Un gris 2007

Martha Chapa
28 de Diciembre de 2007


Concluyo mis colaboraciones periodísticas del año con un recuento de lo que me pareció más relevante –por encomiable o reprobable– en el campo de la cultura, sin ánimos de triunfalismo o crítica estéril, sino con la idea de contribuir a afianzar nuestros avances y aciertos, y a la vez rectificar errores, extravíos y omisiones.


Para comenzar, en una visión general podemos percatarnos de que en estos primeros 12 meses de gobierno la cultura no recibió el impulso que demanda y amerita desde hace muchos años.


Lo peor es que en esta gestión tampoco se evidencia la voluntad política, los recursos y la capacidad de los servidores públicos responsables que tanto requiere la cultura para dar un salto cualitativo.


No hubo, pues, un cambio a fondo, sino que se mantuvieron algunas acciones sin mayor pena ni gloria y, si me apuran a dar una opinión, tendría que decir que la tendencia fue a la baja.


De hecho, se hizo un trabajo rutinario y de funcionalidad elemental, con un par de excepciones, como la muy interesante exposición en torno a Frida Khalo que permaneció en la ciudad de México entre mayo y agosto, y la
Epopeya mural de Diego Rivera que acaba de terminar, ambas a cargo del Instituto Nacional de Bellas Artes. La primera, para conmemorar los 100 años del nacimiento de Frida; la segunda, con motivo de los 50 años del fallecimiento de Diego; una y otra, dignas de visitarse y disfrutarse.


Por otra parte, en materia de fomento a la lectura continúa el debate sobre el precio único del libro y con ello un andamiaje jurídico que tiene que ver lo mismo con una nueva ley de cultura que con los derechos de autor.


En cuanto a los premios y reconocimientos otorgados durante el año, celebro el hecho de que Fernando del Paso, quien nos ha heredado ya una portentosa obra literaria, haya obtenido el Premio Juan Rulfo –aunque no se le llame oficialmente así debido a un absurdo litigio, todos saben que ese galardón lleva el nombre del escritor jalisciense– de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.


También cabe destacar el merecido doctorado honoris causa de la Universidad Veracruzana para Carlos Monsiváis, por ser, desde hace cuatro decenios, un referente obligado de la cultura popular en México.


Y muy especialmente el Premio Nacional de Artes 2007 en el campo de Lingüística y Literatura para Sergio Fernández, un emérito maestro universitario y poseedor de una vigorosa obra literaria.


Menciono, entre los acontecimientos importantes al Fórum Universal de las Culturas que se llevó a cabo en Monterrey, mi tierra natal, a pesar de vientos y mareas, tanto por su alto costo como por la ausencia de los creadores de allá mismo en la programación cultural, entre muchas otras fallas y omisiones. Queda, eso sí, entre sus escasos méritos, el montaje de tres grandiosas exposiciones:
Isis y la serpiente emplumada, América migración y Buda en el arte.


En síntesis, pocas luces y muchas sombras. Por eso, si hubiera que elegir un color que defina la acción cultural en el seno de las instituciones durante este año, dicho con toda honestidad, el más indicado sería sin duda el llamado “gris Oxford”

|

Reprobados en cultura

Martha Chapa
21 de Diciembre de 2007


Por fin se presentó el Programa Nacional de Cultura 2207-2012, que de entrada muestra una tendencia hacia la continuidad de ciertos proyectos establecidos en la pasada administración, así como líneas generales o políticas públicas que se han enraizado en las últimas décadas.


Estas características, aun cuando en principio son positivas, no responden del todo ni con precisión a la innovación y el enriquecimiento requeridos para atender los problemas y retos en el ámbito de la cultura del país en un mundo ya inmerso por completo en el siglo XXI. Si acaso, se podrían rescatar unas cuantas generalidades y alguna novedad.


Habría también que decir, en primer término, que hubo desdén y falta de ánimo democrático y ausencia absoluta de pluralidad para definir mecanismos institucionales que garantizaran una consulta previa y a fondo con la comunidad artística y cultural del país para el diseño de este Programa.


De hecho, hace unos meses se intentó un remedo de consulta que terminó en esfuerzo inútil por su desorganización y escasa representatividad.


Tal actitud de desapego a la comunidad cultural se registró de nueva cuenta en la ceremonia donde Sergio Vela, titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), presentó dicho Programa ante el presidente Felipe Calderón: no se invitó a artistas ni a creadores –en realidad, el auditorio estuvo prácticamente conformado por funcionarios y trabajadores de Conaculta– y más pareció un montaje, una escenificación, con lo que se perdió una gran oportunidad para estimular esa presencia y participación, que es el único camino para darle sustento real y eficaz a las instituciones. Vaya, hasta pareció un engaño al presidente, que de por sí se mantiene alejado del medio artístico e intelectual, y si no fue el caso, sin duda constituyó una manifestación clara de ineptitud de los funcionarios en turno para acercar al primer mandatario a estos temas esenciales y respaldar la acción cultural con compromisos precisos.


Así, el plan que se ha establecido se mantiene como un ejercicio unilateral, desprovisto de imaginación, compromisos claros y desánimo en cuanto a la participación social.


A decir de Sergio Vela, se pretende convertir a la cultura “en un poderoso factor de desarrollo” a través de tres estrategias: fortalecimiento de las instituciones culturales, puesta al día de la infraestructura cultural nacional y gestión corresponsable de la cultura. Sin embargo, ya diversas voces se han manifestado para criticar el afán de “hacer rentable” a la cultura, como si se tratara de una mercancía cualquiera, de un mero asunto de compra-venta dominado por las leyes del mercado, lo que desvirtúa de plano la esencia de la actividad cultural.


Faltan cuestiones importantes y definiciones esenciales en el orden tanto jurídico como programático, como la nueva ley de cultura, los procedimientos de consulta social, los estímulos fiscales, los alcances y materia de uso y protección del patrimonio histórico. Incluso, se echa de menos una visión continental, por lo que toca a Latinoamérica, entre otros temas.


Mas aún, falta lo que es determinante en cualquier acción de gobierno: diálogo, participación, planeación democrática, acuerdos y sistemas de evaluación.


En fin, que si no se rectifica en los próximos meses, el 2008 será un año más de autismo, soberbia burocrática, negligencia e irresponsabilidad en el campo de la cultura, al igual que ocurrió en gran medida en el año que ya concluye.

|

Con Al Gore, sí

Martha Chapa
21 de diciembre de 2007

Si bien Estados Unidos ha entrado al siglo XXI como la gran potencia económica y militar que fue adquiriendo auge y supremacía desde décadas atrás, no podemos olvidar que también se trata de una nación llena de problemas y retos.

Es cierto que su economía sigue creciendo y que continúa al frente de la tecnología armamentista, pero también son evidentes las resquebrajaduras en el proverbial
american way of life.

Tan sólo a manera de ejemplo, recordemos la enorme crisis inmobiliaria de los últimos meses, que ha encendido los focos rojos y amenaza la estabilidad económica que se había conservado durante muchos años. A esto se suma su enorme deuda internacional –que alcanza montos impresionantes– y, en el renglón de la competencia comercial, la cada vez más agresiva presencia en los mercados mundiales de China y los países asiáticos en general, además de la Unión Europea.

