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Un hecho que me parece muy relevante es que se abre también una nueva galería: Las Puertas de Oro del Bajío, en un ex convento de verdad bellísimo, del siglo XVII, que impulsó la orden de los agustinos y que en nuestros días fue adaptado y equipado gracias a una considerable inversión.
Mi exposición lleva como título Tres décadas de pintar manzanas. De entrada, un motivo de satisfacción es que justamente con esta exposición se inaugura la bella galería que le abrió sus puertas a mis trabajos.
Estoy segura de que la flamante galería, con sus múltiples actividades, pronto se convertirá en un punto estratégico para la promoción y la difusión de la cultura en el plano local, regional y nacional.
Al frente del proyecto, que ya es una positiva realidad, ha estado el propio presidente municipal de Celaya, el licenciado Gerardo Hernández Gutiérrez, así como el director del Sistema Municipal de Cultura, Rafael Aguirre. En cuanto a las pinturas que integran esta muestra, si bien la manzana aparece como un ícono central, acompaña a otros temas que también he incluido y forman parte de los más de treinta años de explorar el arte pictórico: magueyes, colibríes, montañas, guadalupanas, entre muchos otros motivos que me han inspirado.
Con el bello escenario del convento agustino y entusiasmada por la buena respuesta público a mi obra por parte del más heterogéneo, he tenido muy presentes a grandes y geniales artistas de Guanajuato, como Diego Rivera, Hermenegildo Bustos, José Chávez Morado y, desde luego, a su esposa, Olga Costa, quien sin haber nacido en nuestra tierra, es una gran mexicana y orgullosamente nos pertenece.
No olvido que el significado de Celaya proviene de la palabra vasca Zalaya, que quiere decir “tierra llana”, ni que aquí el cura Hidalgo fue nombrado general del ejército insurgente, como tampoco la estratégica ubicación de esta plaza en la lucha de los liberales contra Maximiliano de Habsburgo o su papel como escenario de la mítica batalla entre Obregón y Villa en tiempos de la Revolución mexicana.
Y qué decir de su próspera economía, apoyada igual en la industria que en el comercio, que nos lleva deliciosa e irreversiblemente a esa maravilla que le ha dado lustre a México en el mundo: ¡la deliciosa cajeta de Celaya!
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