados, como el dedicado a la mecatrónica, que
no es sino la mecánica y electrónica unidas para
usos diversos, por ejemplo, en aviación y
automotores, entre otros.
Los propósitos del Conalep se enmarcan en una
visión integral. En congruencia con las pautas de
este sistema a escala nacional, en el caso de Nuevo
León ha asumido la responsabilidad de incidir en el
desarrollo económico del estado, con el compromiso
de ofrecer una amplia cobertura de educación,
pertinente, flexible, con equidad y calidad, que
corresponde a las exigencias de una economía
globalizada.
El modelo educativo se caracteriza por promover
competencias básicas, ocupacionales y sociales con
énfasis en el desarrollo humano integral que
permita formar líderes y emprendedores sustentados
en valores, con sustento en una gestión educativa
que favorezca la mentalidad positiva y una
comunicación e interrelación entre el personal
directivo, administrativo, prestadores de servicios
académicos y padres de familia. Todo esto con
responsabilidad y respeto hacia el principal
beneficiario, que es el alumno, a fin de facilitar
su inserción el mercado laboral y en la educación
superior.
Y para garantizar esta formación de calidad, los
prestadores de servicios académicos han recibido la
certificación en sus competencias y se mantienen en
actualización continua en cuanto a conceptos,
métodos y técnicas.
Cabe señalar que los planteles cuentan con
autonomía de gestión para atender con efectividad
la demanda de servicios educativos y laborales.
Además, son casi autofinanciables, pues generan
ingresos propios por concepto de servicios de
capacitación y de evaluación de competencias, lo
que les permite cubrir un buen porcentaje de sus
gastos de operación.
En mi reciente visita a los planteles de este
interesante sistema educativo en Nuevo León tuve
además el privilegio de entregar los premios del
concurso “Comentando un libro”, que responde al
interés de formar generaciones que además de una
sólida instrucción técnica y científica cuenten con
bases humanistas.
Es justo reconocer a quienes toman estas decisiones
con una visión integral, como el licenciado Jorge
Covarrubias, director general del sistema Conalep
en el estado, quien así da testimonio de su
compromiso con la educación y la cultura para
incidir en la formación de mejores generaciones de
neoleoneses. Se trata de un servidor público que ha
ubicado al Conalep estatal como el modelo nacional,
pues es importante mencionar que incluye un
avanzado sistema de alfabetización digital. Por
ello, expreso mis felicitaciones a su equipo de
trabajo y a los maestros del sistema que día a día,
con entrega, tesón y responsabilidad social,
apuntalan la educación, sin la cual un país
–cualquiera que sea– no podría avanzar.
Mención especial merece la licenciada Silvia Garza
Benavides, talentosa directora del plantel Santa
Catarina y organizadora de mencionado certamen.
Extiendo mis parabienes a los directores de los
diversos planteles de Conalep en el estado. Sin
duda, sistemas educativos como éstos nos permitirán
ir definiendo un rumbo adecuado para el desarrollo
del país y un futuro promisorio para las próximas
generaciones.
Leer más
Martha Chapa
23 de noviembre de 2007
Desde
la época de José Vasconcelos y su gran proeza de
las misiones culturales, no ha habido hasta
nuestros días una cruzada a favor de la cultura
como la que emprendió ese ilustre oaxaqueño.
Lo que me interesa subrayar aquí es que durante la
polifacética actividad de quien además de
funcionario fuera político, escritor y filósofo –en
todos los campos con novedosas aportaciones y
grandes logros–, creció de manera exponencial la
producción de libros, lo que permitió que se
registrara un parteaguas en lo relativo a los
avances en la alfabetización y el hábito de la
lectura.
Cómo no recordar, por ejemplo, la edición que
reunió a los llamados clásicos de las letras, que
son imperecederos. Desde ahí se demostró que la
difusión de textos fundamentales de la cultura es
una asignatura indispensable en todo tiempo y
lugar. Su noble propósito era que todos aquellos
que acababan de abandonar el analfabetismo pudieran
gozar en sus primeros lecturas de textos tan bellos
y enriquecedores.
