| Enfriados |
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Sí hablamos del primero, habría que decir que desde hace muchos años no se presentaba este fenómeno de frentes fríos sucesivos de tal intensidad. Esto ha dado lugar a fuertes nevadas, sobre todo en el norte del país, pero también se ha sentido el rigor climático en la región centro e incluso en plena ciudad de México, aunque el hielo, como es habitual en estos tiempos, ha aparecido en las inmediaciones del Ajusco y otras grandes promontorios, como el volcán Popocatépetl. En estas ocasiones se hace evidente que no estamos preparados para tales inclemencias: no tenemos instalaciones ni vestimenta adecuados para un clima tan frío, menos todavía poseemos hábitos para contrarrestarlo con eficacia. Lo peor es que el frío cobra víctimas entre la población más vulnerable, como ocurre en las zonas donde las bajas temperaturas se combinan con la indigencia. En algunas regiones descendieron tanto las cifras del termómetro que incluso fue necesario suspender las clases para proteger a los niños. Pero también ha sido preciso tomar medidas de precaución para la población en general porque un invierno tan crudo incide en la proliferación de enfermedades respiratorias, incluida la peligrosa influenza AH1N1. Claro que también hay quienes, bien abrigados, disfrutan estos días gélidos y se divierten jugando en la nieve. Pero, como decía al principio, hay otros fríos, incluso más intensos, que nos tienen entumidos. Me refiero a que nuestra economía todavía no calienta motores y, por ende, mantiene un tanto congeladas las actividades productivas, a excepción del turismo en las playas, que al parecer fue de las áreas más rentables en esta coyuntura invernal. Y si a esto agregamos la cascada de aumentos en los impuestos e incrementos de diversos bienes y servicios, nos inmovilizamos en mayor grado, aunque deseamos que esta etapa dure el plazo más corto posible y revierta el pasmo y la caída de nuestra expectativa de mejoría económica. Asimismo, hablaría yo de un enorme témpano que nos agobia en el ámbito social porque aun cuando se nos ha insistido de manera machacona en que hemos dejado atrás la crisis y se inicia ya la recuperación, es evidente, por ejemplo, que no hay empleos suficientes, que el poder adquisitivo disminuye y que tenemos un elevado número de hogares con una economía de subsistencia. Circula, pues, cierto frío desánimo por el presente, una gran preocupación por el destino de la nuevas generaciones y, desde luego, una significativa dosis de desesperanza respecto al devenir de nuestra patria. Un frío invernal que nos asalta en materia ambiental, económica y social, pero que a la vez nos obliga a luchar, a prepararnos y a encontrar caminos alternos para ir transformando esas heladas realidades en una primavera con un clima más benigno, bienestar individual, prosperidad común y felicidad social.
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