| ¡TNT en los presidios! |
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Con el correr de los años, esta problemática se ha recrudecido, pues a la falta de una verdadera cultura de la readaptación social se han sumado el crecimiento demográfico y el consecuente hacinamiento en las prisiones, lo que a su vez da lugar a una estadística delictiva cada día más abultada. De ahí que en los años recientes se hayan multiplicado los motines y los zafarranchos con saldos de muertos y heridos, lo que evidencia la ya sabida corrupción y acaparamiento de espacios y servicios o hasta la venta de protección y privilegios inaceptables que, se sabe, son mercancía de fácil adquisición para los grandes hampones en esas cárceles. Me refiero a quienes en esos sitios todo lo pueden, a diferencia de los presos comunes, que carecen de los servicios más elementales. Ya lo vimos de nueva cuenta con la escandalosa fuga de más de 50 reos de alta peligrosidad en Cieneguillas o en el más reciente y cruento motín de Fresnillo, que parecen dar muestra de la ineptitud, negligencia y corrupción que se registra dentro del gobierno de Zacatecas. La verdad es que prevalece todo un caos en el manejo penitenciario, que no sólo carece de una elemental planeación junto con una acción de gobierno sistematizada, sino que sufre la improvisación de obras, las presiones coyunturales de tipo presupuestal y las inercias administrativas. El propio diseño de las cárceles es completamente anacrónico, pues se han concebido como galerones con dormitorios, sin áreas bien delimitadas, lo mismo para recibir visitas familiares que como de talleres de capacitación. Si a esto se suma la sobrepoblación, el resultado es explosivo, como si fueran barriles colmados de TNT. Por otro lado, no hay una clasificación adecuada de los presos de acuerdo con el tipo y gravedad de los delitos que hayan cometido, ni se considera su mayor o menor peligrosidad. A tal grado han quedado las prisiones en manos de los más notorios delincuentes, que en nuestros días se ha vuelto un fenómeno tan cotidiano como preocupante el secuestro planeado por reos desde dentro de los reclusorios, con eficientes redes en el exterior para operar y actuar impunemente (por cierto, con apoyo de bien armadas redes de teléfonos celulares, mismos que supuestamente están prohibidos en los reclusorios, pero en la realidad abundan en esos lugares). Y qué decir de las consabidas mafias internas formadas por autoridades policiacas y vigilantes para manejar la entrada de droga y así obtener fuertes sumas de dinero a costa de la explotación de los presos y sus familiares. Tan desolador es el panorama, que la única posible solución sería tomar el toro por los cuernos y promover la revisión urgente del sistema carcelario, que abarca una serie de aspectos que van desde garantizar la infraestructura necesaria u otorgar mayores salarios al personal administrativo y de vigilancia, hasta promover reformas de índole judicial y crear la oportunidad de empleos para quienes han cumplido su sentencia. Bien sabemos de los rezagos y tardanzas de juicios y sentencias, así como de la corrupción tan arraigada en los ministerios públicos y juzgados, ya no digamos los miles de casos de personas detenidas por delitos menores, quienes no pueden gestionar su libertad por falta de recursos para contratar los servicios profesionales de un abogado defensor y, menos aún, para el pago de una fianza. México necesita un cambio integral y una de sus grandes asignaturas pendientes está en el ámbito de la justicia, con todas sus implicaciones sociales, económicas, laborales y educativas.
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