| Los perdedores |
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El problema empezó a gestarse cuando la Asamblea Legislativa del Distrito Federal impulsó el reconocimiento civil del matrimonio entre personas del mismo sexo, legislación que tras divergencias y fuertes polémicas finalmente queda aprobada. Ahora el combate se agudiza una vez que la Suprema Corte de Justicia reconociera que ese tipo de matrimonios son constitucionales y que los matrimonios así constituidos tienen, como cualquier otro matrimonio, derecho a la posibilidad de adoptar una hija o un hijo. A la vista de los hechos, es evidente que se enfrentan posiciones irreductibles, cada una con sus argumentaciones y creencias. Pero más allá de los derechos humanos, es decir, del respeto a la libertad individual y a la equidad jurídica, hay de fondo otros intereses que cada vez son más evidentes para la sociedad mexicana. Por un lado, el protagonismo de Marcelo Ebrard al usar y manipular el caso para reposicionarse en el panorama electoral, sobre todo frente al candidato que le lleva la delantera dentro del ala política de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Asimismo, atraerse desde ahora la votación de la población homosexual, que se estima puede oscilar entre cuatro y seis por ciento de la población nacional. Fluyen de igual forma cierto rumores, por aquí y por allá, en el sentido de que, más allá de la convicción jurídica del jefe de Gobierno sobre el caso, podría haber otro tipo de interés (compromisos, presiones y otras razones de orden personal). Lejos estamos de hacernos eco de rumores, así que sólo podemos decir que, de haber otros motivos más allá de los conocidos en el ámbito público, sería indispensable conocerlos para clarificar este punto. Por su parte, el arzobispo de Guadalajara ha equivocado su estrategia al adoptar una actitud rijosa, discriminatoria e intolerante, que no es necesariamente la de la Iglesia católica en su conjunto. Otra historia hubiera sido el hecho de generar un intercambio de puntos de vista y argumentos, según las convicciones y creencias de cada cual, pero siempre expuestos respetuosamente en forma y fondo. Incluso, habría valido la pena adoptar una estrategia que incluyera una especie de consulta a la feligresía, ejercicio que también hubiera sido deseable por parte de los representantes populares de la ciudad de México en sus propios distritos, a fin de darle más fuerza a las iniciativas de ley y ahondar en el convencimiento popular de las ideas esenciales que inspiran el trabajo legislativo de los diputados locales. Si bien habrá ganancias y pérdidas, en mayor o menor grado, ni Sandoval ni Ebrard ganarán o perderán todo, pues si bien el jefe de Gobierno lleva ventaja en la disputa mediática y, desde luego, en el plano legal, no ocurre así frente al electorado nacional, todavía mayoritariamente católico y que en muchas regiones del país, nos guste o no, es ostensiblemente conservador. Por ello, es de prever que esos sectores no sólo dejarán de votar Ebrard en caso de que él fuera el candidato del PRD, sino que se colocarán contra de este partido, lo cual de entrada le da todavía mayores ventajas al ya adelantado López Obrador frente al 2012. Y aunque seguiremos pendientes del desarrollo de estos enfrentamientos, en realidad esperamos que se encaucen con mayor inteligencia y madurez política por ambas partes. Pero, sobre todo, deseamos que ambos personajes recuerden que ése litigio no constituye un asunto relevante o prioritario del país, sino que hay otros muchos problemas que no estamos atendiendo ni debatiendo y, mucho menos, resolviendo.
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