| Más cultura, menos violencia |
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Asimismo, nos hace falta un plan integral que dirija su mirada al ámbito de lo social como un eficaz antídoto contra ese escenario de violencia en el que subsistimos, sobre todo en cuanto a brindar oportunidades de estudio y empleo a la población juvenil. Es evidente que si tuvieran otras oportunidades culturales y económicas, los jóvenes mexicanos, sin importar su condición social, se mantendrían cada vez más ajenos a las tentaciones de delinquir o aceptar ser empleados por las grandes bandas y mafias de la delincuencia organizada. Dentro de estas acciones urgentes y prioritarias, inscritas en el ámbito de las políticas sociales, hay una que nos parece relevante aunque no siempre esté presente y menos aún se canalicen a ella los recursos presupuestales, humanos y de infraestructura que amerita. Me refiero al rubro de la cultura, que junto al de la economía y la educación, como lo hemos comprobado en diferentes épocas y situaciones, garantiza invaluables beneficios a la ciudadanía y a las comunidades en general. Es cierto que cuando se invierte en estos ámbitos no se obtienen resultados inmediatos y tangibles mágicamente de un día para otro, pues son procesos que requieren tiempo para irse sedimentando y modificar poco a poco la conducta individual y social. Pero lo cierto es que por esa vía se obtienen invaluables beneficios, ya sea que se trate de crear una conciencia solidaria de respeto a los demás, o de lograr la profundización y el arraigo de los valores humanos esenciales, de manera primordial libertad y democracia; de la participación comunitaria o el acrecentamiento de la cohesión social. A propósito de estas reflexiones, y hablando de buenos deseos para el año que inicia, nos enteramos de un programa cultural que se puso en marcha recientemente en Ciudad Juárez, Chihuahua, cuya apuesta es impartir diversos talleres orientados a niños y jóvenes para tratar de cambiar su perspectiva sobre la realidad. El comienzo de este programa ha sido exitoso, pues de acuerdo con los primeros testimonios de quienes han acudido a estos talleres, el involucrarse en actividades culturales les ha permitido a niños y jóvenes ampliar la visión de su entorno, al grado de rebasar el estrecho mundo de violencia cotidiana en el que han vivido durante años. Si lugar a dudas es un ejemplo que debería cundir no sólo a lo largo de la frontera norte, sino también en diversas regiones, en especial las más devastadas por la delincuencia, como los estados de Nuevo León, Michoacán y Tamaulipas, entre otros, pero, en realidad, a todo lo largo y ancho del país. Lo más importante es alcanzar no sólo una reacción, por más buena que sea, sino lograr infundir una mística y un compromiso permanentes de todas las autoridades hacia sus comunidades. Hay varias formas de lograr estos objetivos o –digámoslo así, de acuerdo con la época– propósitos de año nuevo. Lo importante es tomar conciencia de que no sólo es posible sino también necesario y urgente cambiar ya, aquí y ahora.
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