| El 2010 va |
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En primer término, esos aniversarios nos permiten recordar los resultados positivos de aquellos importantes movimientos sociales en la historia de México; mencionaré algunos, pues difícilmente puede hacerse una valoración vasta y bien documentada en el breve espacio de este artículo semanal. De entrada diría que si bien algunos indicadores económicos y sociales muestran todavía realidades lamentables, las cosas eran mucho más injustas y desiguales hace doscientos años, e incluso hace cien. Ahora contamos con una diversidad de instituciones en los campos de la salud y de la educación, por mencionar dos ámbitos que muestran logros importantes en nuestra historia contemporánea. En efecto, si aludimos al analfabetismo o al número de escuelas, los datos son más alentadores hoy en día que en el pasado. Lo mismo ocurre con respecto a la salud gracias a la infraestructura de que se dispone hoy y la cobertura de atención médica que se alcanzó a lo largo del siglo XX. Podríamos también agregar que hemos mantenido, en general, la estabilidad y la paz, aun cuando a últimas fechas se ha acrecentado la inseguridad en el marco del combate a los carteles del narcotráfico. Asimismo, hemos avanzado en el plano de las libertades, la democracia y la creación de centros educativos de enseñanza media y superior. Y qué decir de los avances de la mujer en la defensa de sus derechos y la equidad de género en prácticamente todas las actividades y esferas de la vida social, económica, deportiva, cultural, empresarial y científica, entre otras. Ahora bien, es justo apuntar, a la par, que la lista de saldos negativos es amplia y preocupante. Para empezar, es imposible soslayar el porcentaje abrumador de mexicanos que viven en la pobreza, peor aún cuando se trata de pobreza extrema. Otro indicador negativo es, sin duda, el desempleo, que afecta de manera alarmante a la población de jóvenes, quienes, para colmo, no encuentran espacios suficientes en nuestras universidades públicas y ven así cancelados sus deseos de prepararse académicamente. Imposible ignorar, asimismo, el problema de la violencia que padecemos en la mencionada confrontación con la delincuencia organizada. En fin, se trata de situaciones indeseables que se aprecian en diversos rubros y que ya no deberían existir en nuestros días. Algunas son producto de rezagos que no se han superado a pesar de la centuria transcurrida desde el inicio de la lucha revolucionaria. Otras son situaciones nuevas, derivadas del consumismo, la mala información y los hábitos inadecuados, como ocurre con el alto índice de obesidad entre niños, jóvenes y adultos, que ya nos sitúa entre los primeros lugares del mundo con ese grave problema de salud pública. Por otra parte, si bien es cierto que no hay lugar en el planeta que no tenga fuertes problemas o amenazantes retos, pensemos en México justamente en estas conmemoraciones del 2010 con un sentido crítico, profundo y veraz, de tal manera que tratemos de iniciar una nueva década conscientes de la dimensión y gravedad de las realidades actuales de signo negativo. Busquemos juntos esas alternativas de acción individual y colectiva. Y, por igual, revisemos los más importantes logros que se han registrado en nuestro horizonte, no sólo para analizar cómo se hicieron realidad, sino como un aliciente para convencernos de que podemos ir por más y construir cada día una mejor nación para todas y todos.
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