Cuando un país no conoce con profundidad su pasado,
su historia y su cultura, puede afirmarse que
carece de presente e incluso está en riesgo de
cancelar su futuro.
Por eso, el acervo que se produce generación tras
generación resulta el más elevado y apreciable de
los legados que una sociedad pueda heredar y
disfrutar individual y socialmente.
Me refiero al conocimiento adquirido y la
vitalización de la memoria colectiva a través del
libro y la lectura. Así, resulta loable cualquier
esfuerzo y voluntad proveniente de las
instituciones públicas, privadas o sociales que se
inscriban en este cauce, y se convierte en un deber
de todos, de todas, ofrecer nuestro pleno apoyo en
esta tarea.
Esta convicción me condujo a la ciudad de
Monterrey, donde pude atestiguar la notable
respuesta a la convocatoria que formulara un
importante centro educativo hacia su alumnado, a
fin de promover el acercamiento a los libros y
fortalecer el hábito de la lectura. Pero también –y
esto es muy meritorio– impulsarlos a la creación,
al ejercicio de la literatura misma, a través de
escribir y adentrarse en el buen uso de nuestro
maravilloso idioma.
Un certamen que implicó de mi parte la lectura de
todos los textos, a la vez que el desarrollo de una
apreciación literaria para emitir una opinión. Me
llamó mucho la atención –y expreso por ello mi más
pleno reconocimiento– el hecho de que existan
iniciativas con tan nobles propósitos, y que si
bien la juventud encuentra en aquel establecimiento
académico un espacio para cursar el bachillerato, a
la vez recibe una formación técnica, herramientas
indispensables en un país como el nuestro, que debe
avanzar hacia la modernidad en un mundo
extremadamente competitivo. Otra característica
digna de elogio es que les preocupa formar
mexicanos con un oficio que incluye dentro de su
programa de estudios a la vertiente humanística.
No saben qué satisfactorio fue leer los trabajos
que participaron en este concurso. Más allá de los
estudiantes que resultaron finalistas, y a quienes
desde luego felicito ampliamente, considero que la
ganancia principal fue para una comunidad
constituida por jóvenes preparados, a la vez, en la
técnica y el espíritu.
Créanme que después de conocer los textos de los
noveles escritores reafirmé la certeza de que mi
tierra sigue adelante y va para más, en congruencia
con el modelo de grandes hombres y mujeres que nos
han legado una obra fundamental y un ejemplo
imborrable.
Como afirmó Alfonso Reyes –nuestro ilustre paisano,
que tanto promovió universalmente nuestras raíces y
fuera objeto del reconocimiento de un pueblo
agradecido, al grado de que se le nombró Benemérito
de la Cultura de Nuevo León– en uno de sus
discursos, que para mi gusto deberíamos recordar
con mayor frecuencia: “El libro es, en todos
sentidos, efecto de integración humana. En él opera
el hombre total, desde la mano hasta el espíritu”.
Tal pensamiento me inspira a compartir con emoción
la idea de que los libros tienen vida y se
convierten en un conducto elocuente para transmitir
valores profundos y perdurables del ser humano.
Por todo ello, es urgentísimo impulsar un ambicioso
proyecto nacional que abarque desde la primaria
hasta la educación superior –sin importar si se
trata de carreras humanistas, científicas o de
perfil tecnológico– este tipo de programas
especiales orientados a conocer más nuestra
historia y a nuestros escritores, artistas
plásticos, músicos, arquitectos y, desde luego,
nuestros científicos.
Y nada mejor que comunicar tales conocimientos y
enseñanzas adoptando como vehículo indispensable al
libro, de tal suerte que se convierta en un emblema
y un ingrediente cotidiano para el desarrollo
integral de las generaciones presentes y venideras.
De lograrse esto, nuestro México sería otro, pues
habrá dado un salto cualitativo en materia
educativa y cultural, continuando con la brillante
obra, todavía sin parangón, que Vasconcelos
iniciara hace más de ocho décadas.
Este tipo de acciones nos vienen bien frente a un
clima social de creciente violencia e inseguridad
pública, pues sin duda la cultura puede y debe
contemplarse como uno de los más poderosos y
certeros antídotos contra esa corrupción social.
