| París a toda hora… y en cualquier época |
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Un filme que se da el lujo de iniciar con escenas de sitios emblemáticos de París, como si fuera un muestrario de paisajes y monumentos que cobran sentido conforme avanza el relato. La historia versa sobre un guionista estadounidense llamado Gil (Owen Wilson), quien en realidad desea ser novelista, y su materialista novia Inez (Rachel McAdams). Próximos a contraer matrimonio, visitan la llamada Ciudad Luz junto con los padres de ella. Ahí descubrirán cuán diferentes son uno del otro en intereses y expectativas. Mientras ella quiere ir de compras, comer en restaurantes lujosos y trasnochar en centros nocturnos, él solo anhela caminar por las calles de París bajo la lluvia para obtener inspiración para su novela. Así, cuando ella se va de juerga con unos amigos estadounidenses, él deambula solitario por calles del París nocturno. De pronto, justo al sonar las doce campanadas de la media noche, ocurre un salto entre la realidad y la ficción, pues Gil es invitado a abordar un automóvil antiguo y de pronto se ve interiorizado en el París de los años veinte, por el que tanto suspiraba. Así entra en contacto, primero para su asombro y luego para su absoluto gozo, con Ernest Hemingway, Scott y Zelda Fitzgerald, Gertrude Stein (quien lee su novela y le da consejos literarios), Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, y hasta el torero Juan Belmonte y el músico Cole Porter. Pero el viaje en el tiempo no para ahí, pues desde sus idílicos años veinte Gil da otro salto varias décadas hacia atrás, donde puede codearse con Henri Toulouse-Lautrec, Edgar Degas y Paul Gauguin. En todo caso, el experimentado Allen, en este su largometraje número 41, nos encauza prodigiosamente por épocas y personajes que sentimos tan reales y próximos como si estuviéramos reunidos con ellos en pleno siglo XXI, a través de su protagonista. En ese mundo que tanto admiraba, Gil se enamora de una musa de aquellos años –quien a su vez desearía haber nacido en otra época–, para finalmente romper con su prometida y comenzar un romance con una parisina contemporánea. De esa manera tan grata, entretenida y plena de referencias, el cineasta estadounidense desmitifica la idea de que una generación es mejor que otra, pues talentos y genios los ha habido en todas las épocas y los sigue habiendo en la actualidad. Aderezada con su propia dosis de nostalgia, Medianoche en París rinde tributo a esa hermosa e histórica ciudad que ha sido cuna de trascendentes movimientos sociales y artísticos que tantas aportaciones han brindado a la cultura y el arte universales.
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