De igual forma, en cuanto a la infraestructura e industria bélicas, algunos países que antes se mantenían al margen de esta carrera, apenas con recursos defensivos, empiezan a ser motivo de gran preocupación. Es el caso de Irán, Irak y Corea, entre otros, pues ya hasta Venezuela, bajo el régimen autoritario de Chávez, pretende generar energía nuclear.

Y todo ello sin contar con lo que puede ser el regreso a los tiempos de la llamada
guerra fría, con la amenaza de un renovado belicismo ruso, encabezado por el presidente Putin, que para empezar avala la proliferación de misiles en Europa del Este.

Pero ahí no terminan los problemas que enfrenta Estados Unidos, pues habría que sumar otros, de manera señalada el de orden ecológico. Justamente acerca de este conflictivo tema, Al Gore, ex vicepresidente, ex candidato a la Presidencia y adversario acérrimo de George Bush, ha generado una fuerte crítica a los usos y costumbres vinculados al confort propio del estilo estadounidense de vida, que nos ocasionan ya serios problemas debido al fenómeno que se conoce como calentamiento global.

La presencia de este personaje crecerá todavía más después del merecido otorgamiento del Premio Nobel, pues ha ido sumando voces críticas para que los países de mayor desarrollo industrial, como es su propia nación, frenen tan desbocada carrera en el deterioro de las condiciones del mundo entero. La voz de alarma no es exagerada: el riesgo es de tal magnitud que, se calcula, en menos de medio siglo –y no es una historia de ciencia ficción– se puede poner en riesgo la vida misma de la especie humana.

Un solo dato nos puede dar muestra de este gravísimo asunto: en los últimos 30 años, la tasa de calentamiento en el planeta ha sido casi tres veces más grande que la tasa que se registró en las primeras siete décadas del siglo XX. Es decir, las temperaturas se incrementan año con año a cifras récord.

Hace sólo unos días, Gore acusó a Estados Unidos de ser el principal responsable de bloquear la adopción de un consenso para detener el cambio climático en la reunión celebrada para el efecto por Naciones Unidas en la isla de Bali. “... voy a decirles una verdad incómoda: mi país, Estados Unidos, es el principal responsable de la obstrucción de las negociaciones aquí en Bali”, denunció.

Sin duda, estos y otros temas de igual trascendencia formarán parte de los discursos y posicionamientos de los candidatos a suceder al actual presidente estadounidense, principalmente por lo que corresponde a los demócratas, y de forma especial a Hillary Clinton.

Problemas, en fin, que aun cuando le pertenecen al gobierno y pueblo estadounidenses, no escapan a la responsabilidad de todas las demás naciones, pues sería suicida desentendernos de un mundo que a todos nos pertenece, más aún cuando comprobamos que en la “gran potencia” prevalece una ceguera en cuanto criterios y políticas internacionales conforme los asuntos empiezan a traspasar sus propias fronteras, pues son las grandes empresas y corporaciones mundiales quienes actúan de modo parcial y unilateral en función de sus intereses de mercado.

Apoyemos, entonces, iniciativas tan lúcidas, oportunas y esenciales para el futuro de la humanidad como las que conforman la campaña con el sello de Al Gore que, ni duda cabe, es una inteligente y humanista propuesta. Tristemente, no deja de ser una excepción dentro de esa poderosa sociedad, la cual insiste en no oír ni ver más allá de su territorio, conducida siempre por el afán insaciable de la ganancia por encima de todo y de todos.

|

Decisión decepcionante

Martha Chapa
14 de diciembre de 2007


Es una defensora ilustre de los derechos humanos –en particular de las mujeres y los menores de edad–, que debido a su labor se ha visto sujeta a las irregularidades, las amenazas y la impunidad de los transgresores de la ley.

Desde sus primeras incursiones en el periodismo, como una acuciosa y valiente reportera en Quintana Roo, sufrió represiones y se vio envuelta en todo tipo de diatribas y descalificaciones.

Pero su calvario comenzó con su crítico y revelador libro
Los demonios del Edén.

¿Por qué esta obra producto de su trabajo periodístico le acarreó tantos conflictos? Porque la realidad que conoció a través de su labor como reportera y su conciencia social la condujeron a fundar en Cancún, hace cosa de dos décadas, el Centro Integral de Atención a las Mujeres para otorgar diversos servicios a las víctimas de la violencia extrema: asesoría legal, terapia psicológica, asistencia médica, ginecológica y de salud reproductiva, así como intervención en situaciones de crisis por violación sexual y abuso infantil. Justamente esa actividad le permitió descubrir una poderosa red de prostitución y pornografía infantil encabezada por tristemente célebre hotelero Jean Succar Kuri.

En
Los demonios del Edén, Lydia Cacho denuncia la existencia impune de esas redes de pederastia y pornografía infantil. Ahí recoge declaraciones de niñas y jovencitas víctimas de esos delitos, quienes mencionan a personajes muy conocidos del medio político, como Emilio Gamboa Patrón, actual líder de la bancada priista en San Lázaro, junto a empresarios como Kamel Nacif, llamado el Rey de la mezclilla debido a su cadena de maquiladoras en Tlaxcala, Puebla, Chiapas y Quintana Roo, y quien también se ha vuelto famoso debido a la divulgación de sus no precisamente elegantes conversaciones telefónicas.

No es la primera vez que se acusa al primero de algún acto ilícito, pues hace algunos años reportes periodísticos en Estados Unidos lo vincularon con actividades de narcotráfico. Del segundo se dice que es sospechoso de lavado de dinero, evasión fiscal y explotación de mujeres trabajadoras.

Sin embargo, la mayor sospecha que pesa sobre ambos son sus presuntos nexos con una vasta y criminal red de pederastia y pornografía infantil.
Y en esa medida, la denuncia de la ameritada periodista Lydia Cacho en el libro citado no sólo levantó revuelo sino que puso en evidencia un tejido de complicidades en el seno del poder político y económico, de mafias enquistadas en las instituciones.

Es por todos conocido que el asunto no quedó ahí, pues tenemos muy presente las vejaciones que padeció la periodista a manos de los esbirros del gobernador poblano, Mario Marín, quien empeñado en la defensa de los intereses de su amigo Kamel Nacif y sus cómplices, demostró que no es sino uno más de la misma calaña. Porque, digan lo que digan, no hay otra explicación al hecho de que el
gober precioso atendiera sin demora la denuncia por difamación presentada por Nacif y se prestara a realizar el trabajo sucio de detener a Lydia Cacho en Cancún y conducirla a Puebla por carretera, en un tortuoso viaje de casi un día entero, durante el cual fue vejada y torturada psicológicamente. ¿Alguien duda de que la detención y el traslado de la periodista en tan particulares circunstancias fue producto de un contubernio que con tanta claridad quedó evidenciado en la soez conversación telefónica entre Mario Marín y Kamel Nacif, que todo el país escuchó indignado el año pasado?