Aunque sus efectos benéficos no son tan inmediatos,
sí penetran y perduran en la medida que acerca a
los seres humanos, enaltece su calidad ciudadana y
es fuente liberadora de los más elevados
sentimientos humanistas.
Estoy convencida de que cuando la ignorancia gana
terreno y se acelera el desplome de los valores
éticos que le dan a la vida su dignidad, está listo
el caldo de cultivo para un ambiente beligerante e
irracional donde los individuos y las
colectividades pueden extraviar lo mejor de su
capacidad evolutiva.
Hoy, más que nunca, quienes nos desempeñamos en el
campo del conocimiento, la cultura y el arte
debemos estar conscientes de tal realidad y dejar
en claro que también somos aliados plenos en la
lucha contra la delincuencia y el crimen.
Por tanto, la lectura como parte fundamental de la
cultura constituye un gran estímulo para la
concordia social y se convierte en antítesis de la
incomunicación y la intolerancia, al encauzar de
manera positiva la energía humana y el necesario
reencuentro con la inteligencia.
Si este objetivo no se logró del todo en el siglo
pasado, dejar de intentarlo a inicios del siglo XXI
equivale a condenarnos al atraso, la sumisión y la
pérdida de identidad, e incluso a diluirnos como
nación en el escenario del mundo global.
Mujeres en el siglo XXI
Martha Chapa
Noviembre 23 del 2007
La
igualdad en la educación y en las oportunidades de
trabajo para las mujeres está creando,
necesariamente, las condiciones para que los sueños
acumulados durante siglos se hagan realidad en este
tan esperado y a la vez complicado siglo XXI.
Antiguamente,
la mujer recurría al matrimonio para escapar a la
marginación que iba implícita con la soltería. Con
ello se resignaba a una forma de vida que la
condenaba a la dependencia económica absoluta y a
una carencia total de libertad. Un ejemplo
elocuente de esta sumisión estéril es el descrito
por Virginia Woolf en su libro
Una habitación propia.
Ahí, la escritora inglesa nos dice que si una mujer
con vocación literaria en el siglo XVI —la hermana
de Shakespeare, por ejemplo— hubiese intentado
realizar su misión, habría tenido tres opciones:
volverse loca, incurrir en el suicidio o acabar sus
últimos días en alguna casa solitaria en las
afueras del pueblo, medio bruja, medio hechicera,
objeto del temor, de la burla y de la exclusión.
Estas circunstancias han cambiado: en el amanecer
del siglo XXI, la mujer con dotes artísticas está
muy lejos de tener que recurrir a esas soluciones
extremas. Sin embargo, su vida aún está distante de
ser tranquila, pues en muchas ocasiones se ve
obligada a elegir entre sus sentimientos y sus
aptitudes, además sortear a diario los obstáculos
que derivan de una cultura machista que no termina
de extinguirse. Cuando tiene la inmensa fortuna de
contar con ambas opciones, debe enfrentarse a
grandes problemas personales, amén de diversas
trabas sociales, religiosas y culturales.
Las sanciones que las mujeres nos imponemos suelen
ser más dolorosas que las que se nos dictan desde
fuera, pues cuando una de nosotras intenta romper
con los patrones convencionales de comportamiento,
no necesariamente es castigada por la ley o por
mecanismos sociales de represión, violencia verbal
y física, sino que es ella misma quien se ocupa de
ajusticiarse, a veces con más eficiencia que
cualquier tribunal, pues se siente aterradoramente
culpable. Esta forma de autosabotaje se origina, en
gran parte, en su educación, dictada en el contexto
de una cultura machista que sentó sus reales
durante siglos.
En cambio, al hombre se le forma con el objetivo de
la realización propia. Quizá también para hacer una
vida junto a la mujer, pero siempre con miras a la
construcción ajena. Al varón se le enseña a
desenvolverse en el mundo, a no ponerse límites, a
buscar el éxito en todos los campos, tanto
personales como profesionales o artísticos; a la
mujer, en cambio, se le instruye para reproducir en
sus hijos el mismo patrón del que ella es víctima.
Por ello, la soledad y el anonimato del hogar son
tradicionalmente su papel predestinado.
