Amo el arte de la cocina. Por una condición de mi
destino, aunada a una necesidad espiritual quise,
desde que tengo conciencia, mezclar aromas y
colores, sabores y texturas. En fin, todos los
aspectos de carácter visual que anuncian, como
evangelistas de lujo, al sabor, personaje supremo
del reino culinario. Mis primeras maestras fueron
mi madre y mis tías, quienes heredaron la antigua
tradición mexicana del amor por este gran arte,
compañero inseparable de los seres con espíritu
refinado.
Para fortuna mía, el fantasma de la carencia
material enriqueció mi experiencia culinaria,
hecho que me ayudó a concebir platillos que
asombraron a mis amigos no menos que a mí, ya que
los factores de herencia biológica y cultural me
condicionaron de manera radical. Desde entonces
anhelaba conducir los sueños de la vigilia a la
satisfacción del hambre; mezclar los pétalos de
rosas al azúcar para equipararlos a las
estrellas, brillantes y plenas de los destellos
de mi niñez. Es decir, hacer la síntesis de
ingredientes de apariencia antagónica sobre la
base muy firme, por cierto, de la increíble
comida de nuestro país.
Mis inquietudes por capturar un destello de
deleite inédito me permiten entablar una mayor
comunión, a través de mis fantasías coquinarias,
que tienen un toque personal, y de la sapidez
contundente de la misteriosa comida mexicana,
intentando matizar con ingredientes novedosos
—cultivados entre las nubes del celaje, con
seguridad— el rudo aporte del picante.
Mi filosofía gastronómica se funda, en síntesis,
en la sublimación y presentación visual novedosa
de la honda contribución de lo nuestro a la
cocina universal. A su exótico y rico sabor, de
múltiples sensaciones y exquisita pluralidad,
decidí añadir un mayor espectro de matices, como
si en la vaporización de la esencia original,
destinada a no perderse ni diluirse, se
encontrara por fin, casi por milagro alquímico,
la sombra de una sustancia divina.
He viajado por toda la República, he caminado
este paraíso de esencias, aromas y texturas paso
a paso; asimismo, visito con frecuencia todos los
rincones del mundo, con la misión de ofrecer el
gusto de lo nuestro y al propio tiempo descubrir
nuevos deleites. Expreso mis ideas con relación a
éste y otros temas del arte y, desde luego, busco
llegar al éxtasis máximo del paladar,
omnipresente tentación cuyo origen está en haber
nacido y vivido en el desierto.
Como resultado de la pasión que tengo por México
y sus alimentos, he logrado concebir, con el
apoyo de seres valiosos, porque en todo lo que
uno emprende está presente el amor de los seres
queridos, 14 libros de cocina y, esta noche
mágica tengo la satisfacción de compartir con
ustedes algunas recetas, esperando las disfruetne
y me recuerden cuando se dispongan a elaborarlas
. Al ímpetu de la creación plástica y literaria
intento agregar el conocimiento enigmático de la
cocina, como un arte que expresa la cultura y el
sentido de un pueblo que, en su refinamiento y
estilo de vida, conserva el señorío de su
destino.
Me siento privilegiada por esta oportunidad de
comunicarme con ustedes desde este espacio
cibernético la sal en esta mesa, rito sagrado,
consagración del espíritu que propicia el origen
de un verdadero diálogo, pues bien sabemos que
alrededor de este arte se confirman los
sentimientos profundos.
Me
inspira añadir algunas aportaciones a nuestros
horizonte de sabores; desde luego el deseo de
poner a su disposición este esfuerzo por
enriquecer la alquimia de la gastronomía
mexicana.
Como COCINA una Pintora