Y cuando parecía que las cosas no podían ser peores, llegó el lamentable veredicto de la Suprema Corte de Justicia, que en una decisión incomprensible resolvió que no hubo violación grave de garantías individuales en perjuicio de Lydia Cacho, pues sólo existieron “irregularidades menores”. La Corte, así, se negó a ver y escuchar lo que salta a la vista y al oído de todo el mundo: el tamaño de la gravedad, no sólo de las violaciones a los derechos de Lydia Cacho, sino de delitos de la magnitud de la pederastia y la pornografía infantil.
Por más explicaciones legaloides que hayan emitido los seis miembros de la Corte que se negaron a aceptar la evidencia de los hechos, la sociedad se indignó y continúa ofendida por esa decisión, pues estaba esperanzada en que ese alto tribunal reabriera a su vez, en las instancias necesarias, un enjuiciamiento a fondo de todos estos personajes, en particular del priista Mario Marín, que gracias al favor de esos magistrados –¡y magistradas!–, ahora quedará impune.

Quedan, sin embargo, los testimonios de una mujer que ha encontrado en el periodismo un loable camino para luchar contra la maldad y el delito.
Quedan también los votos que recibió a su favor –cuatro de diez– en dicha instancia judicial.

Queda el notable y bien documentado dictamen elaborado por el ministro Juan N. Silva Meza, en el que se demuestra claramente que sí hubo violación grave a las garantías individuales de Lydia Cacho.

Y queda, desde luego, la asignatura pendiente para las instituciones, a las que exigimos que actúen y cumplan con sus obligaciones, incluyendo a los poderes Ejecutivo y Legislativo, así como lo poco que queda del Judicial.
México ya cambió, es otro, y sus instituciones deben también renovarse, aceptar, por fin, que tienen que comprometerse en una genuina vocación del servicio público, la verdad y la justicia.

|

Grandes pasos de Del Paso

Martha Chapa
14 de diciembre de 2007


El Premio FIL de la Literatura 2007, otorgado por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, fue para Fernando del Paso. Es el mismo galardón que el año pasado recibió Carlos Monsiváis y en 2000 el poeta argentino Juan Gelman, aunque entonces se le llamaba Premio Juan Rulfo.

Un reconocimiento más a su trayectoria y su conocida trilogía novelística: José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987), aunque debemos recordar que tiene una cuarta obra, la última publicada hasta ahora, pero de un corte distinto, pues se trata de una novela policiaca, llamada Linda 67: historia de un crimen (1995).

José Trigo
fue merecedora del Premio Xavier Villaurrutia; Palinuro de México, del Rómulo Gallegos de Venezuela, en 1982, y en Francia obtuvo el premio a la mejor novela extranjera en 1985; Noticias del Imperio fue reconocida con el Premio Mazatlán en 1988.

Nacido en la ciudad de México en 1935, en su juventud Fernando del Paso tuvo inclinaciones hacia la medicina, pero terminó entregándose a la tarea literaria, aunque dice que escribir lo angustia terriblemente y le cuesta un trabajo espantoso. Cuando estuvo frente a la opción de estudiar para médico, consideró un factor fundamental: la sangre lo aterroriza. Además, reconoció que sería muy difícil estudiar esa carrera y estar casado, porque él quería casarse, pues acababa de conocer a la que hoy todavía es su esposa.

También con afición a la pintura, comparte esta mescolanza artística, puesto que puede dibujar, como lo aclara, al mismo tiempo que conversa con su familia. No obstante, para escribir necesita estar aislado porque incluso se pone de mal humor.

Castillos en el aire, poemario presentado en Bellas Artes en 2002 es una clara muestra de su dualidad, pues ahí se incluyen, alternados entre su obra poética, 20 dibujos trazados por él.

Ha incursionado en el ensayo, el cuento y la dramaturgia. Así, se puede mencionar
La muerte se va a Granada, obra teatral en honor a García Lorca, o su ensayo sobre la vida de Juan José Arreola.

Desconozco si por decisión o por azar, pero lo cierto es que suele concluir sus novelas casi una década después de haberlas empezado. Para Del paso, el proceso de elaboración de una novela es agotador. “Después de escribir un libro –dice–, quedo vacío, cansado, exhausto”.

Ha logrado algunas becas más que merecidas para su creación artística, por ejemplo, un par de veces la célebre Beca Guggenheim. Es director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara, misma que a su biblioteca más importante ya le dio el nombre Fernando del Paso.

En el ámbito diplomático fue cónsul de México en París de 1988 a 1991, año en el que recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes.

Su novela
Noticias del Imperio rebosa contenido histórico mientras detalla literariamente el drama que protagonizaron los emperadores Maximilano y Carlota, en el marco del conflicto ocurrido entre México y Francia, y que tuvo a figuras como Napoleón III o Benito Juárez como contrastes ideológicos. Esta obra fue parte del boom de novelas históricas, aunque ocupa un sitio especial, pues se le ha catalogado como la mejor novela mexicana del siglo XX.

El talento de Del Paso no se agota en la literatura y las artes plásticas. También se extiende a la gastronomía, donde existen espacios para el acto de crear, como ya lo decía Alfonso Reyes que la calificaba de arte, así sea arte efímero.

Hoy se levanta de nueva cuenta victorioso, pues a lo largo de su vida ha padecido ciertas afecciones que incluso llegaron a tenerlo cerca de la muerte. Pero nada de eso le impidió asistir a recibir su premio el mes pasado en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Una gran felicitación a un gran autor que, con toda razón, recibe un gran premio.

|

Un golpe al Gorilato

Martha Chapa
7 de Diciembre de 2007


Hubiera sido una catástrofe para Venezuela y, en general, para la democracia latinoamericana.

De haber ganado el
en el referéndum que promovió el presidente Hugo Chávez, la mancha de la dictadura habría avanzado en nuestro continente.

Es más, de entrada parece un contrasentido someter al voto público si se desea ir hacia el modelo democrático o se opta por el autoritarismo.

Por fortuna se impuso la razón y Venezuela seguirá inscrita en los procesos democráticos.

Sin embargo, la diferencia fue mínima: el
no ganó por menos de 51%, y no deja de ser preocupante que millones de votantes apoyaran la reelección indefinida de Hugo Chávez.

Además, este resultado que rechaza a la dictadura no debería derivar en triunfalismos –si bien se vale festejar la victoria–, pues la amenaza de mantener un régimen militarista que conculque las libertades, está latente. Por lo mismo, las organizaciones opositoras tendrán no sólo que continuar sus luchas, sino redoblarlas por la vía pacífica.

Pero, sin duda, lo que aconteció en la votación en torno a la reforma a la Constitución venezolana, celebrada el pasado domingo 2, ha representado un duro y serio revés al claro propósito del mandatario de mantenerse en el poder sin límite de tiempo (“¡Si el pueblo venezolano decide que gobernaré hasta el año 2050, hasta el año 2050 gobernaré!”, había dicho hace apenas unos días).

Luego de la derrota, Chávez declaró: “No pudimos... por ahora”, lo cual significa que seguirá en el empeño de imponer su concepción de un socialismo trasnochado y anacrónico.

