| Al rescate de Monsiváis (2ª. parte) |
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Un asistente a la charla le hizo la siguiente pregunta: Buenas tardes maestro, mi nombre es Gabriel Río de la Loza. Soy alumno de la licenciatura virtual en gestión cultural por la Universidad de Guadalajara. Mi comentario está enfocado a la legislación cultural. He analizado las diferentes constituciones que han regido en México, desde la Constitución de Cádiz, pasando por las de 1824, 1857 y 1917, la actual, con todas las reformas que se le han hecho, y veo que no existe en ellas ningún artículo que hable sobre la cultura. Está el artículo tercero, pero se enfoca como tal a la educación. Sé que Víctor Hugo Rascón Banda lanzó una serie de propuestas para hacer una agenda cultural para justamente poder tener esa legislación. También que María Rojo hizo una propuesta para la modificación del artículo tercero. Yo creo que eso nos da en gran medida [la idea de] que nuestro México desde la Colonia nunca ha visto a la cultura como una materia importante para la nación, tomando en cuenta esta manipulación que puede dar lugar a la idea de que para qué culturizar a las masas, si las podemos controlar en materia electoral. Carlos Monsiváis respondió: Bueno, estoy y no estoy de acuerdo con usted. Efectivamente, ha habido un descuido y una indiferencia hacia todo lo cultural, pero no creo que se avance demasiado si se inserta en la Constitución, como ya se ha hecho, la frase “el derecho al acceso a la cultura”. ¿Eso qué es?, no dice nada, es una expresión volátil. ¿Quién define “cultura”?, ¿qué es el “derecho a la cultura”? ¿Consiste en becas, consiste en espectáculos gratuitos, consiste en una gran editorial del Estado que venda libros a costo bajísimo, consiste en una política de bibliotecas? Mientras no se defina el derecho a la cultura no pasa de ser una frase en el aire. Y en las leyes no puede definirse un trabajo cultural, porque en sí mismo es cambiante. Lo que se puede hacer es insistir a partir de la educación, que es el fundamento de la cultura. A partir del hecho educativo, lo que se puede hacer es multiplicar las exigencias mínimas: No contamos con un buen servicio nacional de bibliotecas, los libros de texto están, como hemos visto, en una situación ruinosa [a tal grado que se] ha querido abolir la historia de los libros de texto pensando que los estudiantes por su cuenta […] se enteren a través de la televisión y algunas telenovela históricas del “Bicentenario de pasión”. […] Hemos leído con asombro que en Guanajuato las autoridades educativas retiran el libro de Biología de la Secretaría de Educación Pública para poner el suyo, en donde se elimina casi toda mención al sexo, se niegan a hablar de anticonceptivos, no hay reproducciones anatómicas ni zona genital de los hombres […] en sí es absolutamente grotesco que se permita –y se permite– su andanada contra el Estado laico, porque no hay una respuesta. Y yo pregunto: si ante eso, que es fundamental, no hay respuesta, entonces, ante lo cultural, ¿quién lo define y desde dónde lo define? La respuesta ha sido pobrísima, algunos grupos, algunos comentaristas, algunas propuestas, pero nada en firme. Y los partidos políticos, peor aún, están ausentes en ese debate…
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