Por fortuna, esta situación está cambiando y, sin
lugar a dudas, ya se ha recorrido una buena parte
del camino hacia la equidad. Prueba de ello es que
hoy podemos dialogar sin culpa de nuestra
experiencia como mujeres, madres y artistas, pues
sentimos la responsabilidad social de dar muestra
de los esfuerzos que hemos realizado para tener una
voz propia, una presencia. Desde mi experiencia,
les puedo confesar que no escapamos a esas
angustias femeninas; a esos temores terribles a
desobedecer mandatos que a veces parecen divinos;
al susto por el juicio que –dirían las voces más
conservadoras– “nos merecemos” por el hecho de
tener una actividad profesional; a los desasosiegos
por el terror a fracasar en el papel de madres.
Vienen a propósito estas reflexiones, pues hace
unos días se celebró un importante encuentro en la
ciudad de Monterrey, con el enunciado de Retos de
las Mujeres, dentro del marco de la convocatoria de
Naciones Unidas para celebrar de la mejor manera el
25 de noviembre, Día Internacional para la
Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.
En este magno evento, al cual se dieron cita más de
diez mil mujeres, se organizaron conferencias y
actividades diversas, con la participación especial
de socias del Forum Internacional de Mujeres
Líderes (IWF, por sus siglas en inglés).
Por cierto, se montó una magnífica exposición de
cuatro pintoras oriundas de Nuevo León, en la que
se incluyeron varias obras de mi autoría, además de
una bella selección de fotografías de Nadine
Markova.
La reunión y las actividades paralelas a ellas nos pusieron a reflexionar sobre nuestro papel en la tarea de alcanzar la justicia y equidad para todas y todos en este –todavía– nuevo siglo. Por eso creo que debemos considerar que si bien hemos logrado notables avances, falta mucho aún por trabajar. Pero lo importante es que para la mayoría de nosotras no hay duda de que inexorablemente vamos hacía un mundo de equidad, donde varones y mujeres podamos caminar lado a lado. Por el bien de unas y otros, ojalá logremos recorrer en breve tiempo este camino.
La gran carrera de ayudar
Martha Chapa
16 de Noviembre de 2007
De
verdad resultan inolvidables aquellas experiencias
en las que participamos para ayudar a los demás.
En esta ocasión me refiero al hecho de haberme
unido a una cruzada vital a favor de la salud de la
mujer; en concreto, en la lucha contra el cáncer.
Mucho me emocionó estar en mi tierra natal, que fue
sede, el pasado fin de semana, de la carrera que
organiza cada año la Fundación Avon y cuyos
beneficios se destinan por completo a la prevención
y combate del cáncer, tarea que incluye lo mismo la
adquisición de equipos de mastografía que la
atención en general de las mujeres que padecen esta
enfermedad.
Fue una gran satisfacción saber que se rompió el
récord de mujeres inscritas en esta justa
deportiva, que casi llegaron a tres mil, las cuales
participaron en la caminata de 5 kilómetros o la
carrera de 10 kilómetros por las calles de la
ciudad de Monterrey. Además, fue un gusto saber que
los tiempos también se mejoraron en comparación del
año anterior.
Digamos que la capital neoleonesa se vistió de
rosa, que es el color emblemático de este gran
esfuerzo por salvar las vidas de las mujeres.
Tuve el privilegio de ser invitada a pronunciar las
palabras de inicio de esta carrera, así como a la
ceremonia de premiación para las triunfadoras.
Pero, como lo dije hace unos días, la mejor carrera
la hicimos todas juntas y la posibilidad de apoyar
a otras mujeres que lo requieren es nuestro mayor
premio.
Sin embargo, justo durante mi estancia en Monterrey
nos enteramos de que en el Foro Económico Mundial
se dio a conocer un informe sobre el Índice Mundial
de Equidad de Género, en el cual México quedó muy
rezagado, en el lugar 93, de un total de 128
países.
Para
elaborar este índice se consideraron 14 variables
que abarcan rubros como la participación económica,
la oportunidad entre los sexos, los logros
educativos entre niños y niñas, el empoderamiento
político, la salud y la supervivencia.