De hecho, su mandato –para el cual fue elegido– se extenderá hasta el 2012 y por tanto dispone de mucho tiempo para continuar con su operativo político.

Se cuidará, claro, de no contravenir la decisión mayoritaria porque sobrevendría el rechazo y el aislamiento por parte de la comunidad internacional y quizá una lucha civil entre los venezolanos, que podría provocar una derrota total, lo que le haría perder mucho de lo que ha constituido su propio proyecto político y económico.

Por ahora, también, celebramos los resultados de la votación de hace unos días y que el pueblo venezolano dé muestras de querer liberarse de estos caudillos, que no representan a la verdadera izquierda social.

Un populismo estéril, la debacle económica y un autoritarismo que realmente desplaza a la voluntad popular, es lo contrario a esos nuevos afanes de pueblo venezolano.

Al belicoso mandatario no le ha quedado otra que aceptar, y hábilmente afirmó que se fortalece la democracia, esa misma que combate y desprecia día a día.

Estamos de plácemes de que él y su proyecto resultaran derrotados y haya triunfado la vía democrática.

Sería deseable que a partir de este ejemplo todos los países donde se perfilan estas tendencias dictatoriales –o donde ya están enraizadas– aprovechen el impulso y reaccionen para expresarse plenamente a favor de las libertades.

|

Letras y Magisterio

Martha Chapa
7 de Diciembre de 2007


Hace algunas semanas se dio a conocer que el Premio Nacional de Artes 2007 en el campo de Lingüística y Literatura fue otorgado al escritor, profesor e investigador Sergio Fernández.

Este hecho generó en mí una doble satisfacción, pues por una parte lo considero más que justo, dada la vasta, versátil y profunda obra de este escritor nacido en la ciudad de México en 1926. Por otro lado, me provoca una alegría personal, pues que nos une la amistad, que se extiende a nuestras respectivas familias desde hace muchos años, en especial a través de su hija.

Maestro emérito de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México, Sergio Fernández es también un hombre de letras en el más estricto y puro sentido de la expresión. Su entrega a la literatura explica su existencia, pero no de una manera acartonada.

Se trata de un reconocido académico, de larga y fecunda trayectoria, respetado por generaciones enteras de estudiantes y colegas.

Un hombre de estudio que ha preferido la reclusión, apartarse de la vida social, del llamado mundillo literario –y desde luego de sus mafias y capillas– para refugiarse en la lectura y la escritura, en la reflexión y el ejercicio fértil de la imaginación.

En la literatura, dos figuras parecen llamar su atención y convocar su talento: Sor Juana Inés de la Cruz y Miguel de Cervantes Saavedra.

Sergio Fernández se ha internado con suerte y luces especiales en la obra y la persona de la monja jerónima para desentrañar un sinfín de misterios y acompañarla en los vuelos de su imaginación. Rico fruto de estas expediciones es la novela Segundo sueño (1976), así llamada en clara referencia al poema célebre de Sor Juana, titulado Primero sueño.

Asimismo, es un cervantista que se ha afanado con singular claridad y hondura en revelarnos la grandeza, no siempre manifiesta ante una primera mirada, de
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, esa obra inmortal.

A decir del jurado que le otorgó el premio en octubre pasado, Fernández fue merecedor de él por haber combinado con excelencia la creación literaria, el desempeño académico y la investigación sobre hitos fundamentales de la literatura hispánica. Cabe recordar que este doctor en letras españolas tiene una presencia de más de 50 años en el mundo de las letras y es investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores desde 1994.

A la vez, nuestro autor es un narrador imaginativo y profundo, como lo prueban
Los signos perdidos (1958), En tela de juicio (1964), Los peces (1968) –quizá su obra más conocida y, a decir de él mismo, su preferida– y Los desfiguros de mi corazón (1983), entre otros títulos. Antes de éste, también ha recibido el Premio Xavier Villaurrutia 1980 y el Premio UNAM en 1988.

En una entrevista reciente, reveló que a sus 81 años mantiene intacto su anhelo de conocer y aprender: “Si tuviera oportunidad de volver a ser joven –afirmó–, todo mi tiempo lo dedicaría a estudiar y viajar”.

Nos felicitamos, pues, de un premio tan merecido al siempre joven maestro Sergio Fernández.

|

La maravillosa Isis

Martha Chapa
30 de Noviembre de 2007


Es una de las culturas más antiguas del mundo, que nos sigue deslumbrando no sólo por su excepcional patrimonio artístico y arquitectónico, sino también por su historia, leyendas y mitos.

Me refiero, claro, a la cultura egipcia, nacida a orillas del legendario Nilo, río que bañó y fertilizó las tierras de esta civilización original.

Casi todos la hemos tenido presente y la admiramos desde nuestras primeras enseñanzas en la escuela, o luego de conocerla a través de los libros, e incluso cuando nos hemos fascinado con ella o por medio de las imágenes del cine, que tanto nos ha mostrado ese universo de faraones y pirámides a través de producciones de lujo, aunque no siempre apegadas a los hechos reales.
En todo caso, lo importante es el impresionante acervo de conocimientos, ciencia y arte que generó hace milenios.

Pues bien, una espléndida muestra de esas maravillas está ahora a nuestro alcance y no tenemos que acudir necesariamente a estas fuentes primigenias o hacia esas lejanas y hermosas tierras para entrar en contacto con la maravillosa cultura egipcia.

Forum, encuentro de culturas que se celebra en Monterrey, mucho más cerca de nosotros, nos lo permite.

Gracias a la colaboración del Centro Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, podemos disfrutar la exposición
Isis y La Serpiente Emplumada, que nos muestra dos deidades igualmente relevantes de sendas culturas muy lejanas en la geografía, pero en realidad más cercanas de lo que supondríamos.

Se trata de una aproximación a dos divinidades fundamentales que sirvieron de vehículo a los grandes logros alcanzados en las inmediaciones del Nilo, por un lado, y Mesoamérica, por otro. Es decir, Isis y Quetzalcóatl.Más de 100 piezas egipcias y 200 mexicanas sirven para hacer un recuento de la historia de estas dos deidades en una propuesta museográfica distribuida en 21 salas temáticas dentro de las instalaciones del Centro de Exposiciones de lo que fuera la Fundidora de Monterrey, ahora convertida en un magnífico centro cultural.Isis fue la deidad madre de los antiguos egipcios, que se identifica con el río Nilo y representa la fertilidad, abundancia y protección. El origen de su culto se remonta a seis mil años y permaneció hasta el imperio romano. A su vez, Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, es la deidad creadora para los pueblos mesoamericanos que la asociaron con el concepto de la dualidad. Su culto dio inicio con la serpiente acuática entre los olmecas en el año 1200 a. C. Los paralelismos se encuentran en el hecho de ser divinidades relacionadas con la creación y su permanencia a través de los milenios.Todas las piezas egipcias son de una gran valía artística, histórica, material y antropológica. Y qué decir de las que están ahí mismo procedentes de diversas culturas de México, que igualmente se reunieron a partir de diferentes museos regionales para constituir una majestuosa exhibición que muy difícilmente se podría repetir con tal cantidad y calidad de obras reunidas.

