| Por un nuevo partido de izquierda |
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Algunos de estos hechos se inscribieron dentro de las noticias más importantes del país, antes y después de las elecciones del 5 de julio. Así, por ejemplo, es inevitable recordar que el PRD llegó a la jornada electoral muy mermado después de la catástrofe política que sufrió en 2008, derivada de sus elecciones internas para seleccionar a su dirigente nacional, pues, como todos sabemos, hubo enfrentamientos y manejos turbios durante todo el proceso, del que obtuvo una pírrica victoria Jesús Ortega. Poco tiempo después se conocería el caso de un prominente perredista del estado de Tamaulipas asociado a un enorme y descarado robo de gasolina y su venta ilegal. En fecha más cercana, tales anomalías, divisiones y confrontaciones se han multiplicado. Por una parte, la deslealtad y traición de Andrés Manuel López Obrador al PRD, del cual fue presidente, con su llamado a votar por un partido diferente al que supuestamente pertenece, además de su delirante comportamiento en la delegación Iztapalapa al hacer a un lado al candidato del Partido del Trabajo para dar entrada a Clara Brugada, con lo que le dio la espalda a los ciudadanos que habían elegido otra candidata del PRD para esa delegación. Pasarían los días y otro escándalo sobrevendría en esa agrupación política: la acusación contra un hermano del gobernador de Michoacán, Leonel Godoy, por sus presuntos nexos con el peligroso grupo delincuencial La Familia. Y algo más, los cuestionamientos al jefe de gobierno Marcelo Ebrard y al procurador capitalino en el caso del secuestro y asesinato del joven Fernando Martí hace un año, pues ahora la Procuraduría General de la República asegura que el delito lo cometió otra banda de delincuentes y no quienes fueron detenidos y consignados en el Distrito Federal. Por si esto no bastara, casi simultáneamente vino una fuerte declaración de Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del PRD, pidiendo la renuncia de Jesús Ortega por sus pésimos resultados en las recientes elecciones, así como la dimisión de todo el Comité Ejecutivo Nacional, además de la expulsión de López Obrador por graves violaciones al estatuto de ese partido. Hasta se dio el lujo de ridiculizarlos porque no se habían atrevido a expulsar del partido al tabasqueño. Como vemos, son muchos y de diversa índole los errores, vacíos, omisiones y hechos negativos que ya desde las elecciones pasadas mermaron la credibilidad y aceptación del PRD, lo que se tradujo en una caída sin precedentes en su votación, incluyendo un abrumador rechazo de parte de la sociedad mexicana al propio López Obrador, quien en la anterior elección del 2006 obtuvo un elevadísimo porcentaje de votos. La verdad salta a la vista: el PRD se ha resquebrajado hacia dentro y hacia fuera, no goza de credibilidad entre una proporción creciente de la ciudadanía. Peor aún, crece la tendencia a mirar a sus dirigentes como un puñado de grupúsculos avariciosos, venales e irresponsables que sólo atienden a sus propios intereses mezquinos y, con evidente nepotismo, los de sus familiares y amigos. Este partido insiste en cerrarse a la presencia y participación de ciudadanos y grupos valiosos, algunos incluso vinculados al propio partido (cuadros formados, con talento y destacada trayectoria que siguen en la banca), ya no digamos otros que potencialmente podrían incorporarse y representar un enorme capital político y electoral. La verdad es que, por todas esas razones, la izquierda mexicana ya no reside, ni actúa, ni le interesa participar en el PRD. Esto incluye tanto a quienes transitaron por ahí en los primeros años de su existencia, como a fuerzas más amplias, que se han mantenido al margen de esa burocracia partidista y sus adulteraciones. Por eso, la verdadera y considerable (en número y calidad) izquierda mexicana se mantiene en las universidades, los medios de comunicación, las organizaciones no gubernamentales, los organismos gremiales y, en general, en diferentes estratos de la sociedad civil, a la espera de que surja una nueva organización: abierta, ética y comprometida con el cambio social. Por eso, hoy más que nunca las palabras de Cuauhtémoc Cárdenas son tan certeras como premonitorias: ¡urge refundar al PRD!
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