| Tamara de Lempicka |
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Pero su obra también tuvo un destino de contrastes, pues conoció tanto la fama y el triunfo económico como el ninguneo y el olvido en el ambiente del arte. Desde su juventud, quien fue llamada de nacimiento Maria Górska manifestó su sensibilidad y a muy temprana edad logró colocar sus pinturas en diversas galerías de París. Su pintura fue evolucionando, pero su distintivo principal siempre fue el trazo fuerte, rectilíneo, con angulosidad y de colores contrastantes. Nacida en Polonia en el seno de una familia acaudalada, desde joven fue asidua a los círculos de la alta burguesía. Se convirtió en la condesa Kuffer, tras de divorciarse de su primer marido, Tadeus Lempicka, y se estableció en Estados Unidos. Ahí confirmó su vocación de pintora y transitó por temporadas entre el art-decó y el género abstracto, e incluso en algún momento incursionó en el surrealismo.
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