Suecia encabeza la lista por ser el país con mayor
equidad de género. En América Latina, la nación con
mayor igualdad entre mujeres y hombres es Cuba
(lugar 22), seguida por Colombia (24), Costa Rica
(28) y Argentina (33); el último país
latinoamericano es Guatemala, en el lugar 95, sólo
dos sitios después de México.
Como
suele ocurrir en estas valoraciones, sus parámetros
pueden prestarse a polémica, pero no podemos negar
que son indicativas, pues reflejan tendencias y
realidades demostrables, que en nuestro país
resultan desfavorables si se le ubica en el
contexto internacional, aun cuando es justo
reconocer que se han registrado avances en décadas
recientes.
En todo caso, sin autocomplacencias ni lamentos,
debemos seguir adelante para conseguir la presencia
plena de la mujer en todos los planos de la vida
social, política, económica, cultural, deportiva,
en todo espacio público o privado, con un sentido
de equidad absoluta.
Desde luego, un gran ejemplo es la lucha contra el
cáncer en la mujer, esfuerzo que debe multiplicarse
en forma y fondo por todo México.
Cerro de la Silla, asiento de siglos
Martha Chapa
16 de noviembre de 2007
El
Cerro de la Silla se vincula a ni niñez, a mi obra,
a mi familia, a lo más entrañable de mis orígenes.
Se trata, como ustedes saben, de la inconfundible
montaña que constituye el emblema de la ciudad de
Monterrey, pero en esta ocasión me refiero también
a la exposición que sobre este motivo se inauguró
apenas el jueves 15, con el nombre de
La eterna silla,
en la Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías de
la Universidad Autónoma de Nuevo León.
En efecto, bajo el enunciado de “Cerro de la Silla,
asiento de siglos”, reuní 80 pinturas y 20
fotografías alusivas a esta belleza natural de mi
natal Nuevo León, que se acompañan con una de
poemas alusivos al lugar, preparados por mi
compañero, el escritor Alejandro Ordorica.
De verdad, ha sido una invaluable oportunidad
exponer esta muestra en el majestuoso marco de la
Biblioteca Magna de la Universidad neoleonesa.
Mientras transcurría la ceremonia inaugural llegué
a pensar que mi presencia cada vez más frecuente en
esta cálida ciudad desmiente ese refrán que reza
que “nadie es profeta en su tierra”, aunque lo
asumo con modestia, pero no exenta de inmensa
alegría, pues se trata de mi propio terruño.
Y
si bien, como ustedes saben, la manzana es un icono
que predomina en mi pintura, hay otra imagen que
aparece también en mi obra con especial énfasis: el
Cerro de la Silla, que marca mi niñez con las
primeras imágenes en la memoria.
La primera –la manzana–, representa el símbolo
universal que va aparejado a la historia de la
humanidad, no sólo en función de la mitificación
del paraíso, sino como el fruto inicial que
alimentara desde tiempos inmemoriales al ser
humano.
En cambio, el Cerro de la Silla se vincula a los
más próximo y tangible, a mi tierra y a mi sentido
de pertenencia.
En todo caso, son dos realidades que se conjuntan y
me trasladan al universo de la imaginación y los
ensueños.
Así, reaparecen y se fusionan, aunque ahora mi
brújula apunte más al norte, y así en mi obra
emerja espléndido el Cerro de la Silla, bajo el
cielo de Monterrey, a partir de lo más profundo de
mi alma.
En esta montaña tan significativa descubrí los
primeros colores, ese verdadero abanico rico y
diverso que parecía siempre distinto según la hora
en que la contemplara. Así, me miro, muy pequeña,
caminando de la mano de mis padres o, más grande,
rumbo a la escuela, ya fuera la primaria María
Valdés o la secundaria en el Colegio La Paz, pero
siempre con este inigualable paisaje de fondo. En
fin, un cerro que adquiere una personalidad única y
se vuelve inseparable a lo largo de toda la vida,
que cruza nuestro espíritu y nos afianza.
Por eso, cuando pinto esta montaña regia, en cada
trazo late mi memoria y es el corazón el que
recuerda. Es más, siento que la silla hace las
veces de todo un planeta para los que somos de
aquí, pues lo mismo significa amanecer que
plenilunio; desierto que agua, y así, hogar,
familia, amor...
