| Con olor a podredumbre |
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Apenas nos estamos reponiendo de un acontecimiento trepidante cuando llega otro con igual o mayor impacto, que casi diluye al anterior o a veces se mezcla con él en un amasijo que lo mismo sirve para alimentar el morbo que para ahondar el desencanto ciudadano. A veces llegamos a tener algún antecedente o aproximación, pero en otros casos las notas sensacionalistas aparecen o reaparecen con abundancia de datos, hechos pormenorizados y precisiones que nos asombran e inquietan. Así, por ejemplo, tan solo en la semana más reciente se eslabonaron dos noticias que acapararon nuestra atención tanto en los periódicos como en la radio y la televisión: el libro Derecho de réplica de Carlos Ahumada y las declaraciones del ex presidente Miguel de la Madrid en entrevista con Carmen Aristegui, en las que reconoce que se equivocó al elegir a su sucesor, Carlos Salinas de Gortari, a quien acusa de fomentar la corrupción. Ambos acontecimientos periodísticos vinieron a desplazar la atención que teníamos sobre la tan temida epidemia de la influenza, que nos tuvo en alerta durante más de medio mes. Y no es para menos, pues cada una de las revelaciones recientes nos deja a todas y todos verdaderamente pasmados. Sí nos refiriésemos, en orden de aparición, primero al libro del empresario argentino, diría que la obra se nos cae de las manos, no porque nos parezca poco interesante, sino porque página tras página revela la profunda y decepcionante corrupción perredista que se registró durante el periodo de Andrés Manuel López Obrador en el gobierno capitalino. No sólo ahonda en los personajes que ya habíamos conocido por los tremebundos videos que se trasmitieron en su momento, sino que se da vuelo para ofrecernos pormenores de las prácticas ilegales de los funcionarios tanto de las delegaciones políticas como del gobierno central de aquella época, nada lejana, por cierto. Y también porque la lista de los corruptos, según las devastadoras versiones de Carlos Ahumada, se amplia a otros personajes y sucesos que no conocíamos o que sólo circulaban en la rumorología política o en una que otra columna periodística. Claro que no se hicieron esperar las reacciones de diversos personajes que aparecen en el ahora famoso libro, quienes, por supuesto, niegan los hechos que ahí se exhiben. Sin embargo, ha llamado mucho la atención que, por lo menos hasta el momento, nadie haya presentado demanda alguna contra Carlos Ahumada por difamación, lo que pareciera confirmar que lo que se cuenta en Derecho de réplica es verdadero o bien que el miedo es muy grande entre los implicados y suponen que el autor tiene más documentos y pruebas –varios ases bajo la manga– que podría dar a conocer. Por ejemplo, López Obrador se limitó a decir que lo dicho por Ahumada comprueba que hubo un complot en su contra para evitar su llegada a la Presidencia del país. Pero olvida que, con todo y lo cuestionable del proceder del empresario, lo que muestran los videos realmente ocurrió; es decir, lo único que éste hizo fue poner una cámara fija para grabar a personas muy cercanas al entonces jefe de Gobierno involucradas en graves actos de deshonestidad. En esas estábamos cuando llegó otra descarga noticiosa, como si se tratara de un shock paralizante: las declaraciones del ex presidente Miguel de la Madrid en las que habla de la inmoralidad y corrupción de su sucesor Carlos Salinas de Gortari y de su complicidad con la conducta delictiva de sus hermanos, probablemente relacionados con el narcotráfico. La noticia fue estruendosa por provenir nada menos que de quien fue el principal impulsor de Salinas –de hecho, quien lo seleccionó por medio del clásico dedazo– para que ocupara la Presidencia de la República en el sexenio 1988-1994. En este caso, como en el anterior, también vinieron los desmentidos, pero ahora el argumento fue que De la Madrid es un sujeto incapacitado por la demencia senil. El propio ex presidente, seguramente presionado, en un penoso episodio más para documentar el ínfimo nivel de política mexicana, aceptó difundir un comunicado en el que afirma que sus respuestas en la entrevista “carecen de validez y exactitud”, pues se reconoce incapaz de “procesar adecuadamente diálogos o cuestionamientos”. Sin embargo, en la entrevista el ex presidente se escucha, ciertamente con voz débil, pero dueño de sus opiniones, que expresa de manera lúcida y contundente. Si acaso, sólo habría que considerar si fue correcto difundir la entrevista por radio en vista de que el acuerdo inicial era que las opiniones del ex mandatario formarían parte de un libro, aunque en última instancia se hubiera tratado igualmente de un medio de divulgación hacia el público. Lo que es evidente y viene a ratificar la opinión de millones de mexicanos es la turbia actuación del propio Carlos Salinas durante su gestión presidencial y quizá también de otros que trabajaron cerca de él. Estoy segura, por tanto, que ya vienen en camino, no uno, sino más libros, entrevistas, documentos y revelaciones en general que caerán como verdaderas bombas, y que a fin de cuentas nos seguirán mostrando la descomposición de la política y la impunidad de los gobernantes de uno y otro signo partidista, se trate del PRI, el PAN o el PRD. Ya empieza a hablarse otra vez de Roberto Madrazo, quien también acaba de publicar un libro, aunque mucho menos estentóreo, o del senador zacatecano –ahora con licencia temporal-- Ricardo Monreal, que en su pugna con la gobernadora perredista Amalia García no tiene empacho en desacreditar al partido que lo acogió y lo llevó al poder ejecutivo de su estado. Por eso, hoy más que nunca la sociedad civil tiene la palabra, pero también la capacidad para actuar, y no sólo para emitir su voto en las próximas elecciones de julio o en las presidenciales del 2012, sino sobre todo para desenmascarar a los falsos profetas y a los delincuentes de la política. También para ir más a fondo y transformar las estructuras, las instituciones, a fin de que nos permitan ser una nación diferente. Nos urge, para bien nuestro y de las nuevas generaciones, que se merecen un México a salvo de las lacras de la partidocracia con sus administraciones de nauseabunda corrupción e impunidad.
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