Una exposición de antología y en verdad inolvidable.

|

Escuelas con futuro

Martha Chapa
30 de noviembre de 2007


Frente a la creciente demanda de técnicos en el país, la Secretaría de Educación Pública ha creado diversos sistemas de enseñanza con esa orientación.

Uno de los más exitosos es el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, mejor conocido por sus siglas Conalep, que cubre simultáneamente el bachillerato y una preparación técnica con diversas especialidades vinculadas a la industria, la vertiente del autoempleo y la prestación de servicios en general.

Su misión es clara: la formación del profesional técnico bachiller a través de un modelo educativo pertinente, flexible, equitativo, de calidad y sustentado en valores. Asimismo, ofrece capacitación laboral y social, efectúa la evaluación de competencias laborales y proporciona servicios tecnológicos para contribuir así al desarrollo nacional, estatal y regional.

En esta ocasión me quiero referir en particular al sistema Conalep de Nuevo León, pues en mi entidad natal hace unos días tuve oportunidad de hacer un recorrido por varios de sus planteles y enterarme de su rigor técnico-académico, su magnífico profesorado y sus excelentes instalaciones y talleres. Algunos de éstos, por cierto, muy avanzados, como el dedicado a la mecatrónica, que no es sino la mecánica y electrónica unidas para usos diversos, por ejemplo, en aviación y automotores, entre otros.

Los propósitos del Conalep se enmarcan en una visión integral. En congruencia con las pautas de este sistema a escala nacional, en el caso de Nuevo León ha asumido la responsabilidad de incidir en el desarrollo económico del estado, con el compromiso de ofrecer una amplia cobertura de educación, pertinente, flexible, con equidad y calidad, que corresponde a las exigencias de una economía globalizada.

El modelo educativo se caracteriza por promover competencias básicas, ocupacionales y sociales con énfasis en el desarrollo humano integral que permita formar líderes y emprendedores sustentados en valores, con sustento en una gestión educativa que favorezca la mentalidad positiva y una comunicación e interrelación entre el personal directivo, administrativo, prestadores de servicios académicos y padres de familia. Todo esto con responsabilidad y respeto hacia el principal beneficiario, que es el alumno, a fin de facilitar su inserción el mercado laboral y en la educación superior.

Y para garantizar esta formación de calidad, los prestadores de servicios académicos han recibido la certificación en sus competencias y se mantienen en actualización continua en cuanto a conceptos, métodos y técnicas.

Cabe señalar que los planteles cuentan con autonomía de gestión para atender con efectividad la demanda de servicios educativos y laborales. Además, son casi autofinanciables, pues generan ingresos propios por concepto de servicios de capacitación y de evaluación de competencias, lo que les permite cubrir un buen porcentaje de sus gastos de operación.

En mi reciente visita a los planteles de este interesante sistema educativo en Nuevo León tuve además el privilegio de entregar los premios del concurso “Comentando un libro”, que responde al interés de formar generaciones que además de una sólida instrucción técnica y científica cuenten con bases humanistas.

Es justo reconocer a quienes toman estas decisiones con una visión integral, como el licenciado Jorge Covarrubias, director general del sistema Conalep en el estado, quien así da testimonio de su compromiso con la educación y la cultura para incidir en la formación de mejores generaciones de neoleoneses. Se trata de un servidor público que ha ubicado al Conalep estatal como el modelo nacional, pues es importante mencionar que incluye un avanzado sistema de alfabetización digital. Por ello, expreso mis felicitaciones a su equipo de trabajo y a los maestros del sistema que día a día, con entrega, tesón y responsabilidad social, apuntalan la educación, sin la cual un país –cualquiera que sea– no podría avanzar.

Mención especial merece la licenciada Silvia Garza Benavides, talentosa directora del plantel Santa Catarina y organizadora de mencionado certamen. Extiendo mis parabienes a los directores de los diversos planteles de Conalep en el estado. Sin duda, sistemas educativos como éstos nos permitirán ir definiendo un rumbo adecuado para el desarrollo del país y un futuro promisorio para las próximas generaciones.

|

Leer más

Martha Chapa
23 de noviembre de 2007


Desde la época de José Vasconcelos y su gran proeza de las misiones culturales, no ha habido hasta nuestros días una cruzada a favor de la cultura como la que emprendió ese ilustre oaxaqueño.

Lo que me interesa subrayar aquí es que durante la polifacética actividad de quien además de funcionario fuera político, escritor y filósofo –en todos los campos con novedosas aportaciones y grandes logros–, creció de manera exponencial la producción de libros, lo que permitió que se registrara un parteaguas en lo relativo a los avances en la alfabetización y el hábito de la lectura.

Cómo no recordar, por ejemplo, la edición que reunió a los llamados clásicos de las letras, que son imperecederos. Desde ahí se demostró que la difusión de textos fundamentales de la cultura es una asignatura indispensable en todo tiempo y lugar. Su noble propósito era que todos aquellos que acababan de abandonar el analfabetismo pudieran gozar en sus primeros lecturas de textos tan bellos y enriquecedores.

Cuando un país no conoce con profundidad su pasado, su historia y su cultura, puede afirmarse que carece de presente e incluso está en riesgo de cancelar su futuro.

Por eso, el acervo que se produce generación tras generación resulta el más elevado y apreciable de los legados que una sociedad pueda heredar y disfrutar individual y socialmente.

Me refiero al conocimiento adquirido y la vitalización de la memoria colectiva a través del libro y la lectura. Así, resulta loable cualquier esfuerzo y voluntad proveniente de las instituciones públicas, privadas o sociales que se inscriban en este cauce, y se convierte en un deber de todos, de todas, ofrecer nuestro pleno apoyo en esta tarea.

Esta convicción me condujo a la ciudad de Monterrey, donde pude atestiguar la notable respuesta a la convocatoria que formulara un importante centro educativo hacia su alumnado, a fin de promover el acercamiento a los libros y fortalecer el hábito de la lectura. Pero también –y esto es muy meritorio– impulsarlos a la creación, al ejercicio de la literatura misma, a través de escribir y adentrarse en el buen uso de nuestro maravilloso idioma.

Un certamen que implicó de mi parte la lectura de todos los textos, a la vez que el desarrollo de una apreciación literaria para emitir una opinión. Me llamó mucho la atención –y expreso por ello mi más pleno reconocimiento– el hecho de que existan iniciativas con tan nobles propósitos, y que si bien la juventud encuentra en aquel establecimiento académico un espacio para cursar el bachillerato, a la vez recibe una formación técnica, herramientas indispensables en un país como el nuestro, que debe avanzar hacia la modernidad en un mundo extremadamente competitivo. Otra característica digna de elogio es que les preocupa formar mexicanos con un oficio que incluye dentro de su programa de estudios a la vertiente humanística.

No saben qué satisfactorio fue leer los trabajos que participaron en este concurso. Más allá de los estudiantes que resultaron finalistas, y a quienes desde luego felicito ampliamente, considero que la ganancia principal fue para una comunidad constituida por jóvenes preparados, a la vez, en la técnica y el espíritu.