Por eso consideré que una forma de rendir tributo a
mi tierra, a mis antepasados, a mis paisanos, era
pintar
La eterna silla,
que continúa guiándome con una luz inextinguible y
que ojalá también siempre les ilumine a todas y a
todos en estas tierras.
En fin, inaugurar esta exposición resultó para una
experiencia conmovedora, con un dejo de nostalgia y
añoranza, pero también optimista hacia el futuro.
Desde
luego, agradezco a la comunidad universitaria su
decisivo apoyo, así como a quienes expresaron
conceptos muy generosos sobre esta muestra en la
ceremonia de inauguración, como Romeo Flores
Caballero, presidente del Consejo para la Cultura y
las Artes de Nuevo León; Porfirio Tamez, director
general de Bibliotecas de la Universidad, y el
escritor Miguel Covarrubias, quien nos ofreció una
ilustrativa visión histórica sobre La
Silla.
Majestuoso e imponente Cerro de la Silla
Martha Chapa
9 de noviembre de 2007
Estoy
en Monterrey preparando una exposición que tiene
como motivo central al Cerro de la Silla y vienen a
mi mente recuerdos imborrables. Este paisaje único
me acompañó desde mi niñez y por eso lo evoco de
muchas maneras; desde luego, con una mirada
estética que perdura hasta nuestros días. Es por
ello que ahora le rindo tributo a este símbolo
regio que ha sido insoslayable en la obra de
grandes personajes de distintas y distantes épocas,
que le cantaron a lo suyo, a lo nuestro, como en
esta ocasión yo le digo: “Eterna silla, asiento de
milenios”.
Me contaban que en un principio la ciudad de
Monterrey se conoció, como recuerda el historiador
Israel Cavazos –cronista de Monterrey–, como
“Reina”, y luego el poeta José Peón y Contreras la
calificó como la “Perla del Norte”. A su vez,
Guillermo Prieto la elevó al rango de “Reina de la
Montañas”. También en el siglo XIX, el obispo don
Ignacio Montes de Oca, conocido como Ipandro
Acaico, la llamó ”Reina del Norte”. Y por ahí se
dice que don Leopoldo Naranjo, otro connotado
historiador neoleonés, no se quedó atrás y quiso
designarla “Reina de reinas”. Por último, no
podemos olvidar que Manuel Barrero de Argüelles,
oriundo de Tamaulipas, le adjudicó el nombre
“Sultana”, aunque quizá el apellido “del norte” se
le agregó tiempo después.
Sea
cual sea nuestro nombre preferido para aludir a
esta tierra norteña, lo cierto es que de nuestro
suelo semidesértico emerge esplendoroso y con gran
elegancia el Cerro de la Silla, que desde sus
orígenes fue –sigue siendo y sin duda ya lo será
para siempre– el icono inconfundible de la ciudad
de Monterrey.
A través de cada época, siglos, generaciones,
aparece estampado lo mismo en emblemas, escudos y
banderas, que en las más diversas expresiones de la
cultura popular. Qué decir de las obras plásticas,
que son testimonio vehemente de este amor a lo
propio, en particular a nuestra montaña regia.
Una oquedad en medio de la montaña, que a la vista
parece una silla de montar y mágicamente extiende
su imagen hasta convertirse en alegoría, insignia,
distintivo, lema, metáfora, como si fuera una marca
regional que se refleja en la historia y en la
actualidad con un significado de avance y progreso.
Este emblema inconfundible, en plena Sierra Madre
Oriental, representa orografía, paisaje, símbolo,
fortaleza, civilización, obra plástica, literatura,
poesía y hasta presencia social, pues lo mismo
aparece en la etiqueta de una cerveza, que
orgullosa en la propaganda de una vulcanizadora. La
lista es larga: ahí está en el escudo de Monterrey
y sucesivamente en los planos de la ciudad, para
saltar luego a carteles, diplomas, trofeos, taxis,
placas, billetes de lotería, empaques de dulces,
restaurantes, ferreterías. En fin, objetos del giro
más disímbolo que gracias a esta imagen muestran su
parentesco, un común denominador, una especie de
misterio de todo el compendio de una idiosincrasia
compartida. Es por esa razón que siempre tengo a la
mano –o en mi mano– una cámara fotográfica para
capturar ese instante único de mi tierra.
