| Ambivalencia del año nuevo |
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Sin embargo, en algunas regiones del país tradicionalmente generadoras de riqueza ya se sienten los efectos negativos de la inseguridad prevaleciente. A tal grado ocurre esto, que muchos empresarios, temerosos de la crecente actividad de la delincuencia organizada, se han mudado a Estados Unidos tras cerrar fábricas, tiendas o empresas de servicios. Tal situación nos remite inevitablemente a las condiciones imperantes en materia de seguridad y la lucha contra el crimen, que tan sólo por lo que se refiere a los primeros días del presente año, nos ofrece un saldo muy desfavorable. Apenas había transcurrido la primera quincena del 2011 cuando las estadísticas nos arrojaron cifra que no podía ser más alarmante: ¡500 muertes! violentas en tan solo dos semanas, lo que sienta un récord de violencia en una temporada de inicio de año. Peor aún, si además se advierte que entre las víctimas se cuentan tres alcaldes. Una vez más constatamos que las entidades con mayor índice de violencia y homicidios son Chihuahua, Guerrero y Sinaloa, sin que queden fuera de estas preocupantes estadísticas Durango, Nuevo León o Jalisco, y hasta la llamada zona metropolitana del valle de México –es decir, el Distrito Federal y la región conurbada con el Estado de México–, que registra también incrementos graves en cuanto a delitos y violencia. Asimismo, se han incorporado a la lista otras ciudades que hasta hace poco permanecían ajenas a estas tristes estadísticas, como Jalapa o Tepic. Pero en general los datos son alarmantes a la vista del incremento entre un año y otro, ya que en el mismo periodo de 2010 fueron poco más de 400 las muertes en estas circunstancias. Y qué decir del lapso de 2007 a 2009, cuando no rebasaron más de 200 pérdidas de vidas en los primeros 15 días del año dentro del marco del combate al narcotráfico. Ya el presidente Felipe Calderón nos había anticipado que la lucha contra la delincuencia organizada continuaría, y si bien estamos de acuerdo con su decisión, esperamos que este año se afinen las estrategias, sobre todo en cuanto a la investigación, la inteligencia potencial, la coordinación entre todos los cuerpos de seguridad pública o el lavado de dinero y la aplicación de los recursos que obtienen ilícitamente estas bandas delincuenciales. Es impostergable, prioritario y urgente actuar de manera coordinada en estos y otros rubros para lograr más golpes y detenciones en el mundo del crimen, con el menor saldo posible de muertes. Hay que proteger a quienes combaten a los delincuentes, pero, sobre todo, es necesario mantener al margen de la violencia de esta guerra a los ciudadanos inocentes, pues hasta ahora se ha pagado un costo demasiado elevado por parte de la población civil, lo que resulta más doloroso aún debido a la frecuencia con la que se producen víctimas inocentes entre los niños y los jóvenes.
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