Créanme que después de conocer los textos de los noveles escritores reafirmé la certeza de que mi tierra sigue adelante y va para más, en congruencia con el modelo de grandes hombres y mujeres que nos han legado una obra fundamental y un ejemplo imborrable.

Como afirmó Alfonso Reyes –nuestro ilustre paisano, que tanto promovió universalmente nuestras raíces y fuera objeto del reconocimiento de un pueblo agradecido, al grado de que se le nombró Benemérito de la Cultura de Nuevo León– en uno de sus discursos, que para mi gusto deberíamos recordar con mayor frecuencia: “El libro es, en todos sentidos, efecto de integración humana. En él opera el hombre total, desde la mano hasta el espíritu”.

Tal pensamiento me inspira a compartir con emoción la idea de que los libros tienen vida y se convierten en un conducto elocuente para transmitir valores profundos y perdurables del ser humano.

Por todo ello, es urgentísimo impulsar un ambicioso proyecto nacional que abarque desde la primaria hasta la educación superior –sin importar si se trata de carreras humanistas, científicas o de perfil tecnológico– este tipo de programas especiales orientados a conocer más nuestra historia y a nuestros escritores, artistas plásticos, músicos, arquitectos y, desde luego, nuestros científicos.

Y nada mejor que comunicar tales conocimientos y enseñanzas adoptando como vehículo indispensable al libro, de tal suerte que se convierta en un emblema y un ingrediente cotidiano para el desarrollo integral de las generaciones presentes y venideras.

De lograrse esto, nuestro México sería otro, pues habrá dado un salto cualitativo en materia educativa y cultural, continuando con la brillante obra, todavía sin parangón, que Vasconcelos iniciara hace más de ocho décadas.

Este tipo de acciones nos vienen bien frente a un clima social de creciente violencia e inseguridad pública, pues sin duda la cultura puede y debe contemplarse como uno de los más poderosos y certeros antídotos contra esa corrupción social. Aunque sus efectos benéficos no son tan inmediatos, sí penetran y perduran en la medida que acerca a los seres humanos, enaltece su calidad ciudadana y es fuente liberadora de los más elevados sentimientos humanistas.

Estoy convencida de que cuando la ignorancia gana terreno y se acelera el desplome de los valores éticos que le dan a la vida su dignidad, está listo el caldo de cultivo para un ambiente beligerante e irracional donde los individuos y las colectividades pueden extraviar lo mejor de su capacidad evolutiva.

Hoy, más que nunca, quienes nos desempeñamos en el campo del conocimiento, la cultura y el arte debemos estar conscientes de tal realidad y dejar en claro que también somos aliados plenos en la lucha contra la delincuencia y el crimen.

Por tanto, la lectura como parte fundamental de la cultura constituye un gran estímulo para la concordia social y se convierte en antítesis de la incomunicación y la intolerancia, al encauzar de manera positiva la energía humana y el necesario reencuentro con la inteligencia.

Si este objetivo no se logró del todo en el siglo pasado, dejar de intentarlo a inicios del siglo XXI equivale a condenarnos al atraso, la sumisión y la pérdida de identidad, e incluso a diluirnos como nación en el escenario del mundo global.

|

Mujeres en el siglo XXI

Martha Chapa
Noviembre 23 del 2007


La igualdad en la educación y en las oportunidades de trabajo para las mujeres está creando, necesariamente, las condiciones para que los sueños acumulados durante siglos se hagan realidad en este tan esperado y a la vez complicado siglo XXI.

Antiguamente, la mujer recurría al matrimonio para escapar a la marginación que iba implícita con la soltería. Con ello se resignaba a una forma de vida que la condenaba a la dependencia económica absoluta y a una carencia total de libertad. Un ejemplo elocuente de esta sumisión estéril es el descrito por Virginia Woolf en su libro Una habitación propia. Ahí, la escritora inglesa nos dice que si una mujer con vocación literaria en el siglo XVI —la hermana de Shakespeare, por ejemplo— hubiese intentado realizar su misión, habría tenido tres opciones: volverse loca, incurrir en el suicidio o acabar sus últimos días en alguna casa solitaria en las afueras del pueblo, medio bruja, medio hechicera, objeto del temor, de la burla y de la exclusión.

Estas circunstancias han cambiado: en el amanecer del siglo XXI, la mujer con dotes artísticas está muy lejos de tener que recurrir a esas soluciones extremas. Sin embargo, su vida aún está distante de ser tranquila, pues en muchas ocasiones se ve obligada a elegir entre sus sentimientos y sus aptitudes, además sortear a diario los obstáculos que derivan de una cultura machista que no termina de extinguirse. Cuando tiene la inmensa fortuna de contar con ambas opciones, debe enfrentarse a grandes problemas personales, amén de diversas trabas sociales, religiosas y culturales.

Las sanciones que las mujeres nos imponemos suelen ser más dolorosas que las que se nos dictan desde fuera, pues cuando una de nosotras intenta romper con los patrones convencionales de comportamiento, no necesariamente es castigada por la ley o por mecanismos sociales de represión, violencia verbal y física, sino que es ella misma quien se ocupa de ajusticiarse, a veces con más eficiencia que cualquier tribunal, pues se siente aterradoramente culpable. Esta forma de autosabotaje se origina, en gran parte, en su educación, dictada en el contexto de una cultura machista que sentó sus reales durante siglos.

En cambio, al hombre se le forma con el objetivo de la realización propia. Quizá también para hacer una vida junto a la mujer, pero siempre con miras a la construcción ajena. Al varón se le enseña a desenvolverse en el mundo, a no ponerse límites, a buscar el éxito en todos los campos, tanto personales como profesionales o artísticos; a la mujer, en cambio, se le instruye para reproducir en sus hijos el mismo patrón del que ella es víctima. Por ello, la soledad y el anonimato del hogar son tradicionalmente su papel predestinado.

Por fortuna, esta situación está cambiando y, sin lugar a dudas, ya se ha recorrido una buena parte del camino hacia la equidad. Prueba de ello es que hoy podemos dialogar sin culpa de nuestra experiencia como mujeres, madres y artistas, pues sentimos la responsabilidad social de dar muestra de los esfuerzos que hemos realizado para tener una voz propia, una presencia. Desde mi experiencia, les puedo confesar que no escapamos a esas angustias femeninas; a esos temores terribles a desobedecer mandatos que a veces parecen divinos; al susto por el juicio que –dirían las voces más conservadoras– “nos merecemos” por el hecho de tener una actividad profesional; a los desasosiegos por el terror a fracasar en el papel de madres.

Vienen a propósito estas reflexiones, pues hace unos días se celebró un importante encuentro en la ciudad de Monterrey, con el enunciado de Retos de las Mujeres, dentro del marco de la convocatoria de Naciones Unidas para celebrar de la mejor manera el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.

En este magno evento, al cual se dieron cita más de diez mil mujeres, se organizaron conferencias y actividades diversas, con la participación especial de socias del Forum Internacional de Mujeres Líderes (IWF, por sus siglas en inglés).

Por cierto, se montó una magnífica exposición de cuatro pintoras oriundas de Nuevo León, en la que se incluyeron varias obras de mi autoría, además de una bella selección de fotografías de Nadine Markova.

