| DENTRO Y FUERA DEL FUTBOL |
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Así que podemos decir, para comenzar, que se trata de una competencia deportiva con dimensión planetaria, que implica diversas aportaciones y realidades. Habría que reconocer, además, que es un bálsamo que aminora nuestros desasosiegos, nos distrae y nos aporta emociones, aunque debemos cuidar que no se convierta en un adormecedor opiáceo frente a tantos problemas y retos que tiene la humanidad, los cuales no debemos desatender. Tenemos que admitir, sin embargo, que se trata de una gran jornada deportiva —además de comercial, política y otros atributos– que implica esfuerzo, energía, deseo de triunfo, trabajo de equipo, disciplina y creatividad. Así, ante la problemática de las guerras, la violencia y las drogas, el mensaje esencial del futbol es de fraternidad entre los pueblos, así sea de lo más encarnizada la competencia por ocupar los primeros sitios, ya no digamos para ganar la Copa Mundial. A la vez, resulta evidente la intensa comercialización que acompaña a este acontecimiento deportivo y que bombardea al espectador a toda hora para invitarlo a consumir gran diversidad de productos, incluso, en algunos casos, varios que son nocivos para la salud. Sobre todo en nuestro caso, pues en México, con los índices preocupantes de obesidad y diabetes que padecemos, lo que menos nos hace falta es consumir refrescos, dulces, pastelillos, frituras y bebidas alcohólicas, que se anuncian junto con los objetos propios del Mundial, como camisetas, balones, chamarras, tazas, entre otros. Otra crítica recurrente es la distracción social que implica en los diferentes espacios de la vida cívica y política. O sea, el consabido Pan y circo aunque cada vez con más distracción y menos sustento. En efecto, pareciera que con la emoción del futbol nos olvidamos del alarmante índice pobres que hay en nuestro país, quienes además de disfrutar del espectáculo –y, ¿por qué no?, gozar con los logros de la Selección Nacional–, requieren con urgencia satisfacer sus necesidades básicas más inmediatas. Asimismo, obnubilados por los goles hemos hecho a un lado la preocupación por los estragos que en materia ambiental se producen día a día a causa de la irresponsabilidad y las ambiciones desbordadas de consorcios que anteponen sus inmensas ganancias a la preservación de la vida en el orbe. Por eso, ojalá la fiesta del futbol induzca en las visiones del futuro con mensajes y acciones que redunden no sólo en lo deportivo, sino también a favor de las mejores causas de la humanidad. Es decir, estamos a favor de meter más y mejores goles, reales y simbólicos. Pero, eso sí, en buena lid y con espíritu de verdad deportivo, pues el ser humano no debe, en ninguna circunstancia, estar enfrentado con el hombre mismo. Visto así, uno de los grandes logros de este Mundial es que lo haya organizado Sudáfrica –el primer país del continente africano que es sede de esta competencia futbolística—, nación que puede llamarse así plenamente luego de un largo y difícil proceso para suprimir la discriminación producto del nefasto apartheid. Ese es el ejemplo que debemos tomar y seguir en México: superar nuestras las lacras y rezagos para estar en condiciones de ir hacia el futuro, construyendo logros sólidos y perdurables.
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