| Una jovencita de medio siglo |
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Una de las premisas de los Barbie Awards es reconocer a mujeres que lograron hacer realidad sus sueños de la infancia. En mi caso, durante la niñez me emocionaba observar a mis tías, una cocinera y otra pintora. Me encantaba descubrir las maravillas que podían crearse con el pincel y deleitarme con los aromas que se percibían en las inmediaciones del fogón. Anhelaba, así, convertirme en pintora o en cocinera. O, mejor aún, en una suma de esas dos disciplinas que tanto me atrajeron desde temprana edad. Esa imagen me perseguía por doquier y presentía que la iba a conseguir pues estaba dispuesta a luchar con toda mi alma para alcanzar mi ideal. Ya en la escuela, me la pasaba dibujando, pero a la vez muy apegada a los menesteres de la cocina. Claro que lograr grandes sueños no siempre resulta sencillo. Se requiere un considerable esfuerzo y enormes sacrificios, pues implica estudiar y trabajar siempre intensamente, además de vencer prejuicios sociales, familiares y a veces hasta personales. En especial los que tienen que ver con discriminaciones y obstáculos a la mujer para que se desarrolle libre, activa y plenamente en la vida, en cualquier campo que elija, ya sea la ciencia, la política, la economía, la cultura o algún otro. Por eso, hoy comparto con ustedes, queridos lectores, estos vericuetos existenciales a la vez que reconozco, con emoción, el apoyo que recibí de mis seres queridos para seguir adelante, en especial de mis padres y hermanos. Porque nunca llegamos a nuestras metas nosotros solos, aunque es cierto que los logros dependen en buena medida de la voluntad personal, de tener fe en una misma y de adoptar una conducta ética. Reconozco que en muchas ocasiones me asaltaba la idea de llegar hasta el lugar donde ahora me encuentro, si bien no creo tener precisamente un espacio de privilegio o estar parada en una cumbre especial, pero confieso que me siento realizada humana, social y profesionalmente. A la vez, he intentado aportar todo lo que está de mi parte al arte y la cultura de mi país. Desde niña tenía, pues, fuertes inquietudes, y no quería ser tan sólo una ama de casa, por más honrosa que sea esa actividad –que también he realizado y sigo realizando–, pues considero que las mujeres debemos actuar y cumplir en diferentes frentes. Y ahora que la Barbie rebasó ya el medio siglo de edad, me pregunto: ¿Qué representa para mí esa célebre muñeca? Y llego a la conclusión de que se ha convertido en un ícono del mundo global y va más allá de un juguete, aunque no formó parte de mi generación. Lo que más me gusta es que ha ido rebasando el estereotipo estadounidense y se ha vuelto promotora de la liberación femenina, además de que se ha acercado a otras razas, vestimentas, culturas y profesiones de muchos lugares de nuestro ancho planeta. Resume, así, las aspiraciones de la mujer. Y, bueno, a los cincuenta y tantos años se ve espléndida, parece que ha bebido de la fuente de la eterna juventud. En fin, que fue un honor y un gusto recibir el reconocimiento de las Barbie Awards porque, efectivamente, me siento afortunada y orgullosa de haber alcanzado mis sueños de niña, y feliz de seguir soñando y enfrentando retos. Deseo que, como yo, mis nietas y todas las niñas logren ser en el mañana lo que sueñan hoy.
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