| Vargas Llosa noquea a Chávez |
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Tras retenerlo de manera indebida en el aeropuerto de esa ciudad, al escritor peruano se le empezó a hostilizar con criterios propios de un chauvinismo nauseabundo, pues se le acusaba de ser un extranjero que pretendía criticar en suelo venezolano al propio presidente. De entrada, esa conducta es cuestionable, puesto que se trataba de un foro donde los invitados, casi sobra decir, gozan de la libertad para exponer sus puntos de vista, máxime en el entorno de globalidad que hoy enlaza a la humanidad. Así, incluso antes de que iniciara dicha reunión quedó evidenciada no sólo la torpeza de Hugo Chávez, sino su inaceptable perfil autoritario. Después, el propio presidente plantearía la posibilidad de un debate con Vargas Llosa dentro de su programa de radio y televisión Aló Presidente, quizá como una reacción tardía para atenuar la intransigencia inicial. Tal reto fue aceptado por el peruano, principal protagonista de esta tragicomedia chavista, al que se sumaron los mexicanos Enrique Krauze y Jorge Castañeda, quienes se han manejado dentro de este sainete con lucidez, ecuanimidad y firmeza de convicciones a favor de las libertades y la democracia. Al final, el presidente se retractó de su invitación y el debate ya no se celebró. Pese a que se canceló la posibilidad de intercambiar ideas y argumentos, el perdedor ha sido, sin duda, Hugo Chávez, pues con este incidente se confirma una vez más su intolerancia y anacronismo políticos. Cabe recordar aquí la célebre intervención de Vargas Llosa en el foro El siglo XX: la experiencia de la libertad, organizado por el poeta Octavio Paz en 1990. Entonces, como ahora, en el ejercicio de su libertad de pensamiento y expresión, opinó que México era “la dictadura perfecta”, pues tenía las características de la dictadura, pero no con la permanencia de un solo hombre en el poder, sino de todo un partido inamovible. Estas afirmaciones, recordemos, escandalizaron a todo el “parque jurásico” mexicano y a otros representantes de organizaciones del ala dura. La verdad, gustara o no su opinión, el autor de La ciudad y los perros tenía toda la razón, pues eran los tiempos del “carro completo”, de los triunfos aplastantes del PRI elección tras elección, los cuales lograba a base de todo tipo de artimañas, prebendas, alquimia, recursos gigantescos, procedimientos turbios, así como diversos mecanismo represivos. Ahora, a la distancia, suenan todavía más meritorias las opiniones que expresó Vargas Llosa hace casi veinte años, sobre todo si tenemos presente el difícil camino hacia la democracia por el que aún sigue transitando nuestro país. Y bueno, por lo que se refiere al reciente encuentro venezolano, mientras éste se desarrollaba con éxito gracias a la participación de un distinguido grupo de escritores e intelectuales, las cámaras y los micrófonos del programa presidencial se cerraban, pues Chávez reculó y avisó que él no debatiría, arguyendo que los intelectuales –que él mismo había convocado a debate– no son de su división, están fuera de las grandes ligas. Esta última jugarreta pinta a Chávez de cuerpo entero y pone en evidencia su conducta excluyente, insegura y acomplejada. Al final, lo que nos queda claro es que, como bien dijo Enrique Krauze, Chávez le tuvo miedo a Vargas Llosa.
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