| Del Centenario y el Bicentenario |
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Por un lado, es plausible que entre estos actos celebratorios se prevea la realización de importantes obras de infraestructura que serán de gran beneficio social y económico y que van desde el tan necesario Emisor Central para evitar inundaciones en la Zona Metropolitana del Valle de México, a la construcción de aeropuertos y carreteras. El programa incluye también acciones muy positivas de índole educativa. Muestra de ello es la publicación del libro Viaje por la historia de México, de uno de nuestros historiadores más destacados, Luis González y González. Se hará un gran tiraje de esta obra, que se obsequiará a millones de familias, lo cual seguramente permitirá que los mexicanos nos adentremos más en el conocimiento de nuestro pasado y observemos con mayor claridad el presente y el futuro del país. Y qué decir de la atinada propuesta de convertir los corredores del Palacio Nacional en Galería Nacional, que estará a abierta todo público, con la magna exposición México 200 años: la patria en construcción que, a decir de los organizadores, será “la mayor muestra histórica jamás montada en México”. Tan sólo estos ejemplos nos permiten reconocer que es así como debemos celebrar tan importantes acontecimientos de nuestra historia nacional. A la lista de actividades atinadas y bien planeadas hay que agregar la serie Discutamos México, que convocará a intelectuales, artistas, empresarios y políticos –se habla de cerca de 500 expertos en la historia y cultura del país–, que en 150 programas verterán sus opiniones y abrirán la reflexión en torno a lo que somos y debemos ser, además de lo que queremos hoy. Con esta serie, que aspira a convertirse en “un ejercicio de imaginación crítica, un testimonio de nuestra pluralidad”, el programa de conmemoraciones luce todavía mejor. Sin embargo, sería necesario abrir estos espacios a más personas, igualmente preparadas y talentosas, para rebasar el manido recurso de tener en cuenta sólo a los llamados notables. Haría falta calar más en los diversos sectores sociales y privados así como en miembros de la sociedad civil También sería preciso reajustar otros actos muy costosos y de carácter efímero y, por tanto, prescindibles, especialmente en momentos de crisis económica, cuando estamos tan necesitados de ejemplos de austeridad. Por cierto, en la presentación oficial del Programa, que se llevó a cabo el 10 de febrero, el discurso del presidente Calderón, bien escrito y dicho, contrastó con la intervención ramplona y convencional del gobernador de Guanajuato. De igual forma deslució y hasta resultó ridícula la reclamación del gobierno de la ciudad de México, a través de su coordinador para estos festejos conmemorativos en el Distrito Federal, en el sentido de que Marcelo Ebrard no fue considerado en este programa global, cuando es evidente que ha sido el propio jefe de gobierno quien se ha comportado excluyente y saboteador permanente de las acciones de la Federación, suponemos que debido a sus absurdos compromisos con la esquizoide figura de la “Presidencia Legítima” de su jefe y líder Andrés Manuel López Obrador. Además, las autoridades capitalinas bien pudieron formular un plan propio, original y benéfico, pues seguramente recibieron muchos y buenos proyectos. Pero, como se ve, prefirieron otra vez el autismo político y la vía contestataria, en lugar de trabajar con unidad e imaginación. En fin, al margen de litigios mezquinos, construyamos una digna celebración de los cumpleaños de la patria, aquí y en todos lados, que debe llevar como ingredientes esenciales la reflexión crítica y autocrítica, al igual que conductas y acciones constructivas para el beneficio genuino de las mayorías.
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