Además, estas pinturas y fotografías se acompañan
con un buen número de citas, fragmentos, versos y
estrofas de destacados hombres y mujeres de letras,
en su mayor parte oriundos del estado de Nuevo
León.
Con esta exposición intento hacerle un homenaje a
esta bella montaña que se ha convertido en una
especie de brújula que me ha acompañado durante
toda la vida y en ocasiones hasta mitiga la
nostalgia que me invade por estar lejos de mi
terruño. Ya les contaré sobre otros aspectos de mi
tierra, especialmente con motivo de la apertura de
mi exposición la semana entrante.
Por
el momento, me quedo casi hipnotizada, como me
ocurría desde que era una niña, frente a la
majestuosidad imponente de la Silla.
La tragedia de la negligencia
Martha Chapa
9 de Noviembre de 2007
Tocó
ahora a Tabasco el infortunio de sufrir las
calamidades naturales, que llegaron hasta esa
tierra para convertirla en zona de desastre.
Sin
embargo, queda claro que no podemos culpar a la
naturaleza de toda la tragedia, pues aunque el
hombre no ha podido controlarla por completo, sí se
ha propuesto conocerla mejor, adaptarse y
aprovecharla e incluso anticiparse y neutralizar
sus efectos cuando amenazan ser devastadores.
En el caso de la entidad del sureste, nadie ahí
ignora que lo que les sobra es agua. Con ella
conviven los tabasqueños cotidianamente, de ella se
benefician y también saben que constituye un
peligro en potencia.
Pese a esto, ya en la época contemporánea,
particularmente en las décadas más recientes, han
sido escasas e ineficientes las medidas para
prevenir inundaciones, pese a que ya se cuenta con
el desarrollo tecnológico necesario, así como con
los avances en materia de técnicas y procedimientos
de protección civil.
En efecto, sobre todo durante los últimos gobiernos
de esta entidad, entre sus titulares (llámese
Enrique González Pedrero, Salvador Neme, Manuel
Gurría, Roberto Madrazo, Manuel Andrade o alguno de
los que fugazmente pasaron por la gubernatura
tabasqueña) ha predominado la negligencia y la
irresponsabilidad, que se torna criminal. Baste un
vistazo a los desastres registrados en los días
recientes.
Es el caso de la infraestructura hidráulica que
allá, como se ve, es de vida o muerte. No obstante,
año tras año se evaden los gobernantes y
funcionarios en turno, sean locales o de la
federación, culpándose mutuamente de estas
omisiones. Por un lado, en el ámbito de la
autoridad local, los presupuestos se canalizan en
obras de relumbrón, lo que se suma al despilfarro y
el desorden en el gasto público, destinado a rubros
que no son prioritarios. Por su parte, la autoridad
de la federación con frecuencia es sorda ante las
peticiones de los estados o está sometida al
capricho de los diputados respecto al otorgamiento
y distribución del presupuesto de egresos de la
nación.
Total, que ni juntas ni por separado se salvan.
Y ahí está ya el problema, mejor dicho la
catástrofe, con más de un millón de personas en la
penuria y la desgracia.
El pueblo de México y la comunidad internacional,
como siempre, han respondido generosa y
solidariamente. También los cuerpos del Ejército y
la Marina, además de otras instituciones privadas y
civiles que se esmeran por ayudar a menguar las
terribles consecuencias de esa mezcla de calamidad
natural con negligencia extrema.
Por cierto, el presidente Calderón reaccionó bien,
sobre todo en su segundo mensaje al país, pues en
su primera aparición le faltó ímpetu o, por lo
menos, dio la sensación de poca enjundia y
compromiso.
En cuanto a las noticias que circulan sobre esta
triste situación, de poco nos sirve comparar a
Tabasco con Nueva Orleans, pues lo importante ahora
es ocuparse más que preocuparse. Bien lo declar