| Rosaura Zapata, puntal de la educación de la niñez mexicana |
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En este rubro, es preciso ampliar nuestro conocimiento sobre la participación de las mujeres en esas épocas y considerar los antecedentes históricos de la lucha femenina y feminista. También será importante revisar los hechos relacionados con la reivindicación de las mujeres desde el siglo pasado; por ejemplo, cuando en los albores de la centuria se expidió la Ley de las Relaciones Familiares, en cuyo artículo 43 ya se igualaba al hombre y a la mujer en el seno del hogar, en los siguientes términos: “El marido y la mujer tendrán en el hogar autoridad y consideraciones iguales; por lo que de común acuerdo arreglarán todo lo relativo a la educación y el establecimiento de los hijos y a la administración de los bienes que a estos pertenezcan”. Otro ejemplo es el hecho de que para lograr la emancipación económica, social y política de la mujer se fundara en 1919 el Consejo Feminista Mexicano o Consejo Nacional de Mujeres para demandar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, un salario igual a trabajo igual, una moralidad igual para ambos sexos, así como la creación de guarderías, dormitorios y comedores para las obreras y sus hijos A esto se sumaba la demanda de que se reconociera el derecho de las mujeres a votar y ser votadas. Otro acontecimiento importantísimo se celebró en el año de 1920 en Mérida, Yucatán, con el Congreso Nacional de Obreras y Campesinas. En estos encuentros se reiteraron las peticiones de derechos políticos para el sector femenil, así como la solicitud de tierra y herramienta para las faenas rurales. En los debates se ratificó de forma contundente el feminismo de las mujeres mexicanas participantes, sin importar su posición social, económica o preparación académica. En ese marco se inscribió la contribución de la profesora bajacaliforniana Rosaura Zapata, quien dejó una honda huella en la educación nacional, inspirada en el ideal de que todo mexicano tuviera acceso a la escuela. Esta destacada mujer, nacida el 23 de noviembre de 1876, desde su infancia orientó su vocación al magisterio, al punto que, llegado el momento, convenció a sus padres de partir a la ciudad de México para poder ingresar a la Escuela Nacional de Maestros. Posteriormente, su inagotable interés por ejercer la profesión de maestra con mejores frutos la llevó a realizar estudios en la Universidad Nacional de México, donde se especializó en psicología y educación. La profesora Zapata sintió una gran inclinación por los párvulos, motivo que la llevó a entrevistarse con el entonces secretario de Educación, don Justo Sierra, con el fin de exponerle la conveniencia de instituir jardines de niños dentro del sistema educativo del país. Este encuentro fue memorable y el resultado de dicha entrevista le mereció una beca para ir a estudiar en Europa a actualizarse en el campo del sistema preescolar, particularmente las técnicas desarrolladas por los célebres pedagogos Johann Pestalozzi y Friedrich Froebel, quienes habían postulado la necesidad de otorgar una educación temprana de los niños a partir de sus intereses lúdicos. A su regreso a México, esta destacada maestra mexicana contribuyó de manera excepcional a la creación de jardines de niños y fundó un sistema de enseñanza previo a la educación primaria. Estaba plenamente convencida de que la enseñanza preescolar que había conocido en Europa, con las adaptaciones adecuadas a nuestra realidad socioeconómica, impulsaría el desarrollo de las capacidades y habilidades inherentes a los niños pequeños, lo que expresó con las siguientes palabras: “Para realizar la educación que pretendemos nos valemos de una serie de actividades que responden a los intereses y necesidades del pequeño educando, ya que constituyen un plan bien definido del trabajo para el logro del desenvolvimiento físico, moral, mental, emocional y social en la forma más armónica y necesaria”. La profesora Rosaura Zapata estaba convencida de que el juego y las danzas rítmicas estimulaban el desarrollo físico de los niños. Asimismo, sostenía que la incorporación de cuentos y fábulas proporcionarían una enseñanza a través de las moralejas, lo que contribuiría a la formación moral y ética de los pequeños. Siempre interesada en atender la educación de los niños desde temprana edad, incursionó como compositora de canciones infantiles adecuadas a esa primera etapa de la vida y con un contenido que remarcaba los valores sociales y cívicos. Además de participar en la creación de los primeros jardines de niños en México, fue maestra de la Escuela Nacional de Maestros y directora general de Jardines de Niños en la Secretaría de Educación Pública. Con todo mérito, Rosaura Zapata recibió múltiples reconocimientos y honores, entre ellos, las medallas Belisario Domínguez, otorgada por el Senado de la República, e Ignacio M. Altamirano, por su trayectoria pedagógica y social. Casi medio siglo después de su muerte –ocurrida en 1963 a la edad de 87 años–, perdura en nuestros días su invaluable misión, al grado que varias escuelas en el país llevan inscrito su nombre. En estos tiempos de pérdida de valores humanos y sociales, cuando se diluyen los asuntos trascendentales, opacados por la frivolidad, el escándalo y el marasmo mediático, es vital y revitalizante dirigir nuestra mirada hacia grandes mujeres, como la profesora Rosaura Zapata, para inspirarnos en ellas y recordar cuáles son, en realidad, las cosas importantes de la vida.
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