| La encuesta millonaria de Conaculta |
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Más aún, en repetidos encuentros, congresos y consultas, el tema ha sido recurrente, y en las conclusiones de las reuniones convocadas para analizar esa problemática siempre se incluye el mismo llamado: ¡urge crear y ampliar las audiencias culturales! Se ha recomendado con insistencia el fomento a la lectura y el consumo pleno de los bienes y servicios de la cultura, llámense cine de arte, teatro universitario o experimental, música de cámara, exposiciones pictóricas, muestras fotográficas, entre una amplia gama de actividades. Así que esta tan lamentable como dolorosa realidad ha sido bien registrada y es harto conocida: la mayor parte –en el mejor de los casos la mitad– de las personas de diversos segmentos de población, ya sean niños, jóvenes o adultos, no acuden a las actividades de carácter cultural. Esta situación la refrenda ahora, con una obviedad supina, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), que para llegar a tal descubrimiento tuvo que realizar una encuesta nacional, que costó la nada despreciable suma de siete millones de pesos. La Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales reveló, claro, lo que ya sabíamos, pues su hallazgo central es que “a 48 por ciento de los mexicanos les interesa poco o nada la cultura”. Pero, además, hasta el momento se carece de información suficiente sobre la metodología y las características de dicha muestra y, de hecho, ya se han hecho oír varias voces que cuestionan el diseño de la encuesta a partir de la información que se incluye en el propio sitio web del Conaculta. Hubiera bastado que dicho organismo girara sendos oficios, cuyo costo es ínfimo, a las distintas instituciones federales, estatales y municipales, para que le notificaran datos básicos sobre el uso y consumo cultural a lo largo y ancho del país. Por poner un ejemplo, habría sido muy sencillo consultar a la Dirección General de Bibliotecas, que posee registros confiables en su ramo, o a las casas de cultura en las entidades federativas, respecto del número y, en algunos casos, hasta el perfil de quienes asisten a las diversas actividades que ahí se organizan. Este caso nos recuerda aquel chiste del millonario que, cuando siente que la tierra se sacude, contrata enseguida a un sismólogo para que le confirme que ¡está temblando! Por eso, la pregunta es inevitable ¿no habría sido mejor que esos dineros se aplicaran justo a un programa para promover y difundir mejor la cultura? Y de ahí surge otra duda: ¿qué opina la Contraloría de la Secretaría de Educación Pública sobre estos tejes y manejes del presupuesto, tan risibles como sospechosos? En todo caso, debemos reconocer que la encuesta sirvió para constatar algo muy importante: las políticas gubernamentales para la promoción de la cultura han fracasado o, por lo menos, han sido insuficientes. Casualmente, el organismo central para el fomento del arte y la cultura en el país es el Conaculta, que prefiere dilapidar sus recursos en encuestas que demuestren lo obvio en lugar de replantear sus estrategias y objetivos.
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