| Los inicios del bicentenario |
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Al frente de ese organismo se entrelazan lo mismo los nombres de Cuauhtémoc Cárdenas que de Rafael Tovar y de Teresa, José Manuel Villalpando o Sergio Vela, y muy recientemente el de Alfonso Lujambio, secretario de Educación, quien recibió muy pocos avances y grandes pendientes que fueron acumulando sus antecesores.
A esto habría que agregar el enorme costo de la tan sonada celebración. Tan sólo en lo que se refiere al espectáculo audiovisual en el Zócalo de la ciudad, las cifras alcanzan millones de dólares, claro está, sin contar todas las erogaciones millonarias que han precedido a esta ceremonia oficial. Las cifras van y vienen: hay quienes informan que esta fiesta tendrá un costo de 45 millones de dólares y que el gasto total de la conmemoración ascenderá a 230 millones de dólares. El propio secretario Lujambio ha informado que el desembolso total por los festejos tanto de este bicentenario como del centenario de la Revolución mexicana será de alrededor de 2 900 millones de pesos. La verdad es que el tiempo de preparativos se terminó y el bicentenario y hasta ahora no llegó a conmover demasiado a los ciudadanos, ya no digamos a provocar un júbilo popular por tan importante aniversario, sino ni siquiera para lograr esa articulación elemental que al menos incidiría a conmemorar fecha tan emblemática de la patria con un sentido de participación social. Es evidente que además de la situación económica que tan duramente ha afectado al país en los últimos dos años, el festejo llega en medio de una crisis no sólo de orden económico, sino también marcada por la inseguridad y el desempleo, factores que generan gran desánimo. Por eso, debemos insistir en abrir nuevos espacios para reflexionar entre todas y todos con un sentido integral, tanto la acerca de problemática que vivimos y los retos que enfrentamos, como en torno a las alternativas de solución. Y no se trata, aclaro, de organizar más foros donde supuestamente se “discuta México”, que por cierto han resultado insuficientes, elitistas y en buena medida vacuos, sin mayor sistematización, profundidad y apertura. Se trataría, entonces, de multiplicar los espacios a partir de una convocatoria nacional que abarque a organismos no gubernamentales, colegios de profesionales y asociaciones cívicas, culturales y deportivas, así como a la ciudadanía para que expresen sus opiniones, inquietudes y propuestas mediante sistemas imaginativos. Por ejemplo, un buzón abierto en cada colonia o barrio, ejido o ranchería y en las propias oficinas de correos o mediante sistemas avanzados, como la Internet, para que luego un equipo confiable, plural y competente procesara tales respuestas; el siguiente paso sería dar a conocer esas iniciativas en un gran acto de la República, a fin de que los poderes de la Unión se comprometieran a analizar con seriedad su pros y contras para poner en marcha las propuestas más viables en el corto y mediano plazo. Digamos, una consulta nacional con consecuencias operativas, reales, creíbles. Hasta ahora, por lo que hemos visto, la reflexión y las propuestas se han restringido a unas cuantas voces, que en realidad no nos representan ni han sido capaces de sentar las bases para la definición de un nuevo proyecto nacional y de un pacto colectivo a favor de México, que comprenda principios de soberanía e igualdad. Una proclama tan profunda y comprometida como lo fue la contenida en Los Sentimientos de la Nación, de José María Morelos, uno de los textos más simbólicos de la identidad nacional y que contiene principios aún vigentes y anhelos aún pendientes. En fin, que necesitamos pensar y actuar con creatividad, imaginación y compromiso individual y colectivo para transformar a México sin exclusiones, partidismos e intolerancias y, desde luego, con armonía y en paz social. Estamos a tiempo, pero debemos actuar sin demora. El país requiere urgentemente que actuemos a partir de una lúcida visión. Así, el bicentenario no terminaría en el 2010, sino que sentaría las bases para comenzar a construir una patria más justa y sólida a partir de 2011.
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