| La lección de Islandia |
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Y eso, tan sólo en lo que se refiere a nuestro planeta, ya que sabemos –aunque poco comprendemos– de las amenazas provenientes del espacio exterior, como los tan preocupantes aerolitos. En esta ocasión la alarma provino de Islandia, donde hizo erupción un volcán de nombre impronunciable, por lo menos para los hispanohablantes –algunos lo denominan Eyjafjalla, otros, Eyjafjallajökull–, que con el humo y cenizas que arrojó, en columnas que se elevaron más de 12 kilómetros, detuvo el tráfico aéreo europeo durante casi una semana a partir del 14 de abril. Millones de personas quedaron varadas –y desesperadas– en los aeropuertos; las aerolíneas perdieron millones de dólares, los hoteles rebasaron su capacidad y no faltaron quienes se aprovecharon de la situación para sacar mayores y abusivas ganancias. Muy diversas ramas productivas se vieron afectadas, y el mundo en general observó azorado cómo un fenómeno natural, que en aquellos lares no ocurría desde hace casi 190 años, ponía en jaque la economía y la vida cotidiana toda de la moderna Europa y, con ella, de buena parte del mundo. Fueron innumerables e inenarrables los problemas que se vivieron en esos días. Por citar sólo unos, se dejaron de transportar muchas mercancías para la industria automovilística, de tal manera que plantas establecidas en otros países tuvieron que cancelar turnos de trabajo debido al descenso de la producción. El comercio de flores se vio interrumpido a escala internacional una vez que se suspendieron los vuelos y se afectaron las importaciones y exportaciones. La situación excepcional se reflejó también en las empresas de mensajería, con la consecuencia ulterior de saturar envíos por tren y carretera. Los daños y perjuicios se extendieron, asimismo, a otros sectores, como el turismo, sobre todo en el caso de los llamados vuelos charter, aunque también en los habituales paquetes turísticos con destino a varias naciones. En nuestro país fue muy sonado el caso de los grupos de niños y adolescentes mexicanos que habían participado en una olimpiada de inglés y, a punto de volver a México, quedaron varados en Inglaterra, ocasionando el desembolso de recursos adicionales por parte de sus familiares. También se registraron problemas en el rubro alimentario, en especial por productos de carácter industrializado. Bueno, hasta el sector de los espectáculos se vio afectado pues, por ejemplo, la cantante Whitney Houston debió suspender el concierto que habría de celebrar en Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias, el 30 de abril. Queda una gran lección, pues siempre se comprueba que de haberse planeado mejor o previsto en el mayor grado posible tal tipo de contingencias, los daños y la paralización comercial e industrial hubieran sido de menor cuantía. Pero queda también muy claro que debemos atender cada vez más el ámbito de la ecología, pues se ha comprobado, por ejemplo, que los cambios climáticos derivan del deterioro ambiental que los seres humanos hemos provocado.
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