La reunión y las actividades paralelas a ellas nos pusieron a reflexionar sobre nuestro papel en la tarea de alcanzar la justicia y equidad para todas y todos en este –todavía– nuevo siglo. Por eso creo que debemos considerar que si bien hemos logrado notables avances, falta mucho aún por trabajar. Pero lo importante es que para la mayoría de nosotras no hay duda de que inexorablemente vamos hacía un mundo de equidad, donde varones y mujeres podamos caminar lado a lado. Por el bien de unas y otros, ojalá logremos recorrer en breve tiempo este camino.

|

La gran carrera de ayudar

Martha Chapa
16 de Noviembre de 2007

De verdad resultan inolvidables aquellas experiencias en las que participamos para ayudar a los demás.

En esta ocasión me refiero al hecho de haberme unido a una cruzada vital a favor de la salud de la mujer; en concreto, en la lucha contra el cáncer.

Mucho me emocionó estar en mi tierra natal, que fue sede, el pasado fin de semana, de la carrera que organiza cada año la Fundación Avon y cuyos beneficios se destinan por completo a la prevención y combate del cáncer, tarea que incluye lo mismo la adquisición de equipos de mastografía que la atención en general de las mujeres que padecen esta enfermedad.

Fue una gran satisfacción saber que se rompió el récord de mujeres inscritas en esta justa deportiva, que casi llegaron a tres mil, las cuales participaron en la caminata de 5 kilómetros o la carrera de 10 kilómetros por las calles de la ciudad de Monterrey. Además, fue un gusto saber que los tiempos también se mejoraron en comparación del año anterior.

Digamos que la capital neoleonesa se vistió de rosa, que es el color emblemático de este gran esfuerzo por salvar las vidas de las mujeres.
Tuve el privilegio de ser invitada a pronunciar las palabras de inicio de esta carrera, así como a la ceremonia de premiación para las triunfadoras.

Pero, como lo dije hace unos días, la mejor carrera la hicimos todas juntas y la posibilidad de apoyar a otras mujeres que lo requieren es nuestro mayor premio.

Sin embargo, justo durante mi estancia en Monterrey nos enteramos de que en el Foro Económico Mundial se dio a conocer un informe sobre el Índice Mundial de Equidad de Género, en el cual México quedó muy rezagado, en el lugar 93, de un total de 128 países.

Para elaborar este índice se consideraron 14 variables que abarcan rubros como la participación económica, la oportunidad entre los sexos, los logros educativos entre niños y niñas, el empoderamiento político, la salud y la supervivencia.

Suecia encabeza la lista por ser el país con mayor equidad de género. En América Latina, la nación con mayor igualdad entre mujeres y hombres es Cuba (lugar 22), seguida por Colombia (24), Costa Rica (28) y Argentina (33); el último país latinoamericano es Guatemala, en el lugar 95, sólo dos sitios después de México.

Como suele ocurrir en estas valoraciones, sus parámetros pueden prestarse a polémica, pero no podemos negar que son indicativas, pues reflejan tendencias y realidades demostrables, que en nuestro país resultan desfavorables si se le ubica en el contexto internacional, aun cuando es justo reconocer que se han registrado avances en décadas recientes.

En todo caso, sin autocomplacencias ni lamentos, debemos seguir adelante para conseguir la presencia plena de la mujer en todos los planos de la vida social, política, económica, cultural, deportiva, en todo espacio público o privado, con un sentido de equidad absoluta.

Desde luego, un gran ejemplo es la lucha contra el cáncer en la mujer, esfuerzo que debe multiplicarse en forma y fondo por todo México.

|

Cerro de la Silla, asiento de siglos

Martha Chapa
16 de noviembre de 2007

El Cerro de la Silla se vincula a ni niñez, a mi obra, a mi familia, a lo más entrañable de mis orígenes.

Se trata, como ustedes saben, de la inconfundible montaña que constituye el emblema de la ciudad de Monterrey, pero en esta ocasión me refiero también a la exposición que sobre este motivo se inauguró apenas el jueves 15, con el nombre de
La eterna silla, en la Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

En efecto, bajo el enunciado de “Cerro de la Silla, asiento de siglos”, reuní 80 pinturas y 20 fotografías alusivas a esta belleza natural de mi natal Nuevo León, que se acompañan con una de poemas alusivos al lugar, preparados por mi compañero, el escritor Alejandro Ordorica.

De verdad, ha sido una invaluable oportunidad exponer esta muestra en el majestuoso marco de la Biblioteca Magna de la Universidad neoleonesa. Mientras transcurría la ceremonia inaugural llegué a pensar que mi presencia cada vez más frecuente en esta cálida ciudad desmiente ese refrán que reza que “nadie es profeta en su tierra”, aunque lo asumo con modestia, pero no exenta de inmensa alegría, pues se trata de mi propio terruño.

Y si bien, como ustedes saben, la manzana es un icono que predomina en mi pintura, hay otra imagen que aparece también en mi obra con especial énfasis: el Cerro de la Silla, que marca mi niñez con las primeras imágenes en la memoria.

La primera –la manzana–, representa el símbolo universal que va aparejado a la historia de la humanidad, no sólo en función de la mitificación del paraíso, sino como el fruto inicial que alimentara desde tiempos inmemoriales al ser humano.

En cambio, el Cerro de la Silla se vincula a los más próximo y tangible, a mi tierra y a mi sentido de pertenencia.

En todo caso, son dos realidades que se conjuntan y me trasladan al universo de la imaginación y los ensueños.

Así, reaparecen y se fusionan, aunque ahora mi brújula apunte más al norte, y así en mi obra emerja espléndido el Cerro de la Silla, bajo el cielo de Monterrey, a partir de lo más profundo de mi alma.

En esta montaña tan significativa descubrí los primeros colores, ese verdadero abanico rico y diverso que parecía siempre distinto según la hora en que la contemplara. Así, me miro, muy pequeña, caminando de la mano de mis padres o, más grande, rumbo a la escuela, ya fuera la primaria María Valdés o la secundaria en el Colegio La Paz, pero siempre con este inigualable paisaje de fondo. En fin, un cerro que adquiere una personalidad única y se vuelve inseparable a lo largo de toda la vida, que cruza nuestro espíritu y nos afianza.
Por eso, cuando pinto esta montaña regia, en cada trazo late mi memoria y es el corazón el que recuerda. Es más, siento que la silla hace las veces de todo un planeta para los que somos de aquí, pues lo mismo significa amanecer que plenilunio; desierto que agua, y así, hogar, familia, amor...

Por eso consideré que una forma de rendir tributo a mi tierra, a mis antepasados, a mis paisanos, era pintar
La eterna silla, que continúa guiándome con una luz inextinguible y que ojalá también siempre les ilumine a todas y a todos en estas tierras.

En fin, inaugurar esta exposición resultó para una experiencia conmovedora, con un dejo de nostalgia y añoranza, pero también optimista hacia el futuro.
Desde luego, agradezco a la comunidad universitaria su decisivo apoyo, así como a quienes expresaron conceptos muy generosos sobre esta muestra en la ceremonia de inauguración, como Romeo Flores Caballero, presidente del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León; Porfirio Tamez, director general de Bibliotecas de la Universidad, y el escritor Miguel Covarrubias, quien nos ofreció una ilustrativa visión histórica sobre La Silla.

|

Majestuoso e imponente Cerro de la Silla

Martha Chapa
9 de noviembre de 2007


Estoy en Monterrey preparando una exposición que tiene como motivo central al Cerro de la Silla y vienen a mi mente recuerdos imborrables. Este paisaje único me acompañó desde mi niñez y por eso lo evoco de muchas maneras; desde luego, con una mirada estética que perdura hasta nuestros días. Es por ello que ahora le rindo tributo a este símbolo regio que ha sido insoslayable en la obra de grandes personajes de distintas y distantes épocas, que le cantaron a lo suyo, a lo nuestro, como en esta ocasión yo le digo: “Eterna silla, asiento de milenios”.

Me contaban que en un principio la ciudad de Monterrey se conoció, como recuerda el historiador Israel Cavazos –cronista de Monterrey–, como “Reina”, y luego el poeta José Peón y Contreras la calificó como la “Perla del Norte”. A su vez, Guillermo Prieto la elevó al rango de “Reina de la Montañas”. También en el siglo XIX, el obispo don Ignacio Montes de Oca, conocido como Ipandro Acaico, la llamó ”Reina del Norte”. Y por ahí se dice que don Leopoldo Naranjo, otro connotado historiador neoleonés, no se quedó atrás y quiso designarla “Reina de reinas”. Por último, no podemos olvidar que Manuel Barrero de Argüelles, oriundo de Tamaulipas, le adjudicó el nombre “Sultana”, aunque quizá el apellido “del norte” se le agregó tiempo después.

Sea cual sea nuestro nombre preferido para aludir a esta tierra norteña, lo cierto es que de nuestro suelo semidesértico emerge esplendoroso y con gran elegancia el Cerro de la Silla, que desde sus orígenes fue –sigue siendo y sin duda ya lo será para siempre– el icono inconfundible de la ciudad de Monterrey.

A través de cada época, siglos, generaciones, aparece estampado lo mismo en emblemas, escudos y banderas, que en las más diversas expresiones de la cultura popular. Qué decir de las obras plásticas, que son testimonio vehemente de este amor a lo propio, en particular a nuestra montaña regia.

Una oquedad en medio de la montaña, que a la vista parece una silla de montar y mágicamente extiende su imagen hasta convertirse en alegoría, insignia, distintivo, lema, metáfora, como si fuera una marca regional que se refleja en la historia y en la actualidad con un significado de avance y progreso.
Este emblema inconfundible, en plena Sierra Madre Oriental, representa orografía, paisaje, símbolo, fortaleza, civilización, obra plástica, literatura, poesía y hasta presencia social, pues lo mismo aparece en la etiqueta de una cerveza, que orgullosa en la propaganda de una vulcanizadora. La lista es larga: ahí está en el escudo de Monterrey y sucesivamente en los planos de la ciudad, para saltar luego a carteles, diplomas, trofeos, taxis, placas, billetes de lotería, empaques de dulces, restaurantes, ferreterías. En fin, objetos del giro más disímbolo que gracias a esta imagen muestran su parentesco, un común denominador, una especie de misterio de todo el compendio de una idiosincrasia compartida. Es por esa razón que siempre tengo a la mano –o en mi mano– una cámara fotográfica para capturar ese instante único de mi tierra.
Además, estas pinturas y fotografías se acompañan con un buen número de citas, fragmentos, versos y estrofas de destacados hombres y mujeres de letras, en su mayor parte oriundos del estado de Nuevo León.

Con esta exposición intento hacerle un homenaje a esta bella montaña que se ha convertido en una especie de brújula que me ha acompañado durante toda la vida y en ocasiones hasta mitiga la nostalgia que me invade por estar lejos de mi terruño. Ya les contaré sobre otros aspectos de mi tierra, especialmente con motivo de la apertura de mi exposición la semana entrante.

Por el momento, me quedo casi hipnotizada, como me ocurría desde que era una niña, frente a la majestuosidad imponente de la Silla.

|

La tragedia de la negligencia

Martha Chapa
9 de Noviembre de 2007

Tocó ahora a Tabasco el infortunio de sufrir las calamidades naturales, que llegaron hasta esa tierra para convertirla en zona de desastre.

Sin embargo, queda claro que no podemos culpar a la naturaleza de toda la tragedia, pues aunque el hombre no ha podido controlarla por completo, sí se ha propuesto conocerla mejor, adaptarse y aprovecharla e incluso anticiparse y neutralizar sus efectos cuando amenazan ser devastadores.

En el caso de la entidad del sureste, nadie ahí ignora que lo que les sobra es agua. Con ella conviven los tabasqueños cotidianamente, de ella se benefician y también saben que constituye un peligro en potencia.

Pese a esto, ya en la época contemporánea, particularmente en las décadas más recientes, han sido escasas e ineficientes las medidas para prevenir inundaciones, pese a que ya se cuenta con el desarrollo tecnológico necesario, así como con los avances en materia de técnicas y procedimientos de protección civil.

En efecto, sobre todo durante los últimos gobiernos de esta entidad, entre sus titulares (llámese Enrique González Pedrero, Salvador Neme, Manuel Gurría, Roberto Madrazo, Manuel Andrade o alguno de los que fugazmente pasaron por la gubernatura tabasqueña) ha predominado la negligencia y la irresponsabilidad, que se torna criminal. Baste un vistazo a los desastres registrados en los días recientes.

Es el caso de la infraestructura hidráulica que allá, como se ve, es de vida o muerte. No obstante, año tras año se evaden los gobernantes y funcionarios en turno, sean locales o de la federación, culpándose mutuamente de estas omisiones. Por un lado, en el ámbito de la autoridad local, los presupuestos se canalizan en obras de relumbrón, lo que se suma al despilfarro y el desorden en el gasto público, destinado a rubros que no son prioritarios. Por su parte, la autoridad de la federación con frecuencia es sorda ante las peticiones de los estados o está sometida al capricho de los diputados respecto al otorgamiento y distribución del presupuesto de egresos de la nación.

Total, que ni juntas ni por separado se salvan.

Y ahí está ya el problema, mejor dicho la catástrofe, con más de un millón de personas en la penuria y la desgracia.

El pueblo de México y la comunidad internacional, como siempre, han respondido generosa y solidariamente. También los cuerpos del Ejército y la Marina, además de otras instituciones privadas y civiles que se esmeran por ayudar a menguar las terribles consecuencias de esa mezcla de calamidad natural con negligencia extrema.

Por cierto, el presidente Calderón reaccionó bien, sobre todo en su segundo mensaje al país, pues en su primera aparición le faltó ímpetu o, por lo menos, dio la sensación de poca enjundia y compromiso.

En cuanto a las noticias que circulan sobre esta triste situación, de poco nos sirve comparar a Tabasco con Nueva Orleans, pues lo importante ahora es ocuparse más que preocuparse. Bien lo declar