| Presupuesto telenovelesco |
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Entre los grandes ganadores, como se predijo, están los gobernadores en general, que desde que se empezó a discutir el paquete fiscal estuvieron muy activos, unos marcando línea, otros exigiendo o hasta presionando a los dirigentes de sus propios partidos y a los coordinadores de su respectiva fracción parlamentaria. Todo pareció –en realidad todo fue– un trueque, pues varios partidos empujaban a sus bancadas tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado para que le dieran el sí al presidente Calderón y a su secretario de Hacienda, pero poniéndole precio a la aprobación o, para decirlo de manera más clara, pasaban la factura con los montos mínimos que aceptaban. Claro que hay de gobernadores a gobernadores, o de entidades a entidades, y eso está en función del peso que tiene cada partido en ambas cámaras del Congreso de la Unión. Tan es así que el PRD –ahora un partido minoritario y venido a menos producto tantas luchas y contradicciones internas– llegó a amenazar con la toma de tribuna porque la mayoría conformada por el PRI y el PAN llevaban claramente la batuta y de plano no les hacían caso y pretendían regatearles los montos presupuestales de las entidades donde gobiernan. Si nos referimos a las dependencias públicas, las cantidades otorgadas para ejercer en el 2010 tienen también evidentes contrastes, bien porque algunas hayan sido privilegiadas o bien porque otras han visto cercenados los incrementos porcentuales que recibían año con año. Al final, los aumentos más considerables fueron para el campo y la infraestructura carretera e hidráulica, dependencias federales que aumentaron o al menos mantuvieron sus asignaciones. En el extremo opuesto, los renglones que registraron mermas presupuestales se refieren principalmente a los programas sociales. También hubo recortes en los presupuestos de los tres poderes de la Unión (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), aunque en estos casos las disminuciones fueron insuficientes pues, por ejemplo, se congeló la desaparición de las tres secretarías (Turismo, Reforma Agraria y Función Pública), como proponía la iniciativa presidencial. Pero más allá de rebatiñas, chantajes, aumentos o reducciones, lo que trasluce de este largo y accidentado proceso para la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación es la carencia de fórmulas institucionales. Por lo mismo, el resultado es un paquete fiscal con notorios parches, formado de retazos, de estira y afloje, o pactado entre acusaciones mutuas, lo que nos hace recordar aquel dicho popular que reza: “no jalen que descobijan”. Eso sí, de la lucha contra la pobreza ya nadie habla. En cambio, permanece la demagogia de los voceros de los partidos, como es el caso del priista Sebastián Lerdo de Tejada, quien cínicamente, sin ninguna credibilidad, pontificaba la necesidad de “apretarse parejo el cinturón”, cuando él mismo no rebaja ni un centavo de su propio salario, además de que no disimula su afán de buscar artificiosamente espacios en los medios, al grado del ridículo. En el propio PRI se aprecia, por contraste, la presencia seria, conocedora e inteligente del diputado Luis Videgaray Caso, presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados. El hecho es que falta todavía una reforma fiscal racional, equitativa y transparente que al aplicarse con la idea de tener una base más amplia y proporcionada de causantes genere recursos mayores de los que ahora se obtienen e induzca a una mejor distribución del gasto público.
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