La crisis se agudiza gravemente en este segmento porque a los profesionistas que hace no mucho se incorporaron al mercado laboral y tuvieron que aceptar empleos muy por debajo de su capacitación –y algunos de los cuales incluso han perdido esos endebles trabajos–, se suman ahora los jóvenes que año con año egresan de universidades y tecnológicos nacionales y, simple y sencillamente, no encuentran ocupación. No referimos a esas cientos de miles de jóvenes que se ubican a las filas del desempleo formal, lo cual representa un desaprovechamiento de los recursos que prepara y capacita México con una altísima inversión del presupuesto nacional.
El panorama se complica todavía más si adicionamos a esta carencia de oportunidades y empleos otros segmentos de adultos que han perdido también sus fuentes de ingresos, en especial a partir del 2oo8, con la caída de la economía estadounidense a la que estamos tan vinculados y de la cual somos tan dependientes. Hablamos entonces de tres o cuatro millones de desempleados, además de que se nos informa sobre una escalofriante cifra que deberá abultarse con alrededor de setecientos mil empleos formales que podrán perderse durante el presente año.
Los efectos son ya muy notorios: el creciente ambulantaje, los trabajos eventuales, el autoempleo coyuntural y, desde luego, las repercusiones en el aumento de los índices delictivos, en buena medida cometidos por jóvenes menores de 30 años.
Otros datos que son igualmente evidentes y que mucho nos alarman son los que se reflejan entre el ámbito profesional, universitario, donde tanto los recién egresados como quienes ya tienen décadas de experiencia deben terminar por aceptar trabajos que en el mejor de los casos están por debajo de su preparación y capacidad. Son impresionantes las cifras sobre los desempleados que están en esa condición a pesar de contar con el grado de licenciatura: 64.06%, de acuerdo con cifras dadas a conocer hace uno días, lo que representa 35% del total de desempleados en el país. Así, varios se ocuparon como taxistas o vendedores; otros tuvieron que resignarse a carecer de empleo. Igual, el porcentaje de desocupados de acuerdo a escolaridad es de un 35% para los que tienen concluida la secundaria, 30% con enseñanza media superior y superior, 20% con primaria completa y 10 % en caso de que la tengan incompleta.
Asimismo, el problema de la ocupación y el empleo, como sabemos, incide más drásticamente en personas que rebasan los 40 años de edad, ya no digamos cómo afecta a otros que en este rango de edad o incluso con más años han perdido su trabajo.
En opinión de algunos economistas y especialistas en temas laborales, esta grave situación ha sido causada por el cierre de empresas o la caída de inversiones para generar empleos, así como por reajustes e incluso cierres en el campo industrial y comercial para solventar los embates de la crisis.
Es evidente que muchos profesionistas llegan a abaratar su trabajo por la gran oferta que hay en el mercado. Y por si algo faltara, procedentes de Estados Unidos han regresado al país miles de trabajadores agrícolas mexicanos, en la triste condición de desempleados.
Lo más preocupante es que no se advierte una pronta recuperación de la economía; por el contrario, se asegura que será apenas en el 2010 cuando pueda empezar a registrarse una mejoría, por lo que el segundo semestre de este año será verdaderamente nefasto.
Tampoco se advierte una reacción adecuada, con carácter urgentísimo, a partir de un pacto entre el gobierno con el sector privado para amortiguar la gravedad de la situación económica, especialmente en el rubro del empleo. Por ello, de nueva cuenta exigimos, necesitamos, esperamos que sobrevenga un acuerdo para ir generando estos empleos, si no suficientes, por lo menos atenuantes, en tanto las condiciones empiezan a mejorar. Y, como se dice, hoy más que nunca lo requerimos, pues el año entrante puede ser demasiado tarde.
De verdad, es ahora o nunca, porque, si no, ¿cuándo?
No queremos ni pensar que esto se alargue más y sobrevengan verdaderos cataclismos sociales, que nos sumirían a todos en situaciones terribles y, quizá